Pedro Sánchez, la piedra en el zapato de Donald Trump: no al gasto militar, no al uso de bases y no a la guerra contra Irán
El presidente del Gobierno ha logrado ser el faro internacional de referencia contra las prácticas del líder estadounidense en los últimos meses: de rechazar el incremento del gasto militar a no ceder las bases para la guerra contra Irán.
En un contexto de bombas, rearmes y tensiones militares por todo el mundo iniciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una piedra se ha colado en el zapato destructor estadounidense llamada Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno español se ha convertido en el faro de referencia internacional contra las acciones de la Casa Blanca de los últimos meses y ha visto incrementado su luminosidad en los últimos días tras el estallido de la guerra en Irán provocada por el país de las barras y estrellas apoyado por Israel.
Desde un plano ideológico, las diferencias son evidentes: Trump lidera el auge de la extrema derecha mundial, con sus seguidores habituales y satelitales en países como Argentina o Italia, y Sánchez es de los últimos resquicios de la socialdemocracia que quedan en Europa. Haciendo un paralelismo cinematográfico, Trump es el Imperio en Star Wars, mientras que Sánchez representa a minoría de rebeldes que lidera Luke Skywalker. Sus distinciones se empezaron a plasmar nada más llegó el primero a la Casa Blanca y empezó a poner en marchas sus políticas económicas, arancelarias y militares que tambalearon el tablero mundial con cada rueda de prensa.
No al 5% de gasto militar
Donald Trump comenzó sus andaduras exigiendo a todos los miembros de la OTAN incrementar su gasto en Defensa hasta en un 5% al considerar desbalanceada las aportaciones del resto de países miembros. Sin embargo, el único líder mundial que se negó a tal exigencia fue Pedro Sánchez, que afirmó que esa subida era "irrazonable" y que España es un país fiable que cumpliría con sus compromisos. Aquella primera negativa supuso el inicio del beef entre ambos presidentes.
"Todos los países excepto España han aumentado al 5%. No sé por qué. Tendremos que hablar con España... Supongo que quieren un viaje gratis", aseguró entonces apuntando que la decisión de Sánchez era "una falta de respeto" para el resto de miembros. Tras ello, las amenazas arancelarias han estado presentes de forma continuada, pero el presidente del Gobierno logró que no se incrementara al 5% al contrario que el resto de países.
No a la guerra contra Irán
El sábado 28 de febrero Estados Unidos e Israel comenzaron los bombardeos contra Irán. Un elemento de tensión que parecía previsible que saltara en los últimos días y que, finalmente, ha intensificado la acción belicista desde entonces. Trump ha asegurado desde entonces que "no permitirá que Irán tenga armas nucleares", al puro estilo de la guerra de Irak de 2001 y los ataques persisten. De hecho, este lunes el presidente norteamericano aseguró "una nueva oleada" tras la operación 'Furia Épica'. "Ni siquiera hemos empezado a golpearlos con fuerza", decía.
En ese sentido, diferentes países europeos se han alineado con la Casa Blanca. El caso más sonado ha sido el presidente francés, Enmanuel Macron, que desestabilizó el territorio europeo con la siguiente afirmación: "No dudaré en usar el arma nuclear para proteger nuestros intereses vitales". A su lado, también se han posicionado Alemania y Reino Unido.
Ante esta situación, y de nuevo, el único que ha sido el verso disonante ha sido el Gobierno de España. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, marcaba la hoja de ruta que ha seguido el resto del Ejecutivo: "España va a mantener la posición. Condenamos la violencia del régimen iraní, hemos apoyado los derechos humanos y a las mujeres, pero la opción de EEUU e Israel no tiene encaje en la Carta de las Naciones Unidas. La democracia no viene de la violencia".
Pedro Sánchez cogía el guante de su ministro y publicaba en la red social X su condena a los ataques y al aumento bélico de los últimos días. "La violencia solo genera más violencia. Las bombas alcanzan objetivos militares, pero también calles, aeropuertos, colegios y hogares de civiles inocentes. Deben detener de inmediato esta espiral y volver al marco de la diplomacia y el diálogo", decía.
Esas frases también fueron trasmitidas en la gala de los Goya e incluso diferentes medios internacionales se hicieron eco de la noticia. Por ejemplo en Italia, donde se admiraba la labor del presidente. "España tenía todas las razones para inclinar la cabeza y decir que sí, para vivir en paz, para no irritar a Trump", aseguraban.
No al uso de las bases de Rota y Morón
El llamado al retorno de las negociaciones no fue la única línea disruptiva en relación a Estados Unidos. En las últimas horas Sánchez ha incrementado esa distancia con la Casa Blanca. La ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmaba este lunes con rotundidad que España vaya a ceder las bases de Roto y Morón para el ataque estadounidense a Irán y que sólo podrán usarse cuando se opere dentro de la legalidad internacional y de la Carta de Naciones Unidas. "Rotundamente no, en las bases que hay en Morón de la Frontera (Sevilla) y en Rota (Cádiz) no se ha dado ningún tipo de asistencia", afirmaba.
"No podemos apoyar en ningún caso un régimen como el que hay en Teherán. Dicho eso, entendemos que la fórmula no puede ser nunca el ejercicio de la violencia, sea quien sea la persona sobre la que se ejercita la violencia", proseguía en línea con el ministro de Asuntos Exteriores que apuntaba a que "no se van a utilizar las bases españolas para nada que no esté dentro del convenio. Las bases no se están utilizando para esta operación militar. El Gobierno de España no va a usar las bases para lo que está ocurriendo estos días en Irán" y que la última decisión siempre será la que tome España.
De hecho, Estados Unidos ha retirado al menos 15 aeronaves militares de las bases conjuntas de Base Naval de Rota (Cádiz) y Base Aérea de Morón (Sevilla) después de que el Gobierno español comunicara que no autoriza el uso de esas instalaciones para la ofensiva contra Irán.
Todas estas negativas han despertado el recelo de la oposición española. El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, justificaba el domingo el ataque de EEUU e Israel y criticaba a Sánchez por "no posicionarse con las democracias liberales". "Algo falla cuando Hamás, los hutíes y el régimen iraní aplauden al Gobierno", decía alineándose con las frases habituales que emplea Vox y la extrema derecha europea en los términos contra el líder del Ejecutivo.
Palestina y Venezuela, tampoco
En el caso palestino, el Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido una posición que ha chocado frontalmente con la línea marcada por Donald Trump. Mientras Washington reforzaba su apoyo sin matices a Israel, Madrid ha defendido de forma reiterada la solución de los dos Estados y ha elevado el tono ante la situación humanitaria en Gaza. Además, España ha apostado por el reconocimiento del Estado palestino como vía política para desbloquear el conflicto, alineándose con socios europeos y distanciándose de la estrategia estadounidense en Oriente Próximo.
Esta postura ha tenido implicaciones diplomáticas relevantes. La Moncloa ha insistido en que cualquier respuesta al conflicto debe ajustarse al derecho internacional, una visión que contrasta con decisiones unilaterales impulsadas desde la Casa Blanca. El respaldo explícito al reconocimiento de Palestina ha sido interpretado en círculos republicanos como un gesto incómodo hacia Israel y, por extensión, hacia la administración Trump.
Venezuela también ha sido un punto de fricción indirecto. Frente a la política de máxima presión de Washington contra el Gobierno de Nicolás Maduro, al que capturaron a principios de enero, el Ejecutivo español ha defendido una salida negociada y democrática a la crisis venezolana, evitando respaldar aventuras desestabilizadoras como las estadounidenses. Aunque España ha sido crítica con la deriva institucional en Caracas, ha apostado por el diálogo como herramienta central.
Así, tanto en Palestina como en Venezuela, la estrategia de Sánchez ha seguido un patrón común que asentó su estrategia e imagen internacional: priorizar la vía diplomática, el multilateralismo y la negociación frente a la confrontación directa.
Las diferencias entre Trump y Sánchez siguen acentuándose con el paso de los meses donde el primero encabeza las acciones militares en todo el mundo y el segundo se convierte en un faro de rechazo a la guerra.