¿Y ahora qué sigue en Irán? Estrategias, objetivos y liderazgo para una batalla desconocida
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¿Y ahora qué sigue en Irán? Estrategias, objetivos y liderazgo para una batalla desconocida

La nueva guerra ha superado la semana sin visos de desescalar y con propósitos entre los aliados que parecen divergentes: el derrocamiento del régimen de los ayatolás o un cambio favorable de mando. El hijo de Jamenei promete línea dura. 

Unos ciudadanos iraníes lloran a una de las víctimas de los ataques de Israel y EEUU, en el cementerio Behesht Zahra, al sur de Teherán, el 9 de marzo de 2026.ABEDIN TAHERKENAREH / EPA / EFE

A las guerras les acaba poniendo nombre el tiempo. La de Irán aún no lo tiene, es la de Irán pero es mucho más que eso, es la contienda iniciada por Estados Unidos e Israel -ellos sí han usado nombres operaciones militares de campanillas, Furia Épica y León Rugiente-, pero que afecta ya a 14 países más. Superada la primera semana de conflicto, el minuto y resultado es confuso: ganadores no hay; perdedores, como siempre, los civiles asesinados, heridos, desplazados o aterrorizados. 

Da la sensación, con el paso de los días, de que el propósito de esta andanada sigue sin estar claro y hasta cambia constantemente. Que Teherán no logre armas nucleares y acabar con sus silos de misiles parecen claras, compartidas tanto por Washington como por Tel Aviv pero, ¿y qué más? ¿Buscan los dos amigos la caída total del régimen de los ayatolás o sólo un nuevo liderazgo que se avenga a razones? ¿Hay que pelear hasta el final o con un poco de daño basta, como el verano pasado? ¿Quieren de veras que el pueblo se levante y, si es así, qué van a hacer para ello? 

Lo único claro es que la guerra ha saltado fronteras a una velocidad endiablada y que ha logrado desestabilizar todo Oriente Medio, llegando a supuestos remansos de paz como los países del Golfo, donde los daños causados son menores en lo físico e incontables en lo psicológico, con la armadura perdida. La crisis es batalla abierta en Líbano. Hoy por hoy, se cuentan más de 1.200 muertos en Irán, a lo que se suman más de 10.000 heridos; más de 500 muertos en Líbano, con 1.100 heridos extra; 12 muertos en Israel, que calcula los heridos en unos 2.000; y siete muertos, todos soldados, en las filas de EEUU.

Propósitos en la "tercera fase"

Mientras prosiguen los bombardeos y el descabezamiento del régimen islamista, mientras Teherán ordena represalias en bases y aliados norteamericanos, las administraciones de EEUU e Israel lanzan a aire mensajes contradictorios. Va más allá de la polémica sobre quien arrastró a quién a la guerra y quién se dejó arrastrar. Es una cuestión de fondo, del para qué se empezó esta pelea sin precedentes y de consecuencias desconocidas. 

Mientras que la Casa Blanca se enreda en si quieren o no un cambio sistémico, cambian sus declaraciones según el día y hacen amenazas grandilocuentes de olas gigantes por venir, en Tel Aviv se dedican al pico y la pala. A atacar, sin parar. Al cuarto día de ofensiva, ya había lanzado más ataques que en toda la Guerra de los Doce Días, del pasado verano. Afirman sus mandos militares que están, de hecho, en la "fase tres" de su ofensiva. La primera fue el mismo 28 de febrero, el primer día de ataques, cuando mataron al líder supremo, Ali Jamenei. La segunda, las siguientes cien horas de presión. Y ahora están en el momento de desmantelar la infraestructura militar de Irán, especialmente de la destrucción de misiles balísticos, drones y capacidades de defensa aérea.

Según ha desvelado el diario Financial Times, citando a fuentes de las Fuerzas Armadas de Israel, su idea es "acabar por completo con los pilares clave del estado teocrático iraní y la Guardia Revolucionaria que protege a la república islámica". Un alto funcionario militar israelí afirmó a dicho medio que el objetivo de Israel era desmantelar la infraestructura militar del régimen, incluyendo el CGRI (Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica), así como las instalaciones nucleares, las instalaciones de producción militar y las capacidades espaciales y cibernéticas iraníes. Un proceso que llevará "varias semanas", avanza. "Hay mucho trabajo por hacer. Irán es enorme", asume. 

