Revés a la soberanía defensiva europea: Alemania y Francia aparcan su súper caza
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Revés a la soberanía defensiva europea: Alemania y Francia aparcan su súper caza

El Sistema de Combate Aéreo Futuro, al que también se había sumado España, pretendía sustituir los Rafale y Eurofighter. No ha habido consenso en cuanto al liderazgo y el control del proceso y ahora queda aparcado, en un momento de crisis.

Un Eurofighter EF-2000 Typhoon S de la Fuerza Aérea Española despega de la base militar de Torrejón de Ardoz, en Madrid, el 12 de octubre de 2025.Joan Valls / Urbanandsport / NurPhoto via Getty Images

La soberanía defensiva europea acaba de recibir un serio revés: Francia y Alemania han acordado dar por terminado el ambicioso y multimillonario proyecto para desarrollar de forma conjunta un avión de combate de sexta generación, en el que participaba también España, y que era una de las esperanzas para ayudar a blindar el continente con medios propios. La independencia, estratégica, no acaba de llegar. 

El programa, conocido como Sistema de Combate Aéreo Futuro (FCAS, por sus siglas en inglés), fue lanzado originalmente en 2017 con el objetivo de sustituir a los actuales aviones Rafale franceses y a los Eurofighter utilizados por Alemania, los estados que tuvieron de inicio la idea, a la que se incorporó más tarde nuestro país, que también tiene aviones Eurofighter. 

Sin embargo, tras años de constantes desencuentros corporativos, las diferencias entre la empresa francesa Dassault Aviation y el consorcio aeroespacial europeo Airbus -que representa los intereses alemanes y españoles- han resultado ser insalvables, arrastrando al programa de más de 100.000 millones de euros a un punto de no retorno. Se cree que la rivalidad entre ambas empresas fue un factor determinante en el fracaso de las negociaciones finales.

La confirmación oficial del fin del proyecto llegó en la tarde de ayer desde la oficina del presidente francés, Emmanuel Macron. Según un comunicado oficial de El Eliseo, el liberal y el canciller federal alemán, Friedrich Merz, mantuvieron reuniones "extensas y frecuentes" durante la cumbre europea del pasado viernes para intentar rescatar la iniciativa, concluyendo de mutuo acuerdo que era imposible que ambas industrias lograran un consenso sobre el liderazgo y control del programa de desarrollo. Sin embargo, aún faltan las explicaciones claras por parte de los Gobiernos. 

"Alemania ha concluido que no era posible presionar más", ahonda el comunicado, admitiendo que las compañías implicadas no conseguirían unificarse para construir el avión conjunto. "Las autoridades francesas seguirán animando a nuestras empresas y fuerzas armadas a explorar vías para llevar a cabo proyectos europeos ambiciosos que sean compatibles con nuestros intereses de seguridad nacional", se expone, no obstante.

A pesar del colapso del pilar central del programa -el avión tripulado-, las autoridades han indicado que el núcleo del FCAS continuará de alguna forma como un "sistema de sistemas" europeo. Esto incluye el desarrollo de la infraestructura tecnológica integrada, descrita por fuentes oficiales como el "sistema nervioso" encargado de conectar en una red digital a los aviones, drones y otros elementos del ecosistema de combate, expone el diario Handelsblatt, el principal en materia económica en Alemania. 

¿Y ahora?

Tras la ruptura, las potencias europeas seguirán adelante de manera independiente. Según añade Handelsblatt, Dassault Aviation se enfocará ahora en el desarrollo de su propio caza de sexta generación puramente francés. Por su parte, Airbus asumirá el diseño de un modelo de avión de combate alternativo para Alemania y, de manera previsible, también para España, con la opción abierta de buscar nuevos socios comerciales en el ámbito internacional. 

Este fracaso estratégico pone de relieve las enormes dificultades estructurales que afronta Europa para materializar programas militares multilaterales complejos y de gran presupuesto. "La autonomía estratégica no es una varita mágica, sino un proceso a largo plazo para que los europeos tomen, cada vez más, las riendas de su destino, para defender nuestros intereses y valores en un mundo cada vez más hostil, un mundo que nos obliga a confiar en nosotros mismos para garantizar nuestro futuro", escribía el antiguo jefe de la diplomacia comunitaria, el español Josep Borrell, ya en 2020.

Y es que, además, el fin de la alianza aeronáutica franco-alemana llega en un contexto geopolítico crítico, marcado por las persistentes tensiones con Rusia y la creciente preocupación en las capitales europeas sobre la fiabilidad a largo plazo de su alianza con Estados Unidos, mientras Washington reduce de forma paulatina su presencia militar en el continente, usando sus tropas como medio para presionar a sus aliados de este lado del Atlántico.

Su presidente, Donald Trump, hasta ha amenazado con dejar la OTAN porque, dice, su país se compromete mucho con la defensa común y le cuesta mucho dinero, mientras que sus aliados europeos no ponen una parte proporcional. Las amenazas del magnete de que incluso podría recurrir a la acción militar para tomar el control de Groenlandia, territorio de Dinamarca, socio de la Alianza, no han hecho sino aumentar la alarma.

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