Guerra en Irán, mes 1: sin metas cumplidas, pero con precios y desesperación al alza
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Guerra en Irán, mes 1: sin metas cumplidas, pero con precios y desesperación al alza

EEUU e Israel han causado daños a la estructura del régimen y a su defensa, pero los ayatolás no caen, mientras los países de todo Oriente Medio están amenazados por sus réplicas. Hoy se pelea por abrir Ormuz, que estaba ya abierto el 28 de febrero. 

Una mujer se sienta frente a su apartamento, destruido tras un ataque aéreo de EEUU e Israel, el 12 de marzo de 2026, en Teherán (Irán).Alaa Al Marjani / Reuters

La guerra lo ha cambiado todo y no ha cambiado nada. Este sábado se cumple el primer mes del ataque coordinado de Estados Unidos e Israel contra Irán y el mundo está en vilo, angustiado ante las escasas posibilidades de que el alto el fuego llegue pronto. La contienda se ha extendido por Oriente Medio y los precios de la energía se disparan, entre ataques a instalaciones estratégicas y el cierre del estrecho de Ormuz, pero aquellos objetivos que se declaraban en caliente, esos no se cumplen: no cae el régimen de los ayatolás, no entrega su uranio enriquecido, no cede en su producción de misiles, no da libertades a su pueblo, no se niega a financiar a grupos afines en la región. 

Pasados 30 días, estamos ante una clara guerra de elección, iniciada por voluntad propia de Washington y Tel Aviv, sin detonante previo: no se han aportado pruebas de que Teherán estuviera a punto de lograr una bomba atómica y se ha descartado que sus misiles tengan alcance para tocar suelo norteamericano. No había amenaza existencial, como hasta las inteligencias occidentales han declarado. Y aquí estamos, contando muertos, listando daños y rogando, ahora, por que se abra un estrecho que aquel 28 de febrero estaba bien abierto, viendo pasar cargueros y petroleros. 

Las consecuencias humanas

El sábado de hace cuatro semanas, EEUU e Israel atacaron al país persa, cuando apenas 24 horas antes las delegaciones de Washington y Teherán habían estado negociando en Ginebra (Suiza). El mediador, Omán, había emplazado a nuevas reuniones a la semana entrante, porque el ambiente estaba siendo "positivo". Era la segunda vez que la Casa Blanca engañaba a la República Islámica con el teatro del diálogo, como pasó en la Guerra de los 12 Días del verano pasado, iniciada cuando aún estaba en vigor el plazo dado a Teherán para buscar salidas por la vía diplomática. 

En la primera jornada de la operación "Furia Épica", como la ha llamado el Pentágono, o "León Rugiente", como la denominan las Fuerzas de Defensa de Israel, se logró uno de los retos principales: descabezar al régimen. Con las horas, se supo que el líder supremo Ali Jamenei había sido asesinado en un ataque al complejo en el que se protegía con buena parte de su familia y equipo. 

Pero también llegaron noticias de las primeras víctimas civiles, inocentes, como las 168 asesinadas en la escuela primaria Shajareh Tayebeh en Minab, en su mayoría menores de edad. Según diversos informes, los investigadores estadounidenses creen que sus fuerzas son las responsables. Desde entonces, 600 escuelas e instalaciones educativas en todo Irán han sido alcanzadas, lo que ha causado la muerte de más de 230 estudiantes y profesores, según Naciones Unidas, que habla de posible crimen de guerra

Se calcula, al cierre de esta edición, que más de 1.900 personas han muerto en Irán desde el inicio de las hostilidades directas con fuerzas externas. Hay cerca de 20.000 heridos ya. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que se puede llegar a los 3,2 millones de desplazados en el país a causa de los combates, por ahora la mayoría de ellos, internos. 