No es eso lo que se ha estado diciendo desde EEUU. Hasta el propio presidente, Donald Trump, ha ofrecido diversas explicaciones sobre sus razones para lanzar la guerra conjunta y sobre sus objetivos finales. Israel sí que tiene uno que no deja de señalar, sin contradicciones: "destrucción total de este régimen, de sus pilares, de todo lo que lo mantiene unido: el CGRI, la Basij [milicia de base], sus capacidades estratégicas", según Danny Citrinowicz, experto en Irán e investigador principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv (INSS, por sus siglas en inglés).

Eliminar la capacidad de Irán de amenazar a Israel -principalmente mediante misiles y un programa nuclear incipiente- era el objetivo final "obvio", pero aún más importante para el Gobierno israelí, añade Citrinowicz, es "socavar este régimen para que tenga que lidiar con problemas internos".

Manifestantes prenden fuego a una pancarta con la foto del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante una protesta contra los ataques a Irán en Estambul (Turquía), el 1 de marzo de 2026.Dilara Senkaya / Reuters

Funcionarios israelíes, incluido el primer ministro Benjamin Netanyahu, han afirmado que uno de los objetivos de la ofensiva es "crear las condiciones" para el derrocamiento del régimen. Israel Katz, su ministro de Defensa, declaró el miércoles que "todo líder designado por el régimen terrorista iraní será un objetivo inequívoco para su eliminación [por parte de Israel]". Anoche mismo se supo el nombre del sucesor de Jamenei, que no es otro que su hijo, Mojtaba, un heredero de línea dura que no sorprende, porque sonaba, pero con el que se rompen ciertos protocolos internos de elección, lo que ha enervado a parte del mando religioso del país. 

El Financial expone que los propios especialistas israelíes no tienen claro que sea posible destruir la Guardia Revolucionaria, una fuerza de 180.000 efectivos. Y las autoridades israelíes no han explicado exactamente cómo planean sentar las bases para el derrocamiento del régimen ni qué podría suceder después, aunque han sugerido que podrían implicar operaciones encubiertas de inteligencia. Que el Mossad tiene agujereado el día a día de Irán se sabe, es evidente por el asesinato de Jamenei y previos como el del entonces líder de Hamás, Ismail Haniyeh, en Teherán. Pero esto es una operación mayor, estatal, no sobre un actor individual. A la postre, un hombre no es más que un hombre. 

Citrinowicz resume el pensamiento de Netanyahu y su gente: "Si podemos dar un golpe de Estado, genial. Si podemos tener a la gente en las calles, genial. Si podemos tener una guerra civil, genial. A Israel le importa un bledo el futuro [ni] la estabilidad de Irán", confirma, por si había dudas. Es un enemigo existencial, este es el golpe soñado que estaban esperando y estamos en año de elecciones, en otoño. La apuesta es a por todas y el precio, ya tal. "Esa es una diferencia entre nosotros y EEUU. Creo que [Washington] está más preocupado por la construcción de la nación y las amenazas a sus socios regionales", añade. 

El martes pasado, un ataque aéreo israelí destruyó un edificio en la ciudad santa iraní de Qom, el lugar donde se iba a producir una reunión de la Asamblea de Expertos, el órgano clerical de 88 personas que debía elegir al próximo líder supremo de Irán tras la muerte del ayatolá Jamenei. Fue evacuado (Irán también sabe jugar al juego de la inteligencia), pero Tel Aviv insitía: su objetivo era impedir que Irán eligiera un nuevo líder supremo. Ni a Jamenei II o uno más transigente. No, a ninguno. "Queremos asegurarnos de que Irán siga sumido en el caos", dijeron.

Funcionarios estadounidenses, tanto actuales como anteriores, han afirmado a medios como la CNN que la siguiente fase de la guerra implicará el despliegue de más recursos militares en Oriente Medio y Trump afirmó a principios de semana que la "gran ola" de ataques contra Irán aún no se había producido. "Ni siquiera hemos empezado a golpearlos con fuerza", presumió. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, declaró igualmente que se avecinaban "oleadas cada vez mayores" de ataques contra Irán. Pero aclarar qué se quiere... no. 

Una bandera iraní plantada entre los escombros de una comisaría de policía, dañada en los ataques aéreos de Israel y EEUU, 3 de marzo de 2026, en Teherán (Irán).Majid Saeedi / Getty Images

"Influencia limitada"

Con voz queda, empieza a surgir un debate en el seno del Partido Republicano, el de Trump, sobre la capacidad de resistencia de esta apuesta, si el presidente mantendrá la ofensiva hasta el final, como ha prometido, o dejará Irán como un juguete roto cuando entienda que le ha causado un daño suficiente para sus intereses (como hizo en junio pasado) y se canse de él (ya ha demostrado en conflictos como el de Groenlandia que es capaz de pasar de cien a cero en un día, salvando las distancias). 

