Venezuela sin Maduro, mes uno: todo lo que ha cambiado tras el arresto de EEUU
El país caribeño afronta una transición tutelada por Trump, que ha encontrado en Rodríguez una presidenta cooperadora y que se pliega a sus nuevos planes, sobre todo petroleros. Hay cierta apertura, hay cierta esperanza, pero aún sin la oposición.
Nicolás Maduro es hoy un grafiti en la pared, una sonrisa silenciosa en las pancartas que, tibiamente, reclaman su retorno a Caracas. El que fuera presidente de Venezuela empezó el año en el Palacio de Miraflores, dando entrevistas a la prensa internacional, y a los tres días del 2026 se encontraba secuestrado por la CIA norteamericana y camino de una sombría prisión neoyorquina junto a su esposa, la abogada Cilia Flores.
La operación Resolución o Determinación Absoluta de la Inteligencia y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cumple un mes, pero parece un año. Tal es la velocidad de los cambios en la política internacional que imprime Donald Trump en su segundo mandato en la Casa Blanca. El país caribeño afronta ahora una transición tutelada por Washington, que hace de perdonavidas a los chavistas que se mantienen en el poder: o tragas o sales como tu jefe, es el mensaje. Los que quedan, fieles oficialistas de décadas, se están plegando o "cooperando", como dice la nueva presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Mientras, EEUU le da la vuelta al mercado petrolero, se niega a facilitar elecciones, desdeña a la oposición de siempre y fuerza cierta apertura, como la amnistía de presos políticos recién anunciada, que genera un optimismo discreto entre los venezolanos de dentro y de la diáspora. Un aviso a navegantes, también, para otras naciones de la región, amenazados por Trump hasta que les saque lo que anhela.
En El HuffPost repasamos las transformaciones fundamentales que han traído estos 30 días de vuelco para Venezuela.
El golpe
La operación de EEUU, centrada en la captura de Maduro, formó parte de la actual campaña militar estadounidense en el Caribe, denominada Operación Lanza del Sur. La Administración Trump afirmó inicialmente que esta campaña más amplia buscaba para frenar el narcotráfico en el hemisferio occidental y de ahí, desde septiembre, los ataques a barcos que supuestamente portaban estupefacientes y a miembros de mafias, que en cinco meses han dejado al menos 1126 muertos.
EEUU nunca ha presentado pruebas de esa supuesta criminalidad, lo que ha llevado a diversas ONG y a la oposición demócrata a denunciar supuestas "ejecuciones extrajudiciales".
Sin embargo, la captura de Maduro dejó claro que sus verdaderos objetivos iban mucho más allá. Tras la aprobación de Trump para la intervención en Venezuela, las fuerzas estadounidenses emplearon 150 aeronaves para llevar a cabo ataques a gran escala contra múltiples objetivos en la capital, Caracas, en la noche del 3 de enero pasado.
La Fuerza Delta del Ejército estadounidense y agentes de la CIA capturaron a Maduro y a su esposa y los trasladaron inicialmente al buque de asalto USS Iwo Jima, estacionado en las cercanías. Posteriormente, ambos fueron trasladados a Nueva York, donde las autoridades los acusaron de liderar un "gobierno corrupto e ilegítimo" centrado en una importante red de narcotráfico que presuntamente introdujo miles de toneladas de cocaína en EEUU.
Los cargos
Una acusación formal de 25 páginas publicada el 4 de enero, el día antes de que comenzara el juicio a Maduro, alegaba que el líder venezolano trabajaba con cárteles de la droga para transportar miles de toneladas de cocaína a EEUU.
De ser declarado culpable, Maduro podría enfrentar incluso la cadena perpetua. Él y su esposa se declararon inocentes ante el tribunal y ambos afirmaron repetidamente su papel como presidente y primera dama, afirmando ser "prisioneros de guerra". El abogado de Maduro, por su parte, planteó "cuestiones sobre la legalidad de su secuestro militar". Ese mismo día, varios países, incluidos aliados de EEUU, condenaron la operación en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
Para Trump, sólo fue una "operación policial", pero aun cuando un país tenga órdenes de captura legítimas emitidas por sus tribunales, eso no confiere poder a sus fuerzas para entrar armadas en otro Estado soberano y efectuar arrestos.
