La guerra en Irán ya ha dejado un perdedor... y está en la Casa Blanca
El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, que ha criticado en repetidas ocasiones el intervencionismo de su país al más puro estilo MAGA, mantiene la distancia de las decisiones de Trump, aunque sigue asumiendo sus competencias.

El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, suele ser muy activo en redes sociales, emulando al presidente Donald Trump. Sin embargo, desde el inicio del ataque israelo-estadounidense contra Irán, el sábado 28 de febrero, el número dos ha preferido taparse.
Sus mensajes de estos días son escasos e institucionales, obra de su equipo, y sólo ha escrito por sí mismo para homenajear a los soldados muertos en la misión (van siete en este día 12º de la guerra) y, una vez, para defender a su jefe: "Trump no meterá a Estados Unidos en un conflicto que durará años sin un objetivo claro. Jamás se permitirá que Irán obtenga un arma nuclear. Ese es el objetivo de esta operación y el presidente Trump la llevará a cabo hasta su culminación", dijo, acompañando unas imágenes de una entrevista en Fox News.
Se centra, pues, en tranquilizar al público sobre los objetivos de EEUU en este conflicto y en acompañar a los caídos y sus familias. Ha sido el encargado de recibir los féretros en bases de las Fuerzas Armadas. Ha tenido que pasar todos los tragos. Trump, sólo uno. No es popular la imagen de un féretro bajando de un avión, cubierto por la bandera nacional y escoltado por soldados, porque el Gobierno ha metido a sus efectivos en una nueva guerra, cuando prometió paz.
Mientras muchos republicanos felicitaron rápidamente al mandatario durante el fin de semana inicial de su operación y la muerte de Ali Jamenei, el líder supremo iraní, su vicepresidente esperó 72 horas antes de pronunciarse. Finalmente lo hizo el 2 de marzo, también en la Fox, en una breve entrevista de seis minutos. Esta moderación plantea interrogantes sobre su postura ante esta escalada militar.
Y es que Vance es un exveterano del Cuerpo de Marines de EEUU, que construyó su imagen política basándose justamente en su oposición a las intervenciones militares estadounidenses en todo el mundo, tanto en Ucrania y Europa como en Oriente Medio. Ha criticado repetidamente la participación de Washington en "guerras interminables", como decía en la campaña electoral de 2024, la que llevó a Trump de vuelta al Despacho Oval.
No eran comentarios sueltos, era un pilar en su argumentario, que ayudó a conquistar voto joven, de esa generación que no quiere verse enrolada a la fuerza en un país que "ni conoce", parafreseando a Trump. Decía, por ejemplo, ya en la precampaña, en enero de 2023: "¿La mejor política exterior para Trump? No iniciar guerras", escribió en un artículo de opinión publicado en el Wall Street Journal.
En aquel entonces, el multimillonario republicano también se presentó como "el candidato de la paz" y prometió poner fin a las intervenciones estadounidenses en el extranjero, algo que le podría reportar -en sus mejores sueños- el Premio Nobel de la Paz. Pero desde su regreso a la Casa Blanca, Trump no ha cumplido sus promesas al pie de la letra. Al contrario. Ha ido a más. Ha bombardeado ya en poco más de un año hasta siete países.
Esta misma noche, durante un encuentro con los varios representantes de medios informativos en Miami (Florida), un informador cuestionó directamente a Trump si existía alguna división con el vicepresidente sobre el conflicto bélico. "Nos llevamos muy bien en esto. Diría que él era un poco diferente a mí filosóficamente. Creo que quizá no le entusiasmaba tanto ir, pero sentí que era algo que teníamos que hacer. No creí que tuviéramos otra opción. Si no lo hacíamos, nos lo habrían hecho a nosotros", respondió sin titubear ni ocultar las diferencias.
"Sentí que, basándome en las negociaciones que se estaban llevando a cabo con Steve Witkoff, Jared Kushner, Marco (Rubio), Pete (Hegseth) y todos los involucrados, me pareció que buscaban convencernos", ha enfatizado, además.
Una posición incómoda
El presidente ha golpeado de Yemen a Venezuela y Vance ya había optado entonces por la discreción y la moderación. No fue el más efusivo con el daño a los hutíes, una de las muletas de Irán en Oriente Medio, y tampoco con la detención de Nicolás Maduro. Su posición llama la atención por sí misma y por contraste, por la diferencia de discurso con el secretario de Estado, Rubio, otro posible sucesor de Trump para los comicios de 2028 y quien se inclina mucho más a defender una postura internacional asertiva.
