4.200 vecinos y un millón de visitantes al año: el plan de Santillana del Mar para evitar morir de éxito turístico
Ahora apuestan por el "semáforo turístico".
La masificación turística ya no es solo un problema de grandes capitales europeas o destinos de playa saturados. También afecta a pequeños municipios históricos que viven del turismo, pero que empiezan a preguntarse cuánto más pueden soportar.
Santillana del Mar, uno de los pueblos más visitados de Cantabria y de toda España, se ha convertido en uno de los últimos ejemplos de ese delicado equilibrio entre economía turística y convivencia.
Con apenas 4.200 habitantes, este municipio recibe alrededor de un millón de visitantes al año. Una cifra gigantesca para un casco histórico medieval de calles estrechas, tráfico limitado y servicios pensados para una población mucho más reducida.
Por eso mismo, Santillana tiene un plan. Ante esa presión creciente, el Ayuntamiento ya trabaja en nuevas fórmulas para evitar "colapsar", según cuenta su alcaldesa, Sara Izquierdo, en declaraciones a Cadena SER.
Un pueblo de 4.200 habitantes que recibe 172.000 turistas en agosto
Santillana del Mar lleva años consolidada como una de las grandes joyas turísticas del norte de España. Su patrimonio histórico, su cercanía a Altamira y el impulso de espacios como el Geoparque Costa Quebrada han multiplicado todavía más su atractivo.
Pero el éxito empieza a generar tensiones. "En épocas como el verano, en un mes de agosto, podemos llegar a recibir 172.000 personas", expone la alcaldesa. Y el fenómeno ya no se limita únicamente a la temporada alta: "En diciembre también tenemos 77.000 personas".
El principal problema no es solo la cantidad de visitantes, sino cómo se concentra su llegada en determinados momentos del día y del año. Aparcamientos saturados, calles colapsadas y dificultades para la vida cotidiana de los vecinos forman ya parte del paisaje habitual durante los fines de semana y festivos.
El "semáforo turístico" como herramienta disuasoria
Ante esta situación, el municipio ha comenzado a aplicar herramientas para intentar gestionar mejor la afluencia. Una de ellas es el llamado "semáforo turístico", impulsado desde la Asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España.
La idea es sencilla: avisar en tiempo real cuando el pueblo está saturado para intentar frenar nuevas llegadas. "Cuando el municipio está colapsado, por ejemplo, con una masificación de vehículos que ya no tienen dónde aparcar, pues tú alertas de que no hay dónde aparcar", explica Izquierdo.
El aviso se realiza a través de la página web municipal y las redes sociales. "De esta manera, tú lo que haces es disuadir para no colapsar", matiza. Por lo tanto, no se trata de prohibir la entrada, sino de repartir mejor los flujos turísticos y evitar situaciones límite.
Palabras clave: redistribución y desestacionalización
El Ayuntamiento insiste en que el objetivo no es reducir el turismo, sino redistribuirlo durante todo el año. Para ello trabajan en un plan de sostenibilidad basado en congresos, eventos y actividades fuera de temporada alta.
"Esto se consigue a través de experiencias y de la desestacionalización", defendió Izquierdo. La intención es que Santillana siga siendo un motor económico sin perder su identidad como pueblo habitado.
Porque el gran dilema ya no es atraer turistas, sino gestionar el éxito. "Santillana es un pueblo vivo donde viven personas", recuerda la alcaldesa, quien resume el desafío en una frase que cada vez se escucha más en muchos destinos turísticos: “Hay que convivir y trabajar, pero sin masificar”.