La Junta de Paz para Gaza, ese club alejado de la realidad y lleno de oportunistas
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La Junta de Paz para Gaza, ese club alejado de la realidad y lleno de oportunistas

El presidente de EEUU, Donald Trump, ha presentado esta semana el órgano que ha de encargarse de pilotar la segunda fase del alto en fuego entre Israel y Hamás, sin aval de países occidentales y con el riesgo de asumir competencias de la ONU.

El presidente de EEUU, Donald Trump, sostiene el acta de nacimiento de la Junta de Paz para Gaza, rodeado de parte de los firmantes, el 22 de enero de 2026, en Davos (Suiza).Jonathan Ernst / Reuters

Otra vez la narcisista firma picuda rubricando un documento. Otra vez los fastos y los aplausos. Este jueves, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó en el marco del Foro de Davos (Suiza) los estatutos de la llamada Junta de Paz para Gaza, el órgano que se supone que debe encargarse de pilotar la segunda fase del alto en fuego entre Israel y Hamás en la franja palestina. Pero, tras el dorado de su logotipo, lo que hay es, otra vez también, servidumbre mundial y desconexión plena con la realidad.

El club nace débil, desinflado por el nulo respaldo occidental mostrado hasta el momento, y marcado por la inexperiencia o, peor, la mala experiencia de sus componentes en Oriente Medio. También, por la ausencia de los palestinos, esos cuya vida va a depender de lo que la junta dicte, y que no tienen una representación propia en el estamento. Parece diseñado para elevar el ego y la ambición del republicano, empecinado en que le den el premio Nobel de la Paz aunque sea con una salida que es un parche (nada de justicia), y para contentar a una serie de mandatarios y empresarios (el ladrillo pesa) que quieren quedar bien con Washington y medrar sobre los 70.000 asesinados y los heridos que aún sobreviven. 

A las lagunas sobre sus competencias o el papel de los gazaríes, a la pobreza de los apoyos, se suma el temor a que la junta quiera aplicar un poder absoluto, que desplace incluso a las Naciones Unidas en la zona, cuando tienen y han tenido un papel fundamental en el conflicto palestino-israelí, desde 1947

Además de presentar en sociedad la junta y dar por comenzada la nueva fase del proceso de paz (pese a que la primera sigue incompleta, como demuestran las muertes de palestinos por ataques de Israel o la escasa entrada de ayuda humanitaria), EEUU planteó entre las nieves suizas su plan para el futuro de Gaza, del que se ha encargado Jared Kushner, mediador estadounidense, parte de los nuevos órganos, yerno de Trump y empresario con enormes intereses en la región.  

Si alguien creía que la Casa Blanca había metido en un cajón su plan de una Riviera en la franja, a las orillas del Mediterráneo, se equivocaba: es justo esa la visión de Trump, una especie de Dubai a la palestina, con cuatro grandes ciudades, un aeropuerto, un puerto marítimo y un centro de transporte, todo presentado en imágenes generadas por inteligencia artificial, todo pactado ya con contratistas que se han alistado, calladamente, en una carrera frenética para asegurar negocios, de logística sobre todo. Todas las claves de la "nueva Gaza" las explica en este análisis nuestro compañero Jorge Álvarez

La única diferencia de lo anunciado hace casi un año es que ahora no se habla de echar a los palestinos de Gaza, lo que hubiera supuesto un desplazamiento forzoso de población, penado por el derecho internacional. Lo demás, es lujo y negocio. Ese será el fin de la junta y todo lo que le rodea, y siempre lo fue. "Les digo que soy un inmobiliario de corazón... miren esta ubicación junto al mar...", decía Trump a su auditorio en el foro económico, con ojos golosos. "La gente que vive allí tan pobremente va a estar bien", fue la única alusión que hizo al pueblo palestino. 