El propio Hegseth y el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, han dejado de mencionar el cambio de régimen como un objetivo de la campaña estadounidense en los últimos días. Y eso cuadraría con lo que dijo el canciller alemán, Friedrich Merz, quien declaró tras reunirse con Trump el martes en la Casa Blanca: "Según mi conocimiento y comprensión hoy, el Gobierno estadounidense no tiene una estrategia claramente formulada para el futuro liderazgo civil de este país". No hay un plan para el día después. 

En las últimas horas, se ha vivido otro de estos momentos yoyó, tirar y recoger. Lo ha protagonizado el propio Trump, quien ayer por la tarde aseguraba que esta guerra está "prácticamente terminada", para, a las pocas horas, decir que va para largo y que nadie se precipite. 

Los funcionarios israelíes parecen menos preocupados por dicha planificación que por destruir las capacidades del régimen iraní. "Israel quiere destruir las capacidades del régimen iraní hasta tal punto que no tenga que luchar otra ronda. No quieren rondas dos, tres y cuatro. Quieren terminar el trabajo ahora", insiste el FT

Desde lo militar, Israel trata de hacer lo que sabe que no se puede, al menos hoy, lograr desde lo político. Y es que la influencia de Washington es "limitada" a día de hoy, dicen los analistas, para dar forma al nuevo Irán. Ingrid Small y Nate Swanson, investigadores del Atlantic Council norteamericano, ya veían "muy poco probable que Trump o cualquier persona no iraní dirija el proceso de sucesión" antes de conocerse el nombre del elegido, como así ha sido. Y tampoco ven margen de maniobra posterior. La apuesta es por más conservadurismo, no más flexibilidad, a menos que se produzca "una capitulación improbable de los restos del régimen iraní o una escalada masiva del conflicto por parte de Estados Unidos que incluya una presencia sostenida de tropas".

"En un escenario posconflicto, un líder iraní deberá elegir entre priorizar la estabilidad y el bienestar del pueblo iraní -mediante una interacción racional con la comunidad internacional- y seguir guiado por las ambiciones revolucionarias e ideológicas que definieron el reinado de Jamenei", auguran. Ya en 2006, el exsecretario de Estado estadounidense Henry Kissinger resumió esta elección como la de elegir entre "una nación y una causa". Optar por la primera podría ayudar a calmar décadas de hostilidad entre Occidente e Irán, mientras que optar por la segunda podría perpetuar la confrontación en el futuro.

A lo largo de su mandato, Jamenei realizó una labor magistral manteniendo la unidad del régimen y evitando deserciones de alto perfil. Cualquier disidencia interna ha sido reprimida con violencia, sin repercusiones significativas en su reinado. Incluso durante la reciente masacre de manifestantes iraníes y la guerra posterior, no se produjeron deserciones significativas entre las élites del régimen.

"Esta cohesión de la élite presenta un dilema para una posible transición hacia un estado de orientación occidental", dicen los autores de esta tribuna. "La oposición antirrégimen y los defensores de los derechos humanos, comprensiblemente, buscan responsabilizar al régimen por sus crímenes, pero utilizan una retórica que pinta a todos los miembros del establishment iraní con la misma brocha gorda. Esto elimina una salida para quienes, dentro del régimen actual, podrían querer secretamente liberarse, pero no ven salida". Tampoco por ahí se ve, hoy, una grieta para que presione con éxito EEUU.

Y está la estructura de seguridad. En el período previo a la guerra, la doctrina de seguridad iraní se basaba en tres pilares: una capacidad nuclear latente, un programa de misiles robusto y eficaz, y la red iraní de agentes regionales no estatales, conocida como Eje de la Resistencia. El compromiso de la República Islámica con este paradigma frente a las severas sanciones, las amenazas militares y la inestabilidad interna refleja el papel fundamental que desempeña la percepción de amenazas en la formulación de políticas iraníes.

Esto será difícil de cambiar con un nuevo liderazgo, deseoso de evitar el mismo destino de otros líderes. En 2003, por ejemplo, el libio Muammar al Gadafi desmanteló voluntariamente el programa nuclear de su país; en 2011, fue expulsado del poder y asesinado. Los radicales en Irán han advertido contra la limitación de las capacidades militares, atribuyendo la guerra civil libia y la caída final de Gadafi a la renuncia a su programa de armas. El propio Jamenei criticó a Gadafi por abandonar sus ambiciones nucleares y reprendió al exlíder de Libia por confiar en EEUU. Otros iraníes señalan a Ucrania como otro ejemplo aleccionador, en el que Kiev renunció a sus armas nucleares tras su independencia de la Unión Soviética (URSS) en 1991, sólo para ser invadida posteriormente por Rusia.