La operación en Irán ha debilitado aún más la posición política de y su futuro en la Casa Blanca. Hasta el momento, sigue siendo el favorito para suceder a Trump como candidato presidencial del Partido Republicano en 2028. Pero para lograrlo, tendrá que defender el historial de la Administración Trump, incluyendo esta última operación contra Teherán, un asunto delicado para alguien que basó su carrera política en la crítica al intervencionismo estadounidense. Y cuyas consecuencias no tenemos aún ni idea de cuáles serán. Por ahora, no es la guerra rápida que Washington esperaba: Trump comenzó hablando de "dos o tres días", que pasó a alargar a "cuatro o cinco semanas" en menos de 24 horas. El Pentágono ha llegado a mencionar ocho semanas.

Diplomacia y ausencia
A las 48 horas horas antes del inicio de la operación Furia Épica en Irán, el vicepresidente declaró en una entrevista con el Washington Post: "Creo que todos preferimos la opción diplomática". Su administración y el régimen de la República Islámica se encontraban entonces en su tercera ronda de conversaciones mediadas por funcionarios omaníes en Ginebra. Los mediadores decían que iba bien y hasta se iban a repetir a la semana siguiente. Todo fue nada.
Al día siguiente, Vance continuó sus negociaciones reuniéndose con el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, mediador clave en las conversaciones entre los dos archienemigos. The Atlantic señala que "en los días previos a los ataques, algunos de los principales asesores de Trump, incluido el vicepresidente Vance, expresaron reservas sobre la operación", además.
Otra cosa rara: cuando comenzaron los ataques en Irán, Vance no estaba con Trump, que supervisaba las operaciones desde Mar-a-Lago (Florida), en su casa particular. Sí estaba allí Marco Rubio, por ejemplo. El vicepresidente se encontraba en Washington, en la llamada "Sala de Crisis" de la Casa Blanca, un detalle ha generado muchas especulaciones, una foto que Vance ni ha puesto en su X.
Sin embargo, un portavoz del vicepresidente aseguró al Financial Times que Vance participó "plenamente" en el proceso de planificación y supervisó la ejecución de la operación desde la Sala de Situación, en Washington.
Argumentó que Vance se encontraba en la capital no por desaprobación de la ofensiva, sino simplemente para cumplir con los protocolos de seguridad de la administración, que recomienda la separación de presidente y vicepresidente por si le ocurre algo a uno de ellos. La Casa Blanca emitió declaraciones similares a la prensa, lo que ahonda en las declaraciones de Trump de esta noche de que su segundo no necesitaba ser convencido de nada.
Credibilidad debilitada
A pesar de estas declaraciones destinadas a calmar las tensiones, la desconexión entre las ideas de Vance y la operación lanzada por Trump es evidente y socava su credibilidad incluso dentro del movimiento MAGA. "Es bastante malo para Vance", declaró a POLITICO , bajo condición de anonimato, el director de una importante ONG de ultraderecha que aboga por una política exterior más mesurada. "Ha tenido que asumir la ingrata tarea de subordinarse e intentar convencer a gente como nosotros de que la situación estaba en buenas manos, y eso es difícil de aceptar", señala.
En un artículo de opinión publicado el pasado fin de semana en la revista británica UnHerd, el ensayista conservador y antiguo aliado de Vance, Sohrab Ahmari, criticó duramente al vicepresidente . "El Vance que una vez criticó con vehemencia una política exterior moralizante ahora supervisa ataques dirigidos explícitamente a liberar al pueblo iraní", escribió, lamentando una " asombrosa ironía".
En su citada entrevista con Fox News, Vance adoptó un tono tranquilizador para intentar apaciguar al ala antiintervencionista, sin dejar de apoyar a su líder Trump. Con expresión seria, eso sí, defendió los ataques contra Irán y afirmó que perseguían el objetivo "claramente definido" de impedir que Irán adquiriera armas nucleares.
Sobre todo, intentó tranquilizar al público sobre la duración del compromiso estadounidense, refiriéndose a Irak y Afganistán, grandes fantasmas del pasado que los republicanos prometieron no despertar. Sin embargo, por el momento, el presidente estadounidense se mantiene impreciso respecto al alcance y la duración de la operación. Veremos cómo sigue comportándose su segundo y posible heredero si las cosas no se calman. Por ahora, sigue asumiendo sus competencias.
