De la cesión a la resistencia, de la transición a la guerra civil: los escenarios para Irán
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De la cesión a la resistencia, de la transición a la guerra civil: los escenarios para Irán

La República Islámica sigue siendo atacada por Israel y EEUU y, aunque su líder ha sido decapitado, el sistema aún se mantiene. Nadie sabe hasta cuándo ni cómo van a actuar los sucesores de Jamenei. La calle por ahora sufre, pero no se levanta. 

Un niño sostiene una bandera iraní delante de una comisaría atacada por Israel y EEUU, el 4 de marzo de 2026, en Teherán (Irán).Majid Asgaripour / WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

Irán, en la encrucijada. El gigante persa lleva desde el sábado sometido al ataque de Israel y Estados Unidos y ha visto cómo su líder supremo, Ali Jamenei, moría en uno de los bombardeos iniciales, cambiando la historia de la República Islámica en un terremoto desconocido desde la revolución que aupó a los ayatolás, en 1979. Entonces, se fue el sha y cambió el sistema. Ahora, sin embargo, la estructura sigue, aunque nadie sabe por cuánto tiempo. 

Las bombas han acabado con quien llevó las riendas del país durante 37 años y buena parte de sus posibles sucesores, por lo que el shock es importante, pero aún no se ha derrumbado el castillo de naipes que levantaron los clérigos a base de represión y fanatismo. Las órdenes se siguen dando y sus represalias han alcanzado objetivos de hasta 11 países. 

Claramente, los ataques aéreos de los dos socios occidentales están mermado la capacidad militar de Irán, en lo personal y en lo material, pero las redes e instituciones profundamente arraigadas que han sustentado a la República Islámica durante casi medio siglo garantizan todavía que, al menos a corto plazo, los vestigios de la estructura de poder sigan manteniendo una ventaja abrumadora sobre cualquier rival.

Para recuperar cierta influencia, incluso mientras el país sigue bajo bombardeo, Teherán está desplegando su estrategia, ya probada por el tiempo, de intensificar los ataques contra la infraestructura energética y económica de sus vecinos, todos ellos amigos de Washington y algunos socios de Tel Aviv, con la esperanza de generar presión e incentivos para la diplomacia. 

Tras el desgaste de sus aliados y su programa nuclear, especialmente tras los ataques del verano pasado, y con la conmoción posterior del levantamiento popular masivo iniciado en diciembre y consolidado en enero, el régimen previó este conflicto. Hasta donde ha podido, estaba preparado. Lo que está en juego es existencial para el régimen y, por eso, imponer altos costos a sus archienemigos, a sus vecinos y a la economía global es su estrategia de supervivencia.

Hacer proyecciones de lo que puede pasar, con el escenario tan abierto y cuando Trump insiste en que la "gran ola" no ha llegado, es complejo, pero hay varios escenarios que se van dibujando entre los expertos, que van de la cesión a la resistencia y de la transición a la guerra civil, con múltiples matices en cada supuesto. 

El humo se eleva sobre los edificios de Teherán, capital de Irán, tras una explosión, el 3 de marzo de 2026, en mitad de los ataques de Israel y EEUU.Majid Asgaripour / WANA (West Asia News Agency) via REUTERS

Una transición rápida

Cuando Israel y EEUU iniciaron su andanada, el sábado pasado, sin informar al Congreso norteamericano ni pedir permiso al Consejo de Seguridad de la ONU, aspiraban a dar un golpe rápido que forzase al cambio en Irán, así que la transición es su mayor deseo. Trump llamó directamente a la Guardia Revolucionaria -cuerpo militar de élite y emporio económico con la misión de proteger al país- a que abandonase las armas, porque sabe que, si acaba con buena parte de la cúpula de los ayatolás, son estos uniformados los que pueden tomar el poder y seguir con el sistema. 

El plan es perfecto: clérigos eliminados, armas depuestas por la Guardia, también por las Fuerzas Armadas, opositores que se unen, aparcando sus diferencias y superando los problemas actuales (que son más que problemas: cárcel, exilio y muerte), de la unidad viene el liderazgo por el bien del país, puede que con el hijo del último sha, Reza Pahlavi, que no es querido hoy por todos pero trata de sacar cabeza sobre los demás, y acaba llegando un Gobierno interino. 