Por eso Matthew C. Waxman, investigador principal del Council on Foreign Relations (un tanque de pensamiento norteamericano) y experto en derecho de seguridad nacional, recuerda que Washington no cuenta con el derecho internacional de su lado. "La Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza contra otro Estado, salvo con el respaldo del Consejo de Seguridad o en legítima defensa", declara. "Sin duda, el régimen de Maduro fue deplorable y sus actividades perjudicaron los intereses estadounidenses, pero la administración no ha presentado un argumento de legítima defensa que cumpla con los estándares internacionales", ahonda.
La próxima comparecencia judicial de la pareja está programada para el 17 de marzo. Independientemente de si la extracción de Maduro se considera legal o no. Una vez que está bajo custodia estadounidense, la legalidad internacional de su detención no tendrá mucha importancia para procesarlo, parece. Seguirá en el Centro de Detención Metropolitano Brooklyn (MDC) de Nueva York, llamado "el infierno en la tierra" por algunos de los que por allí pasaron. Curiosidad: es la cárcel en la que se suicidó el pederasta Jeffrey Epstein, en mitad de su proceso judicial, en 2019.
Su defensa podría alegar la inmunidad como jefe de Estado de Maduro, aunque no será fácil. Pero EEEUU reconoce a la vicepresidenta de Maduro como actual jefa de Estado, y la defensa puede utilizar esto como un argumento a su favor: ¿cómo puede reconocer a Rodríguez como líder de Venezuela y negar ese reconocimiento a quien estaba antes? No hay buenos antecedentes para él: en el caso United States vs Noriega (1990), la Corte Federal negó la inmunidad al entonces líder de facto de Panamá.
El nuevo Ejecutivo
Ya desde la mañana de ese 3 de enero, Venezuela es otra. Muerto Hugo Chávez y capturado Nicolás Maduro, el chavismo se veía descabezado de sus líderes principales. Quedaba, no obstante, un equipo de afines, tremendamente ideologizados, muy fieles durante décadas, para llevar las riendas.
Con las horas -y hasta que el periodismo o los libros de historia puedan recopilar todo lo ocurrido- se fue viendo que, forzosamente, este no había sido un golpe a ciegas, sino con cierta colaboración interna en el oficialismo. Así ha funcionado esto desde el primer día, con Delcy Rodríguez juramentada como presidenta encargada ante la "ausencia forzosa" de su predecesor.
En apariencia, muchas de las mismas personas siguen al mando, los aliados más cercanos de Maduro siguen en el gabinete y prácticamente han consolidado su control del poder. Dicho esto, este gobierno interino, ahora liderado por la que fuera número dos de Maduro, Rodríguez, se encuentra bajo una gran presión para hacer concesiones tanto a EEUU como a la oposición venezolana. No sólo hablamos de sanciones económicas si no se cumplen las exigencias estadounidenses, sino del puro riesgo de ser encarcelado o incluso asesinado.
Rodríguez sigue siendo apoyada, por ahora, por el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, que lleva 11 años en el cargo y controla la obediencia de las Fuerzas Armadas, que no se han sacado los pies del tiesto, por ahora y donde, calladamente, ha hecho hasta 28 "cambios significativos", según desvela la CNN. El investigador Rafael Uzcátegui, director del think tank venezolano Laboratorio de Paz, expone a este medio que "hay una gran crisis silenciosa" en el seno de las fuerzas armadas, que la mandataria trata de acallar, tras el fiasco de la protección a Maduro. Hay varias investigaciones internas abiertas.
También tiene el respaldo de Diosdado Cabello, ministro del Interior, convertido en el más impredecible de los chavistas: porque peleó contra Maduro para suceder a Chávez, porque tiene un enorme poder de base para movilizar la calle, porque quizá quiera levantarse, porque dicen que la CIA llevaba semanas negociando con él antes del ataque a Maduro.
La presidenta hace un equipo pesado con su hermano Jorge, que preside la Asamblea Nacional, y ha remodelado su Gobierno para hacerlo más a su medida: ambos están colocando a personas de confianza en puestos claves, con un pragmatismo extremo, que no mira incluso en sacrificar valores identitarios del movimiento chavista para recuperar la economía y su capital político. Por ejemplo, uno de los afectados por los cambios fue el empresario colombiano Alex Saab, por quien la Administración Maduro realizó una larga y costosa campaña para exigirle a EEUU su liberación. En la Guardia de Honor presidencial, en la Dirección de Contrainteligencia Militar y en la Fuerza Armada Nacional también ha habido cambios significativos.