"Sin embargo, el factor clave que define la transición de Irán y su futuro es establecer una infraestructura de seguridad aceptable para Irán y tolerada por Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita", dicen Swanson y Small. "A primera vista, esto podría parecer imposible. Pero la actual hostilidad entre Irán e Israel no siempre ha existido. No comparten fronteras, y persas y judíos comparten más de un milenio de coexistencia relativamente pacífica".

Para que surja un Estado con inclinaciones occidentales en Irán, es casi seguro que los nuevos líderes iraníes deberán cambiar la percepción israelí sobre las intenciones de Irán. EEUU y sus aliados deberían dejar claro que el indicador clave podría ser el continuo apoyo de Irán (y, en concreto, la asistencia letal) a Hamás, Hezbolá y los hutíes de Yemen. 

Lo irónico es que la degradación de estos grupos desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 los convierte más en una carga que en una ventaja para Irán. Aun así, el fin del apoyo iraní a estos aliados representaría un cambio ideológico radical para un régimen que basó gran parte de su legitimidad interna en la oposición a Israel.

"En muchos sentidos, la hostilidad de Irán hacia Israel, EEUU y el Golfo es más importante que las especificaciones exactas de su programa nuclear y de misiles. Si se reduce dicha hostilidad, la disminución de la percepción de amenaza por parte de Israel y Estados Unidos podría allanar el camino para limitar ambos programas de maneras potencialmente aceptables para todas las partes", abunda el análisis.

Imagen distribuida por la agencia iraní MEHR que muestra al nuevo responsable de Irán, Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido ayatolá Ali Jameneí, junto a su padre, en un momento y lugar sin detallar.Agencia MEHR / EFE

Qué se espera de Jamenei hijo

La decisión está, en última instancia, en manos del próximo líder de Irán, el nuevo Jamenei. ¿Estará por la labor? No lo parece. Patrick Clawson y Farzin Nadimi, politólogos del Washington Institute, creen que, dados sus fuertes vínculos con la Guardia Revolucionaria, el hijo del asesinado líder podría buscar opciones estratégicas extremas. Es lo que la propia inteligencia había avisado a Trump: a más violencia, más radicalidad en la réplica. 

Los autores le ven un punto a favor importante, que no tenían algunos de sus contrincantes: experiencia. Es joven para lo que se estila entre los clérigos, con 56 años, y sabe de las entretelas del poder como para "utilizar con dinamismo a los más de 5.000 funcionarios del equipo personal y administrativo de su padre". Además de una amplia gama de asesores y expertos, Alí Jamenei contaba con representantes en todas las provincias y ministerios, así como en numerosas ciudades y la CGRI. "Mojtaba ha sido durante mucho tiempo una figura importante en la Oficina del Líder Supremo, y algunos observadores afirman que a menudo influía e incluso controlaba el acceso a su padre. Parecía operar en gran medida en la sombra, incluso cuando intentaba influir en decisiones trascendentales, incluyendo algunas que fracasaron, como el intento de lograr la elección de Mahmud Ahmadineyad como presidente en 2005", expone el análisis de urgencia de los dos expertos.

Sobre las decisiones políticas que puede tomar, explican que, como parte de su larga trayectoria como influyente agente tras bambalinas, Mojtaba "ha cultivado influencia en las instituciones de seguridad, inteligencia, militares y religiosas de Irán, incluyendo estrechos vínculos con las redes del CGRI". Dirigió indirectamente una importante red de lavado de dinero e inversiones en el extranjero, en parte para financiar las operaciones del CGRI. Le serán leales, se espera, pese al llamamiento de Donald Trump en su mensaje del 28 de febrero a que abandonasen las armas. 

Él mismo ha vestido el uniforme y tiene experiencia en el campo de batalla, lo que eleva su perfil: primero fue miembro de la Guardia Revolucionaria y luego guerreó contra Irak. "Esas relaciones durante la guerra siguen siendo fundamentales para su base de poder en la actualidad". Por lo tanto, "su autoridad probablemente dependerá más de mantener la cohesión dentro del CGRI y las redes de contactos entre bastidores que de una amplia legitimidad clerical".