Humo y llamas se elevan tras un ataque aéreo en la noche del 7 de marzo de 2026 en Teherán (Irán).Majid Saeedi / Getty Images

La respuesta de Irán a intereses de EEUU en la zona, a Israel y a otros países aliados de Washington ha causado hasta ahora la muerte a 13 soldados norteamericanos, a lo que se suman 18 muertos en suelo israelí por misiles iraníes y proyectiles de Hezbolá (el partido-milicia libanés, aliado de Teherán, que se ha sumado a la contienda). A ellos hay que sumarle cuatro mujeres que murieron en el territorio palestino de Cisjordania por un misil de racimo israelí, en mitad del toma y daca. 

Hezbolá, como decíamos, un brazo armado y entrenado y financiado históricamente por los ayatolás, decidió atacar Israel en las primeras horas de conflicto y, desde entonces, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ha cargado contra Líbano, ocupando el sur incluso por tierra. La ONU constata que hay más de un millón de desplazados en el país y se calcula, según el Ministerio de Salud de Beirut, que los ataques han dejado ya 1.116 víctimas mortales, entre ellos 121 niños.

Irán, por su parte, ha golpeado en países como Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak, además de Israel. Aunque no existe un balance total oficial de las víctimas, se estima que unas 25 personas han perdido la vida en Emiratos, Kuwait, Qatar, Baréin y Arabia en ataques similares lanzados por la Guardia Revolucionaria iraní durante las últimas cuatro semanas. Esos países componen, junto con Omán, la alianza económica y política del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), rica en petróleo y gas. Son todos aliados próximos de Washington y en algunos de ellos, los de Donald Trump mantienen sus más importantes bases militares en Oriente Medio.

A la pérdida de vidas y las mutilaciones se añaden los problemas de vivienda, higiene y alimentación de las poblaciones, especialmente hondos en suelo libanés y crecientes en zonas muy pobladas de Irán como la capital, Teherán (nueve millones de ciudadanos de los 90 casi que tiene el país). La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la ONU informa de que los civiles sufren interrupciones en el suministro eléctrico y escasez de medicamentos, leche de fórmula para bebés y combustible. "Las hostilidades están debilitando los pilares de la vida civil", resume el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Irán tampoco es que facilite la vida de los suyos, como llevan haciendo los religiosos desde que llegaron al poder, en 1979: la ONU verifica que el régimen ha continuado su represión contra la ciudadanía, con presos políticos que enfrentan condiciones más duras, detenciones de críticos y restricciones al acceso a internet. Su brutalidad podría haber dejado ya hasta 30.000 muertos, según las peores estimaciones. 

La inflación en Irán se encuentra en sus niveles más altos desde la Segunda Guerra Mundial, lo que agrava la crisis del costo de vida que desencadenó las protestas previas a la guerra y hace que los alimentos básicos sean inaccesibles para muchos. El Gobierno iraní aumentó el salario mínimo en un 60%, el pasado 20 de marzo, en respuesta.

La madre de un paramédico muerto en un ataque de Israel llora sobre su cuerpo en Nabatieh (Líbano), el 25 de marzo de 2026.Yara Nardi / REUTERS

La profundidad de la andanada

Israel ha informado esta semana de que, por sí solo, ha lanzado 15.000 bombas sobre Irán desde el 28 de febrero, cuatro veces más que durante la guerra junio del año pasado. En conjunto, los bombardeos estadounidenses e israelíes en Teherán y otras partes del país han causado daños masivos a la población civil, de los que Tel Aviv no da cuenta. Defiende que trata de actuar de forma "quirúrgica" y que las autoridades usan a los ciudadanos como escudos humanos, colocando sus centros de mando o silos en ubicaciones inocentes. 

Se felicita, además, de haber destruido o inutilizado alrededor de 330 de los aproximadamente 470 lanzadores móviles de misiles de Irán. Alrededor de la mitad de esos lanzadores fueron destruidos en ataques, y la otra mitad quedó inutilizada después de que Israel atacara las entradas de los túneles que conducen a las instalaciones subterráneas donde se mantienen ocultos los lanzadores antes de emerger para un ataque. Israel estimó que Irán poseía hasta 2.500 misiles balísticos antes de la guerra.

