Los casos de interferencias a cargueros se han disparado desde que se cerró el estrecho de Ormuz: "Tenemos que volver a usar cartas náuticas"
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Los casos de interferencias a cargueros se han disparado desde que se cerró el estrecho de Ormuz: "Tenemos que volver a usar cartas náuticas"

Navieras y aseguradoras vuelven a recomendar brújulas y cartas náuticas ante el colapso de sistemas GPS y AIS.

Las interferencias que afectan a los sistemas de localización y navegación de los buques de carga han aumentado desde el inicio del conflicto en Oriente Medio.Getty Images

Si aparece un petrolero navegando de repente por el desierto, un carguero figura en mitad de una pista de aeropuerto y otro parece fondeado junto a una central nuclear, no es que sean errores visuales ni fallos de Google Maps: es la nueva guerra electrónica que está desorientando a cientos de barcos en algunas de las rutas marítimas más importantes del mundo.

Desde el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y el cierre parcial del estrecho de Ormuz, las interferencias y manipulaciones de señales de navegación se han disparado hasta niveles nunca vistos. Según datos de la empresa de inteligencia marítima Windward citados por Le Monde, casi un millón de incidentes de interferencia GPS afectaron a buques de la región desde finales de febrero. 

Barcos "fantasma" y posiciones imposibles

El problema afecta a los sistemas GPS y también al AIS, el sistema obligatorio que transmite automáticamente identidad y posición de los barcos.

Cuando las señales son interferidas o falsificadas, los buques dejan de saber exactamente dónde están, aparecen en ubicaciones falsas o pierden completamente la capacidad de navegar con precisión.

Eso está provocando escenas surrealistas en los sistemas de rastreo marítimo: cargueros flotando virtualmente sobre aeropuertos, desiertos o instalaciones industriales situadas a cientos de kilómetros del mar.

Según el Centro MICA de la Armada francesa, el Mar Báltico, el Mar Rojo, el Mar Negro y el Golfo Pérsico se han convertido en los cuatro grandes epicentros mundiales de interferencia electrónica marítima. 

El estrecho de Ormuz se ha convertido en una guerra invisible

La situación se agravó especialmente desde que Irán, países del Golfo y fuerzas estadounidenses empezaron a interferir masivamente señales alrededor del estrecho de Ormuz para protegerse de drones y misiles.

La lógica militar es dificultar ataques enemigos, ocultar movimientos y reducir la capacidad de localización. Pero el efecto colateral afecta a cientos de buques civiles.

Louis Borer, analista de Risk Intelligence, explica que las interferencias también se usan para ocultar operaciones comerciales sensibles. Muchos barcos intentan esconder escalas en puertos israelíes o iraníes para evitar sanciones o ataques. En algunos casos, directamente "roban" la identidad digital de otros barcos.

El caso del petrolero que acabó sancionado sin haber estado allí

Uno de los episodios más llamativos fue el del petrolero Kallista, operado por la naviera griega Altomare. Según el Centro MICA, otro buque sancionado que cargaba petróleo iraní "copió" sus datos de localización y navegación. 

El resultado fue surrealista: el Kallista apareció vinculado a operaciones bajo sanciones estadounidenses y terminó incluido temporalmente en listas negras del Tesoro de EEUU.

Algo parecido ocurrió con el petrolero Aegis Spirit, cuya posición fue manipulada hasta situarlo virtualmente cerca de la isla iraní de Kharg. La consecuencia fue inmediata: bloqueo financiero y sospechas de evasión de sanciones. La naviera tardó 45 días en resolver la situación.

"Tenemos que volver a usar brújulas"

El problema está obligando a recuperar métodos de navegación casi olvidados. "Los oficiales tienen que volver a usar cartas náuticas y brújulas", explica el analista marítimo Dimitris Ampatzidis. Y añade el detalle de que "la mayoría no ha usado una carta náutica desde la academia naval”.

La situación es todavía más delicada porque los barcos modernos son gigantescos y mucho más difíciles de maniobrar. Algunos portacontenedores tienen tal altura que los propios contenedores bloquean parcialmente la visibilidad desde el puente.

En condiciones normales, todo depende de sistemas electrónicos. Pero cuando esos sistemas fallan, la navegación vuelve casi al siglo XX.

Colisiones, encallamientos y caos marítimo

Las consecuencias ya son reales. El 17 de junio de 2025 los buques Front Eagle y Adalynn colisionaron cerca de Khor Fakkan, junto al estrecho de Ormuz, en uno de los días con más interferencias registradas.

Otro caso especialmente grave fue el del portacontenedores MSC Antonia, que perdió completamente la referencia de navegación en el mar Rojo. La posición del barco empezó a saltar cientos de kilómetros en las pantallas hasta que terminó encallando. Las operaciones de rescate duraron cinco semanas y costaron millones de dólares.

Las aseguradoras ya descuentan barcos "antiinterferencia"

El sector asegurador empieza a asumir que esta amenaza ha llegado para quedarse. La aseguradora marítima noruega DNK ya ofrece rebajas a navieras que instalen sistemas Iridium, una red satelital más difícil de interferir que el GPS tradicional.

"Si estalla una guerra y además se libra electrónicamente, queremos seguir navegando", resume Svein Ringbakken, director de la compañía.

La nueva guerra ya no necesita hundir barcos

Lo más inquietante para muchas navieras es que esta forma de guerra resulta extremadamente barata y eficaz. No hace falta lanzar un misil para paralizar un carguero: basta con dejarlo "ciego", alterar su posición o hacer que aparezca vinculado a actividades sancionadas. 

Además, los ataques ya no proceden solo de Estados. Piratas informáticos y grupos criminales están aprovechando el caos. En abril, los hackers que se hacían pasar por "revolucionarios" intentaron extorsionar a armadores exigiendo pagos en Bitcoin para evitar ataques digitales contra sus barcos. 

La guerra marítima del futuro no solo se libra ya con drones y misiles. También con señales falsas, satélites manipulados y barcos que, sin recibir un solo impacto, pueden terminar completamente perdidos en mitad del océano.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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