Otra dimensión personal que debe tenerse en cuenta en cualquier pronóstico sobre la futura toma de decisiones de Mojtaba es la naturaleza traumática de su sucesión. Según diversos informes, el ataque militar que mató a su padre también cobró la vida de su madre, esposa, hermana y cuñado. Por lo tanto, "podría adoptar una visión profundamente existencialista de las amenazas a la seguridad exterior, priorizar aún más el poder y la resiliencia del Estado, y mostrarse incluso menos inclinado que su padre a negociar con EEUU". Sobre todo a corto plazo, podría estar impulsado por sentimientos crudos y vengativos que refuercen la ideología de la República Islámica de confrontación existencial con sus archienemigos.

De las pocas certezas que se tienen es que su mandato, recién parido, tendrá que ponerse en pie en mitad de la fragilidad, entre rivalidades internas en el régimen y con el el resentimiento público que se mantiene contra el estamento clerical. "Mojtaba probablemente intentará consolidar el poder rápidamente reforzando el control sobre todas las fuerzas armadas, realizando purgas de lealtad dentro de los servicios militares y de seguridad, y fortaleciendo el papel central del CGRI en la gobernanza y la economía", insisten los expertos del laboratorio de ideas norteamericano.

Planes de expansión

El Wall Street Journal ya ha adelantado que, tras la guerra del pasado verano contra EEUU e Israel, los líderes iraníes ya adoptaron un importante cambio estratégico destinado a expandir la guerra por Oriente Medio para asegurar la supervivencia del régimen si venían mal dadas, como están viniendo. 

Anteriormente, Teherán respondía a los ataques extranjeros con represalias limitadas y selectivas, muy medidas, enseñando los dientes de su poderío militar, pero también limitando sus golpes. La nueva doctrina abandona ese enfoque y, en cambio, busca intensificar el conflicto regionalmente, en particular contra los estados árabes del golfo Pérsico y su infraestructura económica crítica. El objetivo es perturbar la economía mundial y presionar a Washington para que acorte la guerra, sostiene el rotativo norteamericano. Alí Jamenei, antes de su eliminación, fue quien activó una estrategia diseñada para mantener la continuidad de esa orden incluso si los más altos comandantes eran neutralizados.

Personal de emergencias inspecciona un edificio residencial alcanzado por un dron iraní en la localidad de Ankawa, de mayoría cristiana, al noroeste de Erbil (Irak), el 4 de marzo de 2026.Ismael Adnan / picture alliance via Getty Images

Un elemento central de este enfoque es la denominada doctrina de "defensa mosaico": una estructura militar descentralizada en la que la Guardia Revolucionaria opera a través de múltiples centros de mando regionales. Cada centro puede llevar a cabo operaciones de forma independiente, lo que permite a los comandantes locales continuar la lucha incluso si el liderazgo nacional se ve incapacitado. Esto aumenta la resistencia del aparato militar ante ataques selectivos.

Tras la adopción de la nueva doctrina, Irán expandió rápidamente las hostilidades, lanzando ataques con misiles y drones contra los Emiratos Árabes, Qatar, Baréin e infraestructuras energéticas y portuarias esenciales para todos ellos. El despliegue también pretende interrumpir rutas comerciales clave, incluido el Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.

Analistas citados por el WSJ sugieren que el objetivo de Teherán es que el conflicto sea lo suficientemente costoso como para que todas las partes obliguen a EEUU y sus aliados a una resolución diplomática. 

Sin embargo, el plan conlleva enormes riesgos. Al intensificar los ataques contra estados regionales e intereses económicos internacionales, Irán podría provocar una coalición más amplia en su contra. Por ahora, EEUU se está viendo menos arropado de lo que hubiera querido (ahí está su choque con Reino Unido, sin contar los problemas que le añade España). A pesar de las pérdidas militares previas, las fuerzas iraníes conservan la capacidad de lanzar ataques con drones y misiles, lo que mantiene su influencia en el conflicto en curso. Diversas inteligencias occidentales creen que los ayatolás tienen misiles para mantener su respuesta de forma intenta durante un periodo de 60 a 90 días y que están dispuestos a exprimirlas si con eso mantienen el régimen vivo. 

Y es que para los líderes iraníes, la prioridad inmediata sigue siendo la misma: la supervivencia del régimen, incluso si requiere una importante escalada regional. Así están en el Golfo, llamando a las puertas de Ucrania para que le desvele su secreto de cómo se hace frente al armamento iraní, el que emplea en parte Rusia en su ofensiva. Qué tiempos. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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