Rodríguez también ordenó la reestructuración del sistema hídrico nacional, por lo que las compañías regionales pasarán a una gestión centralizada a cargo de Hidroven. Se trata de una "medida urgente, excepcional y necesaria para garantizar a la población el pleno disfrute de sus derechos en materia de prestación del servicio de agua potable y saneamiento", un cambio que, de no funcionar, puede ser socialmente muy sensible.
Para calmar los ánimos, Rodríguez insiste en que está siguiendo una hoja de ruta que el propio Maduro diseñó, en previsión de acabar como ha acabado.
¿Y la oposición?
Lógicamente, la salida de Maduro generó el entusiasmo entre los opositores venezolanos, pero su alegría se disipó en pocas jornadas, cuando vieron que Trump apostaba por la continuidad en Miraflores. Con la cara desencajada quedaron quieres vieron jurar a Delcy, nada menos. Mismo perro con distinto collar, entienden.
La disidencia está hoy encabezada por María Corina Machado, a la que en octubre se le concedió el premio Nobel de la Paz "por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia", y por Edmundo González Urrutia, que fue su candidato en las elecciones de 2024, reconocidas como fraudulentas por buena parte de la comunidad internacional. Pero ninguno de ellos ha sido escuchado en el nuevo proceso que condicionará el futuro de su país.
Los opositores han reclamado elecciones libres y democráticas, pero ha sido directamente Trump el que ha echado agua helada a esas aspiraciones. "Yo estoy al mando", repite, insistente. Rodríguez está constitucionalmente obligada a convocar nuevas elecciones en un plazo de 30 días desde su toma de posesión, pero eso, por ahora, no se va a cumplir.
Para tener comicios competitivos y justos, aparte de voluntad política, hay otras cosas que deben cambiar primero. Por ejemplo, es necesario levantar la censura de los medios para que no sean sólo los políticos del partido gobernante los que hablen en radio y televisión, como está sucediendo ahora mismo. También hay 60 sitios web censurados en Venezuela, como denuncia reiteradamente Reporteros Sin Fronteras (RSF). Eso tendría que cambiar.
Además, claro, se necesita un organismo electoral que cuente los votos correctamente. Eso que no ocurrió en las elecciones de 2024, cuando los oficialistas afirmaron que Maduro había ganado, pero nunca presentaron pruebas que lo respaldaran. Ni un acta. Los opositores dicen, en cambio, que se han hecho con buen a parte de ellas y se constata su victoria.
Al fin, también se necesita un sistema judicial independiente. Por ejemplo, en aquellas elecciones, a varios líderes de la oposición se les prohibió participar, incluyendo Machado. Urrutia fue el tercer candidato, un descarte, tras la maniobra de jueces que básicamente obedecían las órdenes del partido gobernante.
El Gobierno actual y la presión que ejerza la Administración Trump sobre ellos son la clave para lo por venir. Machado, por ahora, sigue en el exterior, tras escapar en una operación en la que contó con la ayuda de Washington para ir a recoger su Nobel. Luego, el pasado 15 de enero, fue a la Casa Blanca para hablar con el mandatario norteamericano y entregarle su medalla, avalando su supuesto papel de pacificador.
Por ahora no ha surtido efecto. La opositora insiste en que Trump "cuenta" con la disidencia en el futuro de Venezuela, pero en el presente eso no se ve. Lo más allá que ha ido, el 31 de enero, fue cuando sugirió que podría "juntar" al chavismo y a la oposición para acercar posturas para una transición democrática.
"Tenemos que hacer algo con esto. Quizás juntar a las partes y hacer algo", respondió a la prensa a bordo del Air Force One. Trump agregó que Machado "es una muy buena persona y, al mismo tiempo, el liderazgo actual está haciendo un muy buen trabajo", agregó sobre la presidenta interina, Rodríguez.
Un tiempo nuevo
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha informado de que su país tiene un plan de tres fases para Venezuela, que pasan por la "estabilización", la "recuperación" y la "transición". Lo que nadie sabe es qué plazos se manejan en la Casa Blanca.
En una entrevista con el New York Times, el propio Trump abrió la puerta a que sea un proceso de años. A la pregunta directa de si puede ser que su tutela dure tres meses, seis meses, un año o más, Trump respondió: "Diría que mucho más tiempo". "Lo reconstruiremos de una manera muy rentable", declaró.
