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24/01/2019 07:18 CET | Actualizado 24/01/2019 07:18 CET

Mujeres: moneda de cambio político

Susana Vera / Reuters
Protesta de mujeres contra Vox, en Madrid.

Cuando Vox arrasaba en las elecciones andaluzas hace más de un mes, las feministas fuimos las primeras en dar la voz de alarma.

Las propuestas de este partido son bien conocidas por nosotras, sin embargo, no podemos decir que toda la sociedad estuviese al corriente de las ideas misóginas y extremadamente machistas del grupo de Santiago Abascal.

Mientras la débil izquierda de este país se apresuraba a hacer llamamientos, los colectivos feministas andaluces ya tenían su estrategia clara para enfrentar la entrada de los ultraderechistas en el parlamento.

No obstante, esas llamadas a la movilización por parte de otras formaciones sobraban y siguen sobrando. Los grupos feministas, antirracistas, LGTBI, ya sabían que sus derechos estaban en peligro incluso antes de esas elecciones. El triunfo de Vox no iba sino a dar luz verde para que quienes comparten sus ideas llevarán a cabo actos violentos sin tapujos.

En todo el proceso que estamos viviendo queda claro que VOX es prueba evidente de que la sociedad sigue siendo machista y que le importa poco o nada sacrificar leyes que puedan ayudar a frenar el feminicidio en este Estado.

Lo que hay ahora mismo en Andalucía es un gobierno de tripartito machista. Unido por el ansia de poder, la misoginia y la desigualdad.

El Partido Popular ya lo había demostrado en su momento con una ministra de Igualdad que no podía preocuparse menos de los problemas de las mujeres. Ciudadanos, por su parte, con tal de ganar poder y protagonismo, pacta con los fascistas sin hacerles ascos.

Lo que hay ahora mismo en Andalucía es un gobierno de tripartito machista. Unido por el ansia de poder, la misoginia y la desigualdad. Representando al patriarcado de ayer y de hoy, con ideas que van desde las más ultraderechistas hasta las más neoliberales.

Las mujeres hemos sido moneda de cambio en este proceso, al igual que ha ocurrido en otras ocasiones a lo largo de la historia.

Nuestros derechos han servido para hacer ganar votos aquí y allá. Unas veces a nuestro favor, otras veces en contra. La cuestión es que ningún político asume al 100% que los derechos de las mujeres son derechos humanos, que nos pertenecen naturalmente de acuerdo al principio de igualdad que deben seguir las sociedades justas y democráticas.

El discurso de estas formaciones políticas de ultraderecha da por sentado que dichos derechos no son algo intocable, sino todo lo contrario: una carta de la baraja política que se pueden permitir jugar o no. Si asumieran que los derechos de las mujeres son inviolables la mayoría de alianzas políticas fracasarían.

Cuando a una formación parlamentaria le da igual que a la mitad de la población se la esté asesinando por su género, ¿cuánto de democrático es ese partido?

Históricamente, los derechos de las mujeres han estado supeditados a la conveniencia del clima político. Afortunadamente, el feminismo ha sabido posicionarse y mantenerse en el espacio público reclamándolos y exigiendo su garantía una vez reconocidos.

Son diez feminicidios los que contamos en España en lo que va de año, sólo ocho registrados como tal. No ha pasado todavía un mes. La violencia y los asesinatos machistas son una emergencia de Estado que no encuentra respuesta alguna por parte de las instituciones.

Están permitiendo que nos maten, nos acosen y nos violen...

La justicia no nos representa. Las leyes no se aplican porque los jueces no creen en los testimonios de las mujeres, que siguen siendo víctimas de violencia. Mientras, el tripartito de Vox, Ciudadanos y PP, se recrea en la idea de eliminar la ley de violencia de género.

Cuando a una formación parlamentaria le da igual que a la mitad de la población se la esté asesinando por su género, ¿cuánto de democrático es ese partido?

Animo a todas esas personas que están fantaseando con votar a Vox a que piensen en sus madres, en sus hijas, en sus nietas, en sus hermanas, en sus parejas, en sus compañeras de trabajo...

Hay derechos que son sagrados, entre ellos el derecho a la vida. Y no la de un embrión de cuatro semanas que tanto obsesiona a Santiago Abascal, no. El derecho a la vida de las mujeres. El derecho que tenemos a vivir sin que nadie, alentado por estos políticos violentos y machistas, nos asesine.

Hoy es Andalucía pero mañana podría ser cualquier otra parte. Mientras van ganando territorio, su ideología se expande. Si no les paramos por medio de protestas directas contundentes, terminarán por implantar su odio del todo.

El feminismo tiene claro que no lo va a permitir pero tal parece que para ciertos sectores de la sociedad esto no es así... Animo a todas esas personas que están fantaseando con votar a Vox a que piensen en sus madres, en sus hijas, en sus nietas, en sus hermanas, en sus parejas, en sus compañeras de trabajo... ¿Tanto las menospreciáis y detestáis como para sacrificar, aún más, su seguridad en la sociedad?

Basta de reforzar la idea de respetar a las mujeres y sus derechos en virtud de sus vínculos afectivos. Empiecen a respetarnos porque somos seres humanos con igual derecho a vivir libres.

Con nuestros derechos no se negocia.

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