De qué hablamos cuando hablamos de la Junta de Paz

Para entender lo que supone el plan de Trump, primero hay que definir qué es esta nueva Junta de Paz para Gaza. El presidente de EEUU propuso inicialmente este órgano cuando anunció el acuerdo de alto el fuego Hamás-Israel, el 10 de octubre pasado, y dijo que sería una entidad que supervisaría la fase dos de su (mal llamado) plan de paz para la zona. Desde entonces, sin embargo, se ha transformado en un ente con un mandato mucho más amplio.

En noviembre pasado, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó este órgano como parte de un plan más amplio que incluía el establecimiento de una fuerza de seguridad en Gaza. Rusia y China se abstuvieron. El estatuto actual, según se lee en el documento final, no hace mención directa a la franja palestina, entre otras cosas porque ahora se piensa que su papel se puede ampliar para solventar más conflictos. 

Lo que sí dice es:

  • Que se le otorga un mandato amplio para una nueva organización internacional que "busca promover la estabilidad, restablecer un gobierno confiable y legal y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos".
  • Que Trump presidirá la junta y podrá ser reemplazado como presidente sólo a través de "renuncia voluntaria o como resultado de incapacidad, según lo determine el voto unánime de la Junta Ejecutiva". Es más: el neoyorquino puede seguir siendo su líder incluso si deja la presidencia de EEUU, puesto que el cargo es vitalicio. 
  • Que cada estado miembro "cumplirá un mandato de no más de tres años", con excepción de aquellos "que contribuyan con más de mil millones de dólares". Si pagas, tienes más derechos. 

La cuenta de Respuesta Rápida de la Casa Blanca en X indicó que no se trataba de una "cuota mínima de membresía para unirse a la Junta de Paz". Y añadió que la contribución de mil millones de dólares "simplemente ofrece membresía permanente a los países socios que demuestran un profundo compromiso con la paz, la seguridad y la prosperidad".

Unos niños palestinos, entre los escombros de una vivienda atacada por Israel en el centro de la franja de Gaza, el 9 de enero de 2026.Mahmoud Issa / Reuters

Los países... 

EEUU ha invitado a participar a más de 60 países, de los que, de momento, han aceptado casi una veintena. De ellos destaca que hay más de uno y más de dos que podrían calificarse de autoritarios o que, al menos, tienen instituciones democráticas poco sólidas. La lista de lideres -sólo una lideresa- que asistieron a la puesta de largo del proyecto y que lo firmaron es la que sigue: 

  • Isa bin Salman bin Hamad Al Khalifa, ministro de la Corte del Primer Ministro, Bahréin.
  • Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos.
  • Javier Milei, presidente, Argentina.
  • Nikol Pashinyan, primer ministro, Armenia.
  • Ilham Aliyev, presidente, Azerbaiyán.
  • Rosen Zhelyazkov, primer ministro de Bulgaria.
  • Viktor Orban, primer ministro de Hungría.
  • Prabowo Subianto, presidente, Indonesia.
  • Ayman Al Safadi, ministro de Asuntos Exteriores de Jordania.
  • Kassym-Jomart Tokayev, presidente, Kazajistán.
  • Vjosa Osmani-Sadriu, presidenta, Kosovo.
  • Mian Muhammad Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán
  • Santiago Peña, presidente, Paraguay
  • Mohammed Bin Abdulrahman Al Thani, primer ministro de Qatar.
  • Faisal bin Farhan Al Saud, ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudita.
  • Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores de Turquía.
  • Khaldoon Khalifa Al Mubarak, enviado especial de los Emiratos Árabes Unidos a Estados Unidos.
  • Shavkat Mirziyoyev, presidente, Uzbekistán.
  • Gombojavyn Zandanshatar, primer ministro, Mongolia.
  • Bui Thanh Son, viceprimer ministro de Vietnam.

A ellos habría que sumarle a una de las partes en conflicto, Israel, que tras un intenso debate interno en el seno de su Ejecutivo ha dado el paso. No quería, porque entiende que no hay avances en el desarme de Hamás que justifiquen esta segunda fase y porque le falta por recibir el cuerpo de un rehén de los secuestrados por el partido-milicia en sus atentados del 7 de octubre de 2023 (se llamaba Ran Gvili y era policía).

