La base de Pituffik explica la obsesión histórica de Trump con Groenlandia: un enclave militar clave mientras la isla avanza hacia su independencia
"Estados Unidos lleva 200 años intentando comprar Groenlandia, pero no se vende".
Groenlandia no es de Estados Unidos, pero sí tienen presencia allí desde hace décadas, fruto de la Guerra Fría. Se llama Pituffik desde 2023 (anteriormente conocida como Base Aérea de Thule), una instalación de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, ubicada en el noroeste de Groenlandia.
Groenlandia vuelve así al centro del tablero geopolítico internacional y no es por casualidad. El renovado interés de Donald Trump por la isla más grande del mundo tiene como una de las claves a Pituffik, una base militar que Estados Unidos considera clave para su seguridad global.
“No es miedo, es preocupación”, resume el antropólogo Francesc Bailón, con 25 años de experiencia en Groenlandia. “Estados Unidos lleva 200 años intentando comprar Groenlandia, pero no se vende”, explicó al portal Siglo XXI.
Groenlandia quiere decidir su futuro
La independencia ya no es una aspiración lejana. El pasado 11 de marzo de 2025, Groenlandia celebró unas elecciones que funcionaron, en la práctica, como un referéndum. Según explica Bailón, el 91,6% de la población votó a favor de la independencia, y solo un partido —el único favorable a acercarse a Estados Unidos— quedó fuera del Gobierno.
Cinco de las seis fuerzas principales coincidieron en romper con Dinamarca, aunque con diferencias sobre el ritmo. Las encuestas fueron todavía más claras en otro punto: casi el 90% de los groenlandeses rechaza cualquier vínculo con Estados Unidos. “Ni con Washington ni con la corona danesa. Groenlandia es de los groenlandeses”, insiste Bailón. La Constitución ya está redactada y, según el antropólogo, la independencia podría llegar en unos tres años.
Sin embargo, las palabras de Trump fueron claras: “Vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no, porque si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán de Groenlandia, y no vamos a tener a Rusia ni a China como vecinos. Me gustaría llegar a un acuerdo por las buenas.”
¿Trump exagera? ¿Qué pasa con Rusia y China en el Ártico? China se define como “Estado cercano al Ártico” y busca acceso a minerales estratégicos (tierras raras, uranio, zinc) y rutas de la futura “Ruta de la Seda Polar”.
También ha impulsado ideas de base científica permanente y estación de satélites, pero varios planes se han enfriado por recelos de Dinamarca y de EEUU.
Rusia concentra su esfuerzo en su propio Ártico (Laponia rusa, costa del mar de Barents, Ruta del Mar del Norte), con grandes proyectos de gas y petróleo hacia China y fortalecimiento militar (bases, rompehielos, defensa aérea), según The Artict Institute.
Un informe danés de inteligencia menciona a Rusia y China como actores que buscan aumentar influencia en el Ártico, pero la “presencia rusa en Groenlandia es mínima” y el foco ruso está en sus aguas y bases, no en la isla danesa.
Pituffik, la llave del control global
En el centro de todas las miradas está Pituffik. El cambio de nombre no fue menor: Thule significa “el lugar más lejano del mundo”, mientras que Pituffik, en kalaallisut, se traduce como “el lugar donde atamos a nuestros perros”. Para los inuits, recuperar el nombre original fue un gesto de resistencia cultural.
Situada en la costa noroeste de Groenlandia, a solo 1.200 kilómetros del Polo Norte, Pituffik es, según Bailón, “el punto más estratégico del planeta”. Desde allí, los misiles estadounidenses alcanzan tanto Rusia como China, gracias a su posición privilegiada en el Ártico.
La base alberga el radar AN/FPS-120 y el 23 Escuadrón de Operaciones Espaciales, fundamentales para el seguimiento de satélites en órbitas polares. Su existencia responde a un acuerdo histórico entre Estados Unidos y Dinamarca, un acuerdo que podría quedar en el aire si Groenlandia se convierte en un Estado independiente.
Una obsesión que viene de lejos
“El interés de Estados Unidos por Groenlandia no empezó con Trump”, recuerda Bailón. Andrew Johnson lo intentó en 1870, Harry S. Truman en 1946, Trump en 2019… y de nuevo en 2025. “Es un romance no correspondido”.
Contrario a lo que suele decirse, Bailón cree que las tierras raras no son el verdadero objetivo. La clave es Pituffik. “Trump sabe que, si Groenlandia se independiza, el acuerdo actual desaparece y tendría que negociar directamente con los groenlandeses”.
Esa tensión se hizo visible este mismo año. Ni el vicepresidente JD Vance en marzo ni el hijo de Trump en mayo lograron aterrizar en territorio groenlandés. Ambos tuvieron que conformarse con pisar la pista de Pituffik, “ese pequeño rincón americano en medio del hielo”.
Un 'no' firme desde el Ártico
La fortaleza de Groenlandia, subraya Bailón, está en su gente. “Saben decir ‘no’ con la misma seguridad con la que clavan un arpón”. Un pueblo cazador y pescador que ha sobrevivido milenios sin guerras ni narcotráfico, adaptándose a uno de los entornos más duros del planeta.
Según Bailón, si Estados Unidos diera un paso más allá, la reacción sería inmediata. Aunque Groenlandia salió de la UE en 1985, mantiene el estatus de Territorio de Ultramar bajo protección europea.
Dinamarca, Francia, España, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido ya han firmado un comunicado conjunto con un mensaje claro: “Groenlandia pertenece a su gente”. Francia incluso ha preparado un plan de contingencia ante cualquier intento de intimidación.