El jefe del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), el almirante Brad Cooper, informó también esta semana nque las fuerzas estadounidenses atacaron más de 10.000 objetivos militares en Irán desde el inicio del conflicto. No habla de los civiles. Los bombardeos dañaron o destruyeron más de dos tercios de las instalaciones iraníes dedicadas a la producción de misiles, drones y armamento naval, expuso. La tasa de lanzamiento de drones y misiles de Irán se ha reducido en más del 90%, ahonda. El alto mando sostuvo que también resultaron afectadas partes "significativas" de los astilleros del país.

Cooper garantizó que las operaciones redujeron de forma considerable la capacidad militar de Irán en varios frentes estratégicos, aunque evitó brindar detalles específicos sobre la localización de los ataques o el estado actual de las fuerzas iraníes. Tampoco precisó cuánto tiempo podría prolongarse el conflicto.

  Una explosión tras un ataque a una instalación iraní en Haji Abad, (Irán), en un vídeo publicado por el Comando Central de EEUU el 20 de marzo de 2026.CENTCOM via REUTERS

La Sociedad de la Media Luna Roja Iraní (SMRI), sin embargo, levantó el dedo a los agresores, declando que los ataques estadounidenses e israelíes en Irán han tenido como objetivo más de 85.000 lugares civiles, incluyendo escuelas, hospitales, monumentos históricos y medios de comunicación. Más de 40.000 edificios civiles, incluidas 10.000 viviendas en Irán, resultaron dañados en los ataques aéreos durante las dos primeras semanas de la guerra, según informó la ONG, que añadió haber recibido 70.000 llamadas de personas que solicitaban "apoyo, orientación y asesoramiento en materia de salud mental". 

Hay 300 centros médicos entre ellos, además. Y ha habido casos menos mediáticos pero confirmados por prensa internacional como un ataque a un polideportivo en Lamerd, que dejó 20 muertos, la mayoría adolescentes. 

Sitios históricos como el Palacio de Golestán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el antiguo Gran Bazar de Teherán o toda la ciudad de Isfahán, así como tiendas y cafés de todo el país, también sufrieron daños considerables durante la primera semana de bombardeos, sobre todo. Y también se está reportando un daño ambiental: en Teherán, se ha informado de nubes negras, aguaceros contaminados con sustancias tóxicas tras el bombardeo de depósitos de combustible cerca de la capital. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que los impactos ambientales de los ataques a la infraestructura petrolera podrían tener graves consecuencias para la salud de niños, ancianos y personas con afecciones médicas preexistentes. 

Los bombardeos conjuntos estadounidenses-israelíes suelen describirse como ataques de "doble impacto", en los que una segunda ronda de ataques sigue a la primera, dirigida deliberadamente contra misiones de rescate, denuncian las agencias locales. 

Los ataques contra civiles, en particular contra equipos médicos y rescatistas, constituyen una violación del derecho humanitario y podrían considerarse crímenes de guerra. No obstante, tanto EEUU como Israel defienden que lo que están haciendo es atacar instalaciones defensivas.

El impacto económico

Lo que empezó como una escalada en los precios de la energía en los primeros días de la guerra, que se esperaba como transitoria, ya se ha transformado en una economía desacelerada que se enfrenta cada vez más a presiones inflacionarias más altas. Europa no se escapa, claro. España, este viernes, informó de la subida de un punto en los precios en el último mes, situando la inflación en el 3,3%

Mientras el Brent ronda los 110 dólares por barril -tras un salto cercano al 50% que lo puso hace una semana en los 115, desde los 65 dólares de partida-, los derivados como el diésel, la gasolina o el jet fuel se negocian con primas mucho más elevadas, impulsadas por la escasez de oferta y las dificultades logísticas generadas por el conflicto. El combustible para aviones, por ejemplo, ya supera los 200 dólares por barril, obligando a aerolíneas europeas a anticipar subas de tarifas y recortes de operaciones.

En paralelo, el transporte marítimo y terrestre comienza a trasladar el impacto a sus costos. Las navieras ya aplican recargos por combustible, mientras que empresas logísticas advierten que el gasoil representa hasta el 30% de sus estructuras de costos. La consecuencia es inmediata: el encarecimiento de la energía se filtra en toda la cadena económica, desde la producción hasta el consumo. Y, aunque la guerra termine ya, el precio del combustible seguirá alto porque las empresas acumularán reservas.