No, no hay pesos pesadísimos de la geopolítica mundial. España, Reino Unido, Francia, Noruega, Suecia, Bélgoca y Eslovenia se encuentran entre los países que han indicado que no se unirán inmediatamente al organismo. Canadá recibió una invitación de Trump para adherirse, pero ha sido retirada después de que su primer ministro, Mark Carney, se le pusiera firme en Davos. "Hay una tendencia a apaciguar, a evitar problemas. Es un error", dijo en referencia al afán de EEUU de hacerse con Groenlandia. 

La mayoría de ellos se han desmarcado, así, de la camarilla de Trump, aunque por ser educados aducen que una decisión así debería ser debatida en casa y, posiblemente, aprobada por el parlamento, como le ha pasado a la italiana Giorgia Meloni. 

China no ha contestado a la carta y Rusia, por su parte, está pensándose que hace. Sólo el hecho de que la hayan invitado rompe el aislamiento internacional al que está sometida desde hace casi cuatro años por su invasión de Ucrania. Su presidente, Vladimir Putin, ha ofrecido 1.000 millones de dólares, un dinero que provendría de los activos congelados en EEUU, para ayudar a los palestinos. 

Los que sí están, hay que ser francos, tienen sus motivos y no son el bien de Gaza: están los que dependen de la voluntad de Washington para su supervivencia, como Argentina o Vietnam; los que le deben un favor personal a Trump (Bielorrusia, a la que ha levantado sanciones internacionales); los que tienen de mediador a EEUU en sus conflictos internos (Azerbaiyán y Armenia) o tienen negocios suculentos en marcha y conflictos internos en los que Trump ayuda (Kazajustán o Marruecos), más los que son ideológicamente cercanos a MAGA (como Hungría). 

El bloque árabe era esperable, son los mismos Estados que apoyaron la hoja de ruta de 20 puntos de la que parte todo y que son indispensables para mediar con la ANP y con Hamás. Israel no quería tener que tratar con Ankara o Doha, pero ha tenido que tragar. 

... y los que toman decisiones

La Junta de Paz cuenta con el apoyo de una junta ejecutiva fundadora, un comité ejecutivo que debe "hacer operativa la visión de la Junta de la Paz". Trump, claro, está a la cabeza, aunque cuando anunció la tregua al lado del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la Casa Blanca, ya avisó de que es un señor ocupado y llegará hasta donde llegue. 

Los demás componentes son: 

Los tres primeros son los esperados, el trío en el que Trump confían toda su política exterior. El nombre del británico Blair ya salió a la luz cuando se difundió la idea de la junta y se habló de que él la comandaría, pero las críticas recibidas han edulcorado su papel: no pueden darle más a un hombre rechazado en Oriente Medio por su papel en la invasión de Irak, por ejemplo. 

Los curiosos son los demás nombres, destacando a Rowan, un financiero de Wall Street que ayudó con sus presiones a limitar las protestas contra las operaciones de Israel en Gaza en los campus norteamericanos el pasado año. Su independencia, por tanto, queda comprometida, a ojos de los partidarios de Palestina. Su empresa es una importante firma de capital privado con sede en Nueva York y fue uno de los barajados como candidato a secretario del Tesoro de EEUU en el presente mandato trumpista. 

Banga le hace quedar bien: fue director ejecutivo de Mastercard y ocupa su cargo actual tras ser nominado por Joe Biden, el demócrata antecesor de Trump. También ha sido asesor político, entre otros, de Barack Obama

Gabriel, al fin, es un cercado a Trump, lo aconseja en Seguridad Nacional y lleva trabajando con el presidente desde su primera campaña, en 2016. 