El sábado, la encargada de negocios Laura Dogu llegó a Caracas para reabrir la misión diplomática de EEUU en Venezuela, cerrada desde hace siete años tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países. La Embajada de Estados Unidos en Venezuela compartió, a través de su cuenta en X, dos fotografías de Dogu descendiendo del avión en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, que sirve a la capital venezolana.
Dogu se desempeñará como encargada de negocios de la Unidad de Asuntos de Venezuela y trabajará con personas del sector público y privado, así como con la sociedad civil, para impulsar las citadas tres fases. Es, claramente, un tiempo nuevo.
Los presos...
En el ámbito político, el Gobierno venezolano ha comenzado a liberar a disidentes encarcelados bajo el régimen de Maduro por cargos de traición, pero a un ritmo mucho más lento del que afirman aplicar. Una situación que está generando escenas de angustia entre los allegados de los reclusos, que en algunos casos llevan años sin saber siquiera dónde y cómo están los suyos, en cárceles tenebrosas como la de El Helicoide.
El viernes pasado, las autoridades nacionales anunciaron una ley de amnistía que podría llevar a la liberación de unas 700 personas que permanecen en prisión. Sin embargo, los líderes de la disidencia argumentan que estas medidas son insuficientes, que Venezuela necesita reformas estructurales más profundas para comenzar a encaminar al país hacia la democracia. Pese a todo, dada la sensibilidad de la causa de los presos políticos, estas medidas, aún sin detallar, son un enorme bálsamo para los críticos con el chavismo: con esta medida, se liberará a los detenidos desde 1999 hasta la actualidad, periodo que cubre los gobiernos del chavismo.
La ONG Foro Penal informó este domingo que ha confirmado en Venezuela la excarcelación de 344 presos políticos desde el pasado 8 de enero, cuando se anunció la liberación de un "número importante" de personas, pocos días después del ataque de EEUU. En su cuenta de X, la ONG dijo que ha podido confirmar la excarcelación de 344 personas desde el 8 de enero hasta este domingo.
Varias ONG han aclarado que los presos políticos fueron excarcelados, pero no cuentan con una liberación plena, ya que se les otorgaron medidas sustitutivas a la privativa de libertad, tal como dijo el miércoles a EFE la coordinadora de la organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP), Martha Tineo.
... y el petróleo, claro
No hay muchas más lecturas posibles, salvo las ciegas: Trump quería el petróleo de Venezuela y Maduro le estorbaba, más allá del narcotráfico, la inmigración o la democracia del país caribeño. Por eso, las decisiones al respecto en este primer mes han sido rápidas y contundentes, tanto que a veces hay que mirar y remirar de nuevo los titulares, porque parece imposible que lleguen de la misma Delcy Rodríguez de hace 32 días.
Lo más importante es que, el jueves pasado, el Parlamento de Venezuela aprobó una reforma a la ley de hidrocarburos que cambia el tablero de la industria petrolera, hasta ahora estatizada, para permitir una mayor participación de inversionistas privados y extranjeros cuando el país negocia con EEUU para la venta de su crudo.
La modificación recibió el visto bueno del legislativo el mismo día en el que el Departamento del Tesoro de EEUU emitió una licencia general que permite ciertas transacciones con el petróleo venezolano, lo que también supone un giro en la política de Trump, que aprobó, en 2019, durante su primer Gobierno, sanciones a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).
Tras la captura de Maduro, ambos países comenzaron negociaciones por el crudo venezolano, que ahora cuenta con un nuevo marco legal claro. Estas son sus claves, detalladas por EFE:
- La ley deroga la norma que regulaba la participación privada y que otorgaba de manera exclusiva a PDVSA el control de las actividades de exploración, extracción, transporte, comercialización, exportación y almacenamiento; en cambio, se añadió una modificación -artículos 23 y 68- que permite a empresas mixtas y privadas que se domicilien en el país para cumplir estas labores. Hasta ahora, el Estado es el que tiene la mayoría accionaria en los convenios que PDVSA mantiene en empresas mixtas (asociaciones estratégicas) con socios privados.
- En otro de los artículos, el 40, se establece que el Estado podrá suscribir contratos con firmas privadas para que ejecuten actividades primarias (exploración, extracción, recolección, transporte y almacenamiento).
- La compañía privada asumirá en estos acuerdos dichas actividades "a su exclusivo costo, cuenta y riesgo, previa demostración de su capacidad financiera y técnica". Esto lo hará, de acuerdo con la ley, mediante un "plan de negocios aprobado por el ministerio con competencia en materia de hidrocarburos".
- También quedó sin efecto la norma que reservaba al Estado los bienes y servicios de las actividades relacionadas con los hidrocarburos. Se incluyó, en este caso, un nuevo artículo -42-, el cual permite que empresas operadoras usen los "activos y materiales" de PDVSA.
- De igual forma, se cede a estas compañías el "uso del área operacional" y de un "área delimitada, previa autorización" del Ministerio de Hidrocarburos. En contraprestación, deberán pagar a las empresas estatales o sus filiales un porcentaje del volumen de hidrocarburo que será fiscalizado.
- Con un tope de "hasta 30 %", será el Ejecutivo, "previa opinión del ministerio con competencia en materia de finanzas", el que determinará "el o los porcentajes de regalía aplicables a cada proyecto", tomando en cuenta su naturaleza, la inversión, economicidad y la "necesidad de asegurar la competitividad internacional".
- El Ejecutivo, a través del ministerio con competencia en materia de hidrocarburos, "queda facultado para modificar el porcentaje de la regalía dentro del límite previsto" cuando "se demuestra que resulta necesario para garantizar el equilibrio económico del proyecto", añade el artículo 51. Expertos en la materia, como el exministro de Petróleo Rafael Ramírez, consideran que esta decisión solamente va a favorecer a los externos y no al Estado, rompiendo así con la política de Chávez, de quien Maduro se considera hijo político.
- Los conflictos podrán resolverse ahora en "tribunales competentes de la República o mediante mecanismos alternativos de resolución de controversia, incluyendo mediación y arbitraje", establece el artículo 8 de la ley. Para Ramírez, esto cede la "soberanía jurisdiccional, en violación del artículo 151 de la Constitución".
El exfuncionario, quien estuvo al frente de la cartera de Petróleo desde 2002 y de PDVSA desde 2004 hasta 2013, advirtió que, "además de la privatización de las actividades petroleras, tanto las primarias de producción, como las de exportación de petróleo", con la reforma "se entregan los activos y derechos de PDVSA a los operadores privados". Con ello, a su juicio, se decreta el fin de la "empresa nacional, para convertirla en una mera agencia administradora de contratos".
Estas modificaciones representan un cambio radical respecto a la ley de hidrocarburos promulgada en 2001 y sometida en 2006 a una reforma promovida por el entonces presidente Chávez para aumentar la participación estatal y el control sobre la actividad petrolera.
Durante el debate en el Parlamento, el diputado Pablo Pérez, de la fracción opositora Libertad, celebró como "un avance importantísimo" que se derogara la reserva de bienes y servicios al Estado, al señalar que "la excesiva estatización" no dio "ningún beneficio". Además, pidió un resarcimiento para las personas y empresas del sector a las que le confiscaron sus bienes. Es como estar en el reino del revés, en sólo un mes.
Aparte de esta reforma, Trump anunció ya apenas el 7 de enero que Caracas y Washington habían llegado a un acuerdo para exportar a EEUU crudo venezolano por valor de hasta 2.000 millones de dólares. Esta es una negociación clave que desviaría suministros de China y ayudaría a Venezuela a evitar recortes más profundos en la producción petrolera. El 21 de ese mes, Rodríguez confirmó el ingreso de 300 millones de dólares al país "producto de la venta del petróleo", tras el pacto.
Además, EEUU está dictando a quién hay que vender petróleo y a quién no: Irán, hasta ahora amigo de Venezuela, se quedará sin partidas y éstas acabarán en manos de India, un gigante en crecimiento que también está salvando con sus compras energéticas a la Rusia de Vladimir Putin, ante las sanciones internacionales por su invasión de Ucrania.
¿Y la calle?
En las calles de Venezuela, por ahora, no hay tensiones. Ni los opositores han sacado a la gente a manifestarse ni ha habido una corriente de indignación visible por el arresto de Maduro. Claro que se han convocado protestas para pedir a EEUU que devuelva a su presidente, pero entran dentro de esa moderación controlada, ese nadar y guardar la ropa, que tan bien está aplicando este neochavismo.
Lo que cuenta la prensa local alternativa y la internacional desplazada en la zona es que hay un optimismo contenido, pero optimismo. Todavía hay cierto temor a la represión, tan dura en estos años, así que todo se ha limitado a eventos pequeños centrados en demandas como la libertad de los presos políticos, esta sí, muy a flor de piel entre la ciudadanía.
Ahora se entiende que hay fuerzas poderosas fuera de Venezuela, como la Administración Trump, que presionan al Gobierno para que haga cambios, aunque sea alimentando, a la par, sus propios intereses. Hay, claro, a quien le preocupa que EEUU pueda perder el interés, especialmente cuando la industria petrolera recupere el control, y que, de hecho, pueda terminar trabajando durante muchos meses o años más con quienes actualmente gobiernan Venezuela, sin dar paso a una verdadera transición, sino a un nuevo statu quo que tampoco devuelva el país a su gente.
El chavismo ya no goza del amplio apoyo popular que tenía hace dos décadas, por eso hay que estar muy atentos a fricciones y grietas, que pueden acelerar la descomposición de lo que hoy parece un Gobierno marioneta, pero bien apuntalado.
Nuevas amenazas
La aplicación particular de la Doctrina Monroe por parte de Trump va mucho más allá de Venezuela. Es una aspiración de controlar el hemisterio, que pone en peligro a otros dirigentes y estados de América, contra los que el republicano ya está levantando el mazo amenazante.
Sólo dos días después de llevarse a Maduro a EEUU, amenazó con hacer lo propio con Colombia. "Me suena bien otra operación", dijo, a las claras, encarándose con el presidente Gustavo Petro, a quien también relacionaba sin pruebas con el tráfico de drogas. No obstante, esta relación parece haberse reconducido tras una conversación telefónica entre los dos mandatarios, que cuajará esta semana con un encuentro de ambos en la Casa Blanca. Está por ver si Trump retoma sus pildorazos o baja el tono.
En la misma intervención, Trump dijo que también Cuba estaba a punto de "caer" y en los últimos días está moviendo ficha para que así sea: ha confirmado que no llegará una gota de petróleo venezolano a la isla, cuando era su principal proveedor, y ha añadido una amenaza para quienes quieren venderle crudo: habrá aranceles para todos como se atrevan a hacer negocios.
Este 1 de febrero, el norteamericano dijo que ya mantiene negociaciones con los líderes de Cuba para llegar a un acuerdo, que devolvería las cosas a la calma... nadie sabe con qué condiciones, si también en este caso está en peligro su presidente, Miguel Díaz-Canel, o incluso el sistema revolucionario. "Cuba es una nación en decadencia. Lo ha sido durante mucho tiempo, pero ahora no tiene a Venezuela para sostenerla. Así que estamos hablando con la gente de Cuba, con las altas esferas de Cuba, para ver qué pasa", explicó desde Florisa. Aunque no ofreció más detalles, se mostró convencido de que va a alcanzar "un acuerdo con Cuba".
Pese a ello, Canel ha dicho repetidamente que no hay conversaciones abiertas, más allá de las habituales en materia de inmigración. La crisis económica y humanitaria puede ser formidable en el país si, de veras, se queda sin petróleo de Venezuela y sin alternativas.
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Trump ya habló del foco puesto en la seguridad del Hemisferio Occidental y lo hecho con Maduro, y las amenazas posteriores, indican que el llamado Corolario Trump "está oficialmente en vigor", afirma Alexander B. Gray, investigador de la Iniciativa GeoStrategy en el Centro Scowcroft para la Estrategia y la Seguridad del Atlantic Council. "Washington ha demostrado un compromiso largamente esperado con la seguridad hemisférica", añade el que también fue jefe de gabinete del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
Los adversarios más lejanos de EEUU están observando. La operación, entiende el experto, "será vista en Pekín y Moscú como una señal inequívoca del compromiso de la administración Trump con un orden de seguridad compatible con los intereses estadounidenses".
Por eso la caza a Maduro "crea una oportunidad única en una generación para que Washington traduzca sus preferencias de seguridad en una realidad estratégica" al "garantizar que potencias extrahemisféricas como China y Rusia queden excluidas de una influencia significativa en Caracas", además de mandar ese otro mensaje al continente.
Mientras los acontecimientos avanzan, hay una cosa clara: este es el momento más trascendental de la historia reciente de Venezuela y, de paso, de toda la región latinoamericana.