El principal factor detrás de este desajuste es el bloqueo casi total del estrecho de Ormuz, un paso clave por donde circula una porción significativa del petróleo mundial, hasta el 20%. La interrupción del tránsito y los ataques a infraestructura energética en la región han generado un shock de oferta sin precedentes en décadas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) sólo puede comparar la situación con la de los años 70 del pasado siglo, pero sus implicaciones fueron aún menores. 

Los analistas avisan de que ira a peor: los buques que hace un mes salieron de la zona de Ormuz cargados sin problemas están ya llegando a destino, por lo que ahora empieza lo peor, ante la imposibilidad de volver a la zona a por más por cuestiones de seguridad. Cuando ese fue ya se haya integrado en los mercados, veremos. 

¿Hasta cuánto se puede aguantar?

Pese al triunfalismo de Washington y Tel Aviv, las fuentes independientes sostienen que Irán no ha sufrido aún un daño tan grande como para sacar la bandera blanca, como demuestra el hecho de que los misiles de Teherán siguen volando cada día.

Según analistas militares y exoficiales estadounidenses consultados por el diario The Wall Street Journal, Irán ha optado por disparar desde zonas más profundas de su territorio con misiles de mayor alcance, tras los ataques aéreos al inicio de la guerra que causaron graves destrozos a las bases iraníes y a los lanzadores de camiones cerca de la costa del golfo Pérsico. Los clérigos disparan ahora muchos menos misiles -alrededor de una docena al día-, pero los ha dirigido contra objetivos menos defendidos en Israel y los estados árabes del Golfo, causando mayores daños en algunos casos.

Incluso en pequeñas cantidades, estas armas han ayudado a Teherán a lograr sus objetivos, que son fundamentalmente tres: prolongar el conflicto, aumentar los costos económicos para los países exportadores de petróleo del Golfo y para Estados Unidos, y sobrevivir para seguir luchando. Con hacer algo de daño y mantener el conflicto vivo les vale, porque contradicen el triunfalismo inicial de sus atacantes, que pensaron que esto sería otra Venezuela. Y no. 

"La resistencia de los sistemas de misiles iraníes a los bombardeos sostenidos estadounidenses e israelíes plantea la posibilidad de que un objetivo clave de la guerra -impedir que Teherán amenace a Oriente Medio con misiles y drones- quede sin cumplirse, mientras el presidente Trump busca un rápido fin de la guerra en las próximas semanas", expone el diario. 

Los Ejércitos de Estados Unidos e Israel afirmaron estar neutralizando metódicamente la capacidad misilística de Irán. Aviones de guerra estadounidenses e israelíes han perseguido los lanzadores móviles de misiles iraníes y sobrevolado decenas de bases subterráneas, atacando cuando los vehículos emergían para disparar. Oleadas de bombarderos pesados han lanzado municiones sobre las instalaciones, sepultando las armas iraníes en algunos lugares. Como resultado, Irán ya no parece capaz de lanzar cientos de misiles y drones como lo hacía en la primera semana de la guerra. Sus instalaciones de producción de misiles han sido diezmadas, lo que dificulta enormemente la reconstrucción de sus otrora formidable arsenal.

Hay imágenes satelitales que sustentan esa información, en las que se ve, por ejemplo, la zona de Yazd, donde hay un importante silo de misiles, pero por la misma vía se aprecia que hay personal iraní moviéndose por allí horas después del ataque con munición pesada, o sea, que no todo lo han perdido. El riesgo al que se expone el dúo de amigos no es sólo no poder vender una victoria total sino afrontar, más temprano que tarde, que Irán se levantará de nuevo sobre los restos que queden. Y otra vez estarán en las mismas.

Sin olvidar el daño de estos días: Irán está atacando sobre zonas que sabe menos protegidas por la Cúpula de Hierro, en Israel, y la semana pasada logró llegar incluso a Dinoma, en el centro, esa ciudad entre desiertos donde se supone que se guarda el arsenal nuclear de un país que dice que no lo tiene. 

Misiles iraníes se exhiben en el Museo de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en Teherán, el 12 de noviembre de 2025.Majid Asgaripour / WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

Las alertas sobre la bajada en los recursos, tras un mes quemando cartuchos, no es sólo para Irán. Esta semana se ha conocido un informe del Royal United Services Institute (Instituto Real de Servicios Unidos, RUSI, por sus siglas en inglés) que desvela que a EEUU le queda un mes de munición potente, día arriba, día abajo. Se enfrenta a una escasez de armamento ofensivo y defensivo esencial, según revela el inventario de este centro londinense, de referencia.

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, amenazó el miércoles con que Trump "desataría el infierno" si Irán no accedía a sus condiciones de paz... pero a lo mejor queda todo en purgatorio: dice el RUSI que EEUU se vería obligado a recurrir al uso de las llamadas "bombas no contundentes" si la guerra se alarga. Calcula que en los primeros 16 días de ataques EEUU y sus aliados consumieron más de 11.000 municiones, con un coste de 26.000 millones de dólares. Eso supone que, como máximo, está a un mes de quedarse sin algunas de sus armas más importantes, como los sistemas de defensa aérea THAAD y los misiles de ataque terrestre ATACMS y PrSM.

El dossier va al detalle: el Ejército norteamericano disparó en ese periodo 198 sistemas THAAD, el único capaz de interceptar ataques tanto dentro como fuera de la atmósfera. Esto se suma a los 431 misiles tierra-aire SM-2, SM-3 y SM-6 de la Armada estadounidense y a los 402 misiles Patriot que también se han disparado. Si se extrapolan los datos a lo gastado en el resto del mes, la señal de alarma salta. "Estados Unidos puede continuar la lucha sin esas municiones. Sin embargo, esto implica exponer a sus fuerzas armadas a los ataques iraníes y con drones que encontrarán la manera de penetrar las brechas en su escudo protector", concluyen.

Es una visión avalada la semana pasada por Armin Papperger, director del fabricante alemán de defensa Rheinmetall, quien ya advirtió de que las defensas aéreas en EEUU, Oriente Medio y Europa estaban "prácticamente vacías" como consecuencia de la guerra.

Washington está haciendo lo posible por arrimar dólares a la locomotora. Pete Hegseth, su secretario de Defensa, ha solicitado ya 200.000 millones de dólares adicionales al Congreso para financiar la contienda. Pero lo que se disparó en cuestión de semanas tardará años en reponerse, incluso con dinero sobre la mesa. El informe del RUSI calcula, como muestra, que reabastecerse de los 535 misiles Tomahawk utilizados llevará al menos cinco años. No se puede acelerar la producción de armas complejas, especialmente cuando China controla muchos de los minerales de tierras raras necesarios para restaurar el arsenal estadounidense, avisan los analistas. 

Si el conflicto se prolonga un mes más, "prácticamente no habrá misiles disponibles", añadió. Ni para ese flanco ni para protección propia ni para ceder a Ucrania en su defensa contra la guerra de invasión de Rusia, por añadidura. La vulnerabilidad es general, incluso en el Indo-Pacífico, porque EEUU emplea estas municiones también para mantener a China lejos de Taiwán. ¿Qué disuasión se espera de lo que no se tiene?

Volviendo a Irán, es complicado con estos números apretar en la ofensiva aérea, como amenaza Trump, pero es que también dificulta esa ofensiva terrestre tan extraordinariamente arriesgada que sale a colación cada poco. Enseñar los dientes no ayuda, desde luego, a la desescalada. Y en esas estamos, viendo qué pasa con las negociaciones. 

Un sistema de misiles tácticos del ejército (ATACMS), durante la inauguración de una planta de artillería del fabricante Rheinmetall, en Unterluess (Alemania), el 27 de agosto de 2025.Annegret Hilse / Reuters

¿Qué y cómo se puede negociar? 

Irán no parece ser susceptible al arte de la negociación pero, claro, es que EEUU le está ofreciendo más una claudicación que un acuerdo y, además, su nuevo liderazgo, el hijo de Jamenei, Mojtaba, es él mismo un halcón, rodeado de gente de línea dura. Quien esperaba un liderazgo más templado o flexible, se equivocaba. Violencia llama a violencia y radicales, a radicales

Sobre todo en esta última semana, se han acelerado los comentarios sobre supuestos contactos diplomáticos, en los que a Israel nunca se le cita, básicamente porque no la quiere: su anhelo es borrar todo rastro del programa nuclear de Irán y acabar con sus proxies y eso aún no ha ocurrido.  

Trump está desesperado por difundir la idea de que la República Islámica está dispuesta a poner fin a la guerra, pero la verdad es que no hay ninguna señal pública por parte de Teherán de que esté dispuesta a ayudar a revertir la crisis que él mismo provocó. Sufre, pero resiste, luego le va bien. "Quieren llegar a un acuerdo a toda costa, pero tienen miedo de decirlo porque creen que su propia gente los matará", declaró Trump a los miembros del Congreso el miércoles. "También tienen miedo de que los matemos nosotros", añadió.

Nadie sabe realmente lo que piensa Trump y eso complica el establecimiento de unos puntos de partida mínimos. Lo mismo dice que esta guerra está ganada y es una "excursión" que amenaza con atacar las instalaciones energéticas de Irán y dejarla a ciegas (el ultimátum acaba el 6 de abril y es el tercero que impone) si no se abre Ormuz. Si va con todo, se multiplica el riesgo de cosechar más bajas estadounidenses, esas que prometió que no se verían bajo su mandato, el del presidente de la paz. 

Una guerra prolongada podría empañar el segundo mandato del presidente y su legado, además de las elecciones de mitad de mandato del próximo noviembre. Ahora mismo, no hay encuesta que no evidencie que la población está en contra de esta guerra, por encima del 62% de media. 

Por lo tanto, la necesidad de entablar conversaciones es sumamente urgente. Para todos. La duda es si se ha ido ya demasiado adelante y se ha cruzado un punto de no retorno, en el que todos se ven abocados a mantener posiciones intransigentes por no quedar como los blandos de la película. Irán no ve aún ninguna salida que le compense y por eso mantiene el pulso. Así que el escenario de intensificar la guerra es lo que, a priori, se abre ante Trump. 

Aaron David Miller, exnegociador de paz estadounidense para Medio Oriente, afirma en la CNN que "los iraníes van a exigir un precio que Donald Trump no está dispuesto a pagar, lo que le obliga a emprender una operación de gran envergadura, no solo para abrir los estrechos, sino para mantener abiertos". "Esta guerra que Trump emprendió por elección propia se ha transformado en una guerra por necesidad", concluye. 

Las negociaciones previas a la guerra entre Jared Kushner (yerno del presidente) y Steve Witkoff con Irán fracasaron. Además, sus otras iniciativas en Ucrania y Gaza no han dado resultados significativos ni duraderos. No se puede decir que sean unos grandes conquistadores de paz, ellos dos. Ahora se menciona al vicepresidente JD Vance como posible figura principal si se concretan las conversaciones de paz, tal vez bajo los auspicios de Pakistán o Turquía. Vance, un MAGA convencido que prometía a los jóvenes en los mítines no ponerles más el uniforme a la fuerza, no enterrarlos más bajo la bandera nacional. 

Trump parece más dispuesto que los iraníes a dialogar, lo que refleja, quizás, la presión que sufre un presidente que no preparó a su país para la guerra y que ahora se enfrenta a encuestas que registran una amplia desaprobación pública. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró el miércoles que EEUU había enviado varios mensajes a Teherán, sí, pero no se estaba hablando sobre ellos, lo que sería ya una fase posterior. Es más: a las pocas horas, los 15 puntos de la propuesta norteamericana fueron rechazados. 