Hay un hombre más que hay que retener, el de Nickolay Mladenov, que no formará parte de la Junta Ejecutiva, pero si será el alto representante de la Junta de Paz sobre el terreno en Gaza. Este político búlgaro y exenviado de la ONU para Oriente Medio supervisará un comité tecnocrático palestino independiente de 15 miembros, el llamado Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), encargado de gestionar la gobernanza diaria de la Gaza de posguerra, que rendirá cuentas sí o sí a la junta de Trump. 

El NCAG estará dirigido, a su vez, por Ali Shaath, exviceministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que gobierna úncamente en partes de la Cisjordania ocupada que no están bajo control israelí. Hamás está al frente de Gaza desde 2007, tras ganar las elecciones. 

A él se suma Sami Nasman, un alto oficial de seguridad retirado de la ANP,  que fue condenado en ausencia por un tribunal de Gaza a 15 años de prisión por incitar al caos y presuntamente orquestar intentos de asesinato contra líderes de Hamás, según informa el diario Asharq al-Awsat . Nasman ha permanecido en el exilio desde entonces. Son los únicos nombres palestinos destacados en un organigrama donde los que sufren lo por venir son invisibles. 

Retos, muchos retos

Con el anuncio de la Junta, Trump da por iniciada la fase 2 de la tregua en Gaza, que quiso adelantar a Navidad pero se retrasó en buena parte por presiones de Israel. Es uno de los retos que colean de la fase uno, justamente: saber qué quiere Tel Aviv, si se compromete de veras con el proceso o sólo entretiene a su amigo americano para no tener problemas en un año que cerrará con elecciones. 

Netanyahu tiene el reto doble de mantenerse como aliado de Trump y, a la vez, mantener viva su coalición de Gobierno, ultranacionalista y religioso, que no estaba de acuerdo ni con el alto el fuego. Sus socios se quedaron, aún así, hasta propiciar la salida de los rehenes de Hamás (se llevó a 250 personas el 7-O), pero ahora no quieren avanzar en el plan de Gaza. Al contrario, prefieren colonizar la franja de nuevo. Hay quien quiere que se rompa la tregua, hay quien pide control de Israel y nada de reconstrucción, esa que el Banco Mundial cifra, como poco, en 70.000 millones de dólares. Algunas voces más radicales han pedido incluso el cierre de la base de EEUU en el sur del país, desde donde se supervisa el proceso en la franja. 

Netanyahu garantiza que habrá desarme de Hamás y las demás milicias armadas palestinas y que va a crear una zona de amortiguación que hará imposible que se repita otra catástrofe. Pero puede que al premier le cueste vender el cambio de pantalla: qué pasa si hay un control internacional en la franja, y no propio, por ejemplo. Y qué pasa si tiene que abrir forzosamente el paso de Rafah, tanto de salida como de entrada, como la Casa Blanca ha anunciado que pasará ya la semana que viene, cuando sus socios no quieren ni ver comida en manos de los gazatíes. 

El problema del desarme es, con mucho, el más serio políticamente hablando. Kushner ha garantizado que se hará en los primeros cien días de trabajo de la junta, pero a priori el plazo se ve corto. Entregar todo, cuando Israel aún domina el 60% de la franja, asumiendo promesas que nadie sabe si se cumplirán, parece un suicidio para Hamás y los suyos. 

Según el plan del marido de Ivanka Trump, Hamás deberá entregar primero las armas pesadas y luego irá gradualmente facilitando las ligeras, sin dar plazos concretos. Hasta el momento, ha aceptado deshacerse del armamento pesado, que califica de "ofensivo" y está muy mermado tras dos años de bombardeos israelíes, mientras que se ha mostrado reticente con las armas ligeras o "defensivas". 

Analistas israelíes y fuentes palestinas consultadas por EFE coinciden en esa debilidad, "pero mientras los primeros afirman que el grupo aún tiene suficientes para controlar la Franja, incluyendo armamento pesado, las segundas aseguran que fundamentalmente posee de autodefensa". Un responsable de Hamás en Gaza, que habló bajo condición de anonimato, explica a la agencia, sin entrar en detalles, que la organización tiene "armas sencillas" para defenderse. Israel, reconoce, ha destruido "muchos componentes de la infraestructura de la resistencia (milicias palestinas como Hamás) en Gaza".