Un gabinete no disidente con Occidente, con el que entenderse. Que no va a seguir con el programa atómico ni con la fabricación de misiles, por supuesto. Que entregue incluso a EEUU los restos de lo que quede, para que nunca se use y, si puede ser, otorgue a las compañías petroleras estadounidenses la mayor parte del acceso al mercado energético iraní, cuando Irán produce alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, cerca del 3% de la oferta mundial. Tras un periodo de interinidad y cuando la situación fuera segura, se pensaría en ir a elecciones libres. 

Es, a esta hora, el escenario menos probable, porque son escasos los ejemplos de dictaduras tan arraigadas que caen de pronto y son sustituidas por sistemas democráticos y limpios. Cuando colapsan, suelen se otros autoritarios los que los suplen, habitualmente restos del pasado u opositores armados. El entorno suele ser violento y, en el caso de Irán, se suma su complejidad religiosa, con numerosas minorías, algunas de ellas con ansias independentistas, como los kurdos.  

Es muy poco posible que la Guardia Revolucionaria entregue sus armas a una población hostil o a un gabinete entrante, más aún liderado por un monárquico, sabiendo que sus miembros, que han dominado el país durante tanto tiempo, tendrán suerte si sobreviven a su rendición. No estamos en Siria, donde el Ejército ya estaba tocado tras casi 14 años de guerra civil, donde ha habido fieles a Bachar el Assad que han escapado, otros que se han sometido al nuevo poder, otros se han hecho fuertes en algunos baluartes. 

Pahlavi puede ser conocido internacionalmente, quizá, pero muchos iraníes desconfían de él y dudan de sus credenciales democráticas, recordando la brutalidad de la dictadura de su padre, que fue el motivo por el que se levantaron para derrocarlo. No aceptarían de buen grado su liderazgo, porque, para empezar, no les parece representativo, llevando como lleva toda la vida fuera del país. 

Como escribe Itamar Rabinovich, exembajador de Israel en EEUU, en un análisis para el tanque de pensamiento Brookings, "El liderazgo iraní se muestra radical, como lo demuestra su conducción de las negociaciones previas a la guerra con Washington y su política de lanzar misiles contra los países del Golfo Pérsico (incluido  su aliado Omán ) y de intentar atacar Chipre". Entiende que "es claramente un intento desacertado de persuadir a EEUU y a la comunidad internacional de que la continuación de la guerra es demasiado costosa y peligrosa", intento que califica de "erróneo y probablemente contraproducente". 

Una niña chiíta sostiene una foto del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, tras su asesinato, en la ciudad de Magam, en la Cachemira india, el 4 de marzo de 2026. REUTERS/Sharafat AliSharafat Ali / REUTERS

¿Aires del Caribe?

El pasado 1 de marzo, Trump sugirió que la transición en Irán podría seguir el modelo de Venezuela, donde altos cargos del Gobierno de Nicolás Maduro, como su número dos, Delcy Rodríguez, se mantuvieron en sus puestos tras el ataque del pasado enero. El republicano enfatizó que "todos conservaron sus trabajos excepto dos personas", aludiendo a la captura de Maduro y su esposa, la abogada Cilia Flores, que están detenidos en Nueva York desde entonces. 

De igual forma, el mandatario detalló que las opciones para el futuro de Irán incluían a tres posibles líderes, aunque no reveló sus nombres. Más tarde, en diversas llamadas a medios norteamericanos, confesó que esas opciones ya no valía, porque también los habían matado a todos. También mencionó que la ciudadanía iraní podría movilizarse para elegir un nuevo mando, algo que lleva años mencionándose en el país. "Será decisión de ellos si lo hacen o no", afirmó Trump.

La verdad es que la caribeña fue una jugada que no se vio venir, con la vicepresidenta chavista asumiendo el poder, prometiendo una mayor cooperación con Washington y firmando acuerdos petrolíferos a las primeras de cambio, incluso liberaciones de presos políticos. El régimen se ha mantenido en el poder, pero EEUU ha logrado una gran parte del crudo. Las elecciones no se ven en el horizonte, para desesperación de los opositores democráticos. 