¿Pero qué es lo que pide cada una de las partes? Según han publicado diversos medios de EEUU y Oriente Medio, los de Trump planteaban un alto el fuego de un mes, mientras ambas partes negocian. Y propones todo esto, además: 

  • El desmantelamiento de las instalaciones nucleares iraníes en Natanz, Isfahán y Fordow.
  • Un compromiso permanente por parte de Irán de no desarrollar jamás armas nucleares.
  • La entrega de las reservas de uranio ya enriquecido de Irán al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y el compromiso de Irán de permitir que el OIEA supervise todos los elementos de la infraestructura nuclear restante del país. Irán también deberá dejar de enriquecer uranio dentro de su territorio.
  • Limitaciones en el alcance y la cantidad de misiles de Irán.
  • Poner fin al apoyo de Irán a grupos afines en la región.
  • Poner fin a los ataques iraníes contra instalaciones energéticas regionales.
  • La reapertura del estrecho de Ormuz.
  • La eliminación de todas las sanciones impuestas a Irán, junto con la finalización del mecanismo de la ONU que permite la reimposición de sanciones.
  • La prestación de apoyo estadounidense para la generación de electricidad en la central nuclear civil de Bushehr, en Irán.

Según los términos del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), que Irán firmó con otras naciones en 2015, ya se había comprometido a no enriquecer uranio más allá de los niveles para uso civil y estaba sujeto a inspecciones periódicas. Sin embargo, tres años después, Trump retiró unilateralmente a su nación de dicho acuerdo.

La cúpula militar iraní afirma que no puede negociar con EEUU, que ha atacado a Irán en dos ocasiones durante las negociaciones en curso en los últimos dos años. Pero los mediadores entienden que es una postura lógica de venta ante su gente y que puede ser posible sentarse y escuchar lo que tengan que decir. Que es mucho y poco coincidente con lo que plantea la Casa Blanca. El 11 de marzo, el presidente iraní Masoud Pezeshkian expuso las condiciones que Irán exige para poner fin a la guerra. A saber: 

  • "La única manera de poner fin a esta guerra, iniciada por el régimen sionista y Estados Unidos, es reconociendo los derechos legítimos de Irán, el pago de reparaciones y garantías internacionales firmes contra futuras agresiones".
  • Se entiende que Irán también desearía que se levantaran todas las sanciones impuestas en su contra.
  • Además, la cadena estatal iraní Press TV citó a un funcionario iraní que afirmó durante el fin de semana que Teherán busca el cierre de todas las bases militares estadounidenses en la región, así como un nuevo mecanismo legal para controlar el tránsito por el estrecho de Ormuz que formalice su dominio de facto sobre la vía marítima.
Mojtaba Jamenei, líder supremo de Irán, y Donald Trump, presidente de EEUU, en sendas imágenes de archivo.Getty Images

Algunos observadores creen que Irán podría estar dispuesto a dialogar de forma limitada. La cadena estadounidense CNN, citando una fuente iraní anónima, informó el martes que había habido "acercamientos" entre las dos partes en lugar de "negociaciones formales". La fuente añadió que Irán estaba dispuesto a escuchar propuestas "sostenibles" para poner fin al conflicto.

De momento, EEUU ya ha hecho una concesión importante: levantar las sanciones al petróleo iraní que ya se encontraban en alto mar, en un intento por aliviar la crisis energética mundial. Esto habría sido inconcebible antes de la guerra, pero ahora sienta un precedente que podría influir en futuras conversaciones de paz. Sigue siendo muy poco sobre lo que construir un consenso mayor, porque buscaba, sobre todo, el propio beneficio norteamericano. 

Y hay que tener en cuenta el factor Israel: a Netanyahu le va bien el fin del régimen iraní, aunque con el caos interno se puede conformar. Ese escenario es complicado de asumir para Trump, que tiene las presiones domésticas y los precios como sus grandes quebraderos de cabeza. Misma guerra, mismo enemigo, diferentes escenarios.

Ahora mismo, las posturas son maximalistas y ninguno parece dispuesto a ceder. Pero a todos se les acaba el tiempo. No parece un escenario exitoso para la templanza, más aún cuando los agresores, los que empezaron, no parecen tener un plan. Lo que queda, aún, es desesperanza. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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