"Sin duda, las capacidades de Hamás son mucho menores que cuando atacó el 7 de octubre (de 2023) con pequeños cohetes o proyectiles imprecisos", dice, por su parte Hamada Jaber, analista político palestino. Para el analista israelí Michael Milshtein, Hamás casi no tiene ya ni cohetes, ni drones, ni buques, pero sí armas ligeras -como fusiles, granadas o explosivos- "suficientes para controlar Gaza".

David Hacham, que fue asesor de seis ministros de Defensa israelíes, destaca, por su parte, que poseen cantidad de fusiles de asalto tipo kalashnikov y opina que aún dispone de cohetes para atacar y muchos kilómetros de túneles en la zona que no controla Israel. 

Un responsable palestino en El Cairo, que también pidió el anonimato, dijo al medio español que se podría "aceptar discutir la entrega de armamento pesado de Hamás a la Autoridad Nacional Palestina o a Egipto", pero se mostró más reticente a la entrega de las armas ligeras. Hay una cosa clara: el negociador Witkoff anunció la segunda fase del acuerdo de alto el fuego de la misma manera que anunció el propio alto el fuego, o sea poniendo toda la responsabilidad a Hamás para que lo cumpliera. No a Israel. 

A todo esto, es además fundamental saber cómo va a ir uno de sus puntos más críticos de esta fase: la composición y el despliegue previsto para enero de la Fuerza Internacional de Estabilización (FIE). Según diversos informes, se espera que EEUU supervise una misión que se centrará en tres etapas:

  • Estabilizar la situación de seguridad mediante amplios despliegues en Gaza, la supervisión del orden público y el entrenamiento de las fuerzas policiales palestinas a fin de prevenir la anarquía y la reconstrucción de la infraestructura terrorista.
  • Liderar el desarme de las facciones armadas palestinas y también establecer un mecanismo de vigilancia continua para impedir el rearme.
  • Ayudar a la Junta de Paz y/o a otros órganos civiles a transferir la autoridad local a la Autoridad Palestina, inicialmente en forma de un comité tecnocrático temporal y posteriormente a través de instituciones reformadas a la ANP, permitiendo así el establecimiento de un Gobierno palestino moderado y responsable en Gaza.

Sin embargo, aún se desconoce qué países aceptarán participar, bajo qué condiciones se desplegarán y en qué lugares específicos (se habla de Italia, Pakistán, Indonesia y Bangladesh, pero no hay confirmaciones). 

Por el flanco de Netanyahu, queda también por cumplir. Mucho. En lo básico, en realidad, que es la vida y la dignidad. Aparte de no abrir Rafah al paso de la ayuda humanitaria o de no dejar salir a pacientes que necesitan asistencia médifca fuera, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Palestina constata que 475 palestinos han perdido la vida por acciones de Israel desde el 10 de octubre pasado y se han sumado 1.301 heridos. 

A pesar de las promesas y acuerdos para un flujo libre e inmediato de ayuda, la cantidad de camiones que ingresan diariamente está muy por debajo del mínimo de 600 a 900 camiones necesarios para cubrir las necesidades básicas de la población. ONG como Médicos Sin Fronteras (MSF) han denunciado que Israel ha bloqueado o retrasado el registro y la entrada de personal y suministros vitales. Incluso se ha reportado el bloqueo de alimentos nutritivos esenciales como carne y lácteos.

Las organizaciones están trabajando en la distribución, pero enfrentan además enormes desafíos logísticos y de seguridad para operar dentro de Gaza, porque al daño de la guerra se han sumado las inundaciones y los hundimientos de infraestructuras. 

¿Cómo queda la ANP?

Como escribe el analista Ghaith al-Omari para el Washington Institute, la Autoridad Nacional Palestina intenta ahora "encontrar un equilibrio entre dos objetivos". Por un lado, "entiende que asumir el control de Gaza no es una opción, por lo que ahora busca un papel menor, pero aún visible, en la franja", por ejemplo, con la entrada de gente de confianza en ese comité tecnocrático apolítico previsto en el plan estadounidense, o participando activamente en la composición del comité.

Por otro lado, "desconfía de cualquier medida que pueda legitimar a Hamás". Es por ello, se ha resistido a la presión egipcia para concluir un acuerdo de reconciliación con el grupo, que El Cairo esperaba que ayudara a resolver cuestiones espinosas como la formación del comité tecnocrático y la desmilitarización de Gaza. En opinión de Ramallah (la capital administrativa palestina), dicho acuerdo brindaría al Movimiento de Resistencia Islñamica una vía para tomar el control de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), reconocida internacionalmente como el único y legítimo representante del pueblo palestino, "a la vez que deslegitimaría a la Autoridad Palestina a nivel internacional al asociarla con un grupo terrorista".

Tiene un problema el presidente Mahmud Abbas, y es que en EEUU no lo están ayudando a pasar por este problema. "Esto no sólo ayudaría a proteger a la Autoridad Palestina de la presión regional, sino que también respondería a las preocupaciones de los Estados árabes que no están dispuestos a intervenir en Gaza si Hamás mantiene algún papel", indica el experto.

Washington, por tanto, también necesita encontrar un equilibrio. "Permitir un papel operativo inmediato de la Autoridad Palestina iría en contra del plan estadounidense y demostraría que las demandas de Washington de reformar la Autoridad Palestina no son serias. Sin embargo, excluir completamente a la Autoridad Palestina favorecería los objetivos de Hamás y podría enfrentar la oposición de los Estados árabes". 

De momento, la tarea encomendada a Abbas es la que ya le puso Biden, pero redoblada y acelerada: hacer reformas, cambiar cargos, ser más efectivos y menos corruptos. Con eso, la promesa de un Estado palestino propio queda mientras en el aire, como las manzanas de Tántalo. 

El símbolo de la ONU, desde el exterior de su sede central en Nueva York (EEUU).John Minchillo / AP

¿Choca con la ONU?

"Este es uno de los organismos más trascendentales jamás creados", afirmó Trump en Davos, al vender su junta. El problema es que lo afirma denostando, en paralelo, el papel de la ONU, que es quien tiene el conocimiento y la cualificación de décadas para mediar en conflictos, buscar la paz y actuar en situaciones de emergencia, a través de agencias como la UNRWA, dedicada a los refugiados palestinos y cuya sede incluso ha tirado abajo esta semana Israel, en Jerusalén Este (ocupada). 

"Tenemos serias dudas sobre una serie de elementos de la Carta de la Junta de Paz relacionados con su alcance, su gobernanza y su compatibilidad con la Carta de las Naciones Unidas", dijo por ejemplo el jueves por la noche Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, en la rueda de prensa posterior a la reunión informal de líderes de los Veintisiete en Bruselas. 

La ONU, con 193 miembros, hace tiempo que perdió su papel de pacificador en jefe. Durante la última década, los esfuerzos de las Naciones Unidas se vieron frustrados por el estancamiento del Consejo, el creciente número de saboteadores y estados patrocinadores de guerras en todo el mundo, así como la constante erosión de su propia posición frente a los actores más poderosos del mundo, incluido EEUU. ¿Viene ahora a ocupar su papel?

Trump ha hecho declaraciones contradictorias al respecto: por un lado dice que está desaprovechada y que buscará fórmulas para mejorarla y, por otra, que podría superar sus competencias con esta junta que, lo dicen sus estatutos, parte para más cosas que para Gaza. 

Para los que ven el vaso medio lleno, este caso puede servir para abordar la esencial reforma del organismo para un tiempo nuevo, tras 80 años de vida. Para los que no, puede ser un clavo en su ataúd. 

MOSTRAR BIOGRAFíA

Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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