Kai Ambos, juez del Tribunal de La Haya: "Sin derecho internacional, Trump y Putin serán los nuevos monarcas absolutistas del siglo XXI"
Sin normas comunes, advierte, el sistema internacional derivaría en un mundo dominado por las grandes potencias.
Para Kai Ambos, profesor de Derecho Penal y Derecho Internacional en la Universidad de Gotinga y juez del Tribunal Especial de Kosovo en La Haya, no hay ambigüedad jurídica posible: el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán constituye una violación del derecho internacional.
En una entrevista con el medio taz, Ambos afirma que “solo hay dos excepciones a la prohibición del uso de la fuerza: o el Consejo de Seguridad de la ONU autoriza una acción militar, o un Estado se defiende de un ataque armado. Ninguna de estas excepciones se aplica al ataque de Estados Unidos e Israel”.
Ni el argumento del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que habla de un ataque preventivo contra el programa nuclear iraní, ni la justificación del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre una amenaza de misiles de largo alcance, tienen —según Ambos— fundamento jurídico suficiente.
El jurista recuerda que, tras la denominada Guerra de los Doce Días de 2025, Washington aseguró que el programa nuclear iraní había sido destruido o gravemente dañado. Pero incluso si existiera una amenaza residual, subraya, el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas exige un ataque armado concreto para invocar la legítima defensa, “como fue el caso de la invasión rusa de Ucrania en 2022”.
El uso preventivo de la fuerza sigue siendo altamente controvertido en el derecho internacional. Incluso aceptando una interpretación amplia, explica Ambos, una amenaza abstracta no basta: el ataque debería ser inminente, concreto y constituir el último recurso. “No hay indicios de ello. Después de todo, Estados Unidos estuvo negociando con Irán hasta el sábado”.
Según Ambos, existe un amplio consenso entre especialistas en derecho internacional en que la guerra es ilegal. Algunos la califican de “violación manifiesta” de la Carta de la ONU; otros incluso la consideran una guerra de agresión, por su naturaleza, gravedad y alcance.
Irán, añade, sí tiene derecho a defenderse frente a un ataque que viola el derecho internacional. Sin embargo, esa legítima defensa debe ser proporcional y limitarse a objetivos militares. No estarían amparados, por ejemplo, ataques contra objetivos civiles o bombardeos en terceros países si sus bases no se utilizan para operaciones ofensivas.
La implicación de infraestructuras europeas abre nuevas preguntas. Si Estados del Golfo atacados por Irán solicitan ayuda, podría activarse la legítima defensa colectiva. Pero ningún Estado puede apoyar un ataque ilegal contra Irán, advierte el experto en la entrevista.
Ambos advierte que Alemania tiene prohibido respaldar acciones contrarias al derecho internacional. Si la base aérea de Ramstein se utilizara para la logística de la guerra, Berlín “al menos tendría que protestar”. Recuerda además que el artículo 26 de la Ley Fundamental alemana prohíbe expresamente las guerras de agresión.
El jurista critica la ambigüedad del Gobierno alemán. A su juicio, no se puede condenar con credibilidad la guerra de agresión rusa en Ucrania y, al mismo tiempo, evitar una evaluación clara de otras violaciones del derecho internacional. “La credibilidad es fundamental en las relaciones internacionales”, sostiene.
Ambos subraya que el derecho internacional no es una opción política discrecional, sino derecho vinculante, incorporado además al orden constitucional alemán. Ignorarlo supone, en última instancia, ignorar la propia Constitución.
Para el profesor, el derecho internacional no se reduce al mantenimiento de la paz: regula también la protección del clima, la cooperación económica, la migración o la asistencia consular. Sin normas comunes, advierte, el sistema internacional derivaría en un mundo dominado por las grandes potencias.
“La alternativa es un mundo caótico en el que Estados Unidos y China, como únicas superpotencias, actúen según sus propios caprichos. En un mundo así, las potencias pequeñas y medianas serán aplastadas”, afirma. A nivel interno, dice, Trump ataca la separación de poderes; a nivel externo, el derecho internacional. Ambos evoca la figura de Luis XIV y su célebre “Yo soy el Estado” para ilustrar el riesgo de un poder sin límites.
“Sin derecho internacional”, concluye, “Trump y Putin serán los nuevos monarcas absolutistas del siglo XXI, actuarán sin normas ni recursos legales. Esto no nos beneficiará”.