Es probable que este dibujo sea más que aceptable para Trump en el caso iraní, ya que se ha declarado dispuesto a hablar con los sucesores del difunto líder supremo, si deja alguno vivo. Eso requeriría de la selección de un moderado o tibio para reemplazar a Jamenei, como el expresidente Hassan Rouhani, que es a quien todos tienen en mente pero al que, por ahora, todos rechazan, precisamente por blando. Rouhani fue el reformista con el que Teherán firmó el acuerdo internacional que ponía coto a su programa nuclear, en 2015, del que Trump se salió tres años más tarde. 

También se puede dar el caso del surgimiento de un político pragmático de línea dura en el liderazgo clerical o en la Guardia. Por ahora no hay indicios de que haya surgido una figura así. Tampoco hay muchos jóvenes que digamos, una nueva generación menos apegada a los principios de la revolución. 

Hablamos de un escenario, pues, de negociación, en el que ese liderazgo temporal acabaría renunciando a las armas atómicas (aún no alcanzadas, según la ONU y hasta la Inteligencia de EEUU), aceptando estrictas restricciones sobre sus misiles. Cedería, posiblememente, amplias concesiones de petróleo y gas a empresas estadounidenses. A cambio de ceder ante las exigencias estadounidenses e israelíes, se permitiría la supervivencia del régimen y se le daría vía libre para continuar la represión de la disidencia.

Había, posiblemente, un añadido más que se le pediría a Teherán: que deje de apoyar al Eje de Resistencia, sus aliados en la región, de Hamás a Hezbolá, pasando por los hutíes de Yemen y milicias afines de Irak, porque tienen como diana predilecta a Israel. Esta exigencia sería un capotazo para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que tiene en otoño una cita con las urnas. 

Este es el otro escenario que pondría fin rápidamente a la guerra. No es difícil imaginar un nuevo liderazgo iraní que ofrezca nuevas condiciones para la supervivencia del régimen, pero es más improbable que surja un nuevo líder con la promesa de una rendición total, sin duda. La idea es que las dos partes puedan vender su victoria, porque aunque sea parcial, no sería derrota. EEUU retiraría sus fuerzas y dejaría a Israel como ejecutor de cualquier acuerdo, con vía libre para bombardear si considera que el nuevo gobierno iraní se ha desviado de sus compromisos.

El profesor de la American University Sharan Grewal expone, igualmente en el tanque de pensamiento Brookings, que este es el escenario que le parece más posible, el de la negociación, más o menos caribeña. Trump, y en especial su base MAGA, no tiene ningún interés en una guerra prolongada en Oriente Medio, que es lo que se requiere para derrocar realmente al régimen iraní. Sobre todo a medida que aumentan las bajas (...), es probable que Trump abandone sus anteriores llamamientos a un cambio de régimen e intente llegar a un acuerdo. Irán, por su parte, parece estar siguiendo la misma estrategia, expandiendo la guerra tanto como sea posible y con la mayor rapidez posible para ejercer la mayor presión diplomática posible sobre Trump para que la ponga fin, y también mostrando su interés en las negociaciones", expone.

No obstante, se asume que ese final puede suponer una especie de traición a los manifestantes por la libertad en Irán, que el magnate ha usado en parte como bandera para el ataque. Quedarían en la estacada, con el mismo sistema represor, sin democracia ni derechos humanos. 

El histórico Palacio de Golestán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, dañado por los ataques de Israel y EEUU, el 3 de marzo de 2026, en Teherán.Fatemeh Bahrami / Anadolu via Getty Images

Resistencia y pelea

En este otro escenario, los supervivientes de la campaña de bombardeos se refugiarían, disparando misiles y drones siempre que pudieran. Se dice, desde inteligencias occidentales, que tienen medios para aguantar a este nivel entre 60 y 90 días y que su plan es gastarlo todo para, precisamente, desgastar la paciencia de Trump. Se supone que el norteamericano no quería enