Feijóo y su bucle infinito ante una "situación agónica": una moción de censura en el aire y retos a los socios del Gobierno
El líder del Partido Popular observa como todo a su alrededor salta por los aires. Juicios, investigaciones de la UCO, imputaciones a expresidentes... "Un Ejecutivo agónico", en sus propias palabras. Sin embargo, la vida sigue igual...

Da igual lo que suceda en el Ejecutivo, en el Partido Socialista o en las elecciones autonómicas. Lo cierto es que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, mantiene la misma posición de siempre: la del primer día, la del último o, en realidad, la de cualquier día. Después de que en las últimas semanas el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, haya sido imputado por la Audiencia Nacional y de que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil entrara este miércoles en la sede socialista de Ferraz por un requerimiento relacionado con el caso de Leire Díez, la postura de los populares apenas ha variado en un matiz: elevar aún más el tono contra el Gobierno, si es que eso era posible.
El revuelo en las filas populares es evidente, al igual que la sensación de euforia ante el creciente desgaste del Ejecutivo. Ya la semana pasada informábamos en El HuffPost de que el entusiasmo se había desatado en la bancada del PP tras la imputación de Zapatero. "Cabeza fría, esto va a ser largo; no caigamos en la ansiedad", trasladaba Feijóo a los suyos hace unos días. En otras palabras, los movimientos del PP permanecen congelados a la espera de que el deterioro político del Gobierno se vuelva insostenible. Cuándo podrían cambiar de estrategia es una incógnita incluso dentro de sus propias filas.
Mientras tanto, la formación popular ha optado por endurecer aún más su discurso contra el Ejecutivo y sus socios parlamentarios. "Mis planes los conozco, los tengo claros. He dicho que haré todo lo posible para que acabe este Gobierno. Espero que puedan cambiar los planes de los socios, que están apoyando a un Gobierno que apesta", afirmaba Feijóo a su llegada al Congreso tras conocerse la actuación en Ferraz. El líder popular añadió entonces que "estamos en una situación agónica" y denunció que "se está poniendo en cuestión la decencia no sólo del Gobierno, que es un Gobierno indecente, sino también del PSOE, al que Sánchez ha llevado a la absoluta indecencia", advirtiendo además de un supuesto "riesgo de contagio".
A lo largo de la semana, Feijóo ha insistido en esa línea argumental. "España está abochornada por los escándalos, pero también por la nula altura moral de quien los ha protagonizado, de quien los ha amparado y de quien los ha consentido", ha asegurado, recalcando que "todo el mundo" ve a España como "un nido de corrupción organizada internacional", algo que, según él, afecta gravemente a la reputación del país.
Pese a la contundencia de las declaraciones, el Partido Popular todavía no ha iniciado una ronda de contactos con los socios parlamentarios del Gobierno para explorar una posible moción de censura. Este mismo jueves, Junts ha reconocido que "Feijóo no ha preguntado al partido por ese movimiento". Se trata, además, del único aliado potencial que podría contemplar esa opción, ya que el resto de socios del Ejecutivo han reiterado públicamente que bajo ningún concepto apoyarían una iniciativa encabezada por el líder popular y sustentada con la extrema derecha. Por ello, Feijóo ha dirigido buena parte de sus críticas hacia esas formaciones: "Los socios de Sánchez tienen que decidir qué pesa más: su conveniencia política o su responsabilidad democrática".
A pesar de la gravedad de los últimos acontecimientos, fuentes de Génova citadas por EFE aseguran que ni Feijóo ni la dirección del PP tienen prisa por precipitar el desenlace. Consideran que la única vía para un cambio de Gobierno pasa por una convocatoria electoral o por un deterioro político irreversible del Ejecutivo. Según esas mismas fuentes, el líder gallego no ha llegado hasta aquí "por precipitarse" en su carrera política.
Sémper, Ayuso o 'la prudencia'
Dentro del propio Partido Popular tampoco existe una posición completamente uniforme sobre cómo actuar ante el devenir de los acontecimientos. El portavoz nacional, Borja Sémper, ha afirmado también este jueves que "no renunciamos a ningún escenario", aunque admitía que el PP sigue sin contar con una mayoría suficiente para sacar adelante una moción de censura, dado que los socios del Gobierno continúan rechazando esa posibilidad.
En paralelo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha abierto este jueves la puerta a una estrategia alternativa. "Sánchez es corrupción y en este punto solo cabe una cuestión de confianza y elecciones. España sufre corrupción de Estado; el auto conocido ayer deja claro que estamos ante el mayor ataque a la democracia española", ha declarado durante un encuentro informativo organizado por El Mundo. Ayuso ha defendido que una cuestión de confianza serviría para comprobar si el presidente mantiene realmente el respaldo parlamentario y ha acusado a los socios del Ejecutivo de "engañar" a la ciudadanía con "falsas líneas rojas" que, a su juicio, nunca han existido.
La dirigente madrileña también se mostró muy escéptica respecto a la posibilidad de que partidos como Junts o el PNV terminen retirando su apoyo al Gobierno. "Si fuera por principios, la derecha catalana no habría pactado hace mucho tiempo con los comunistas", ha afirmado. Además, fue un paso más allá al justificar por qué, en su opinión, el Ejecutivo evita convocar elecciones: "No pueden llevarnos a unas elecciones con un proceso completamente garantista, sin todas las trampas ya articuladas para el 27, sin enredos y en igualdad de condiciones".
En este contexto, el Partido Popular parece decidido a esperar a que el desgaste político siga haciendo su trabajo. La estrategia, sin embargo, no está exenta de riesgos, especialmente cuando todavía queda aproximadamente un año para las próximas elecciones generales, siempre y cuando Pedro Sánchez mantenga su intención de agotar la legislatura. Desde Génova, según fuentes recogidas por EFE, resumen así su planteamiento: "Que el PSOE pague en lo judicial y los socios en lo político".
Con todo, el Partido Popular afronta un delicado equilibrio entre la presión política y la prudencia estratégica. Mientras endurece su discurso y trata de capitalizar el desgaste del Gobierno, evita dar pasos que puedan resultar precipitados o contraproducentes. La incógnita ya no es solo cuánto resistirá el Ejecutivo, sino también cuánto tiempo estará dispuesto el principal partido de la oposición a esperar antes de mover ficha definitivamente y si esta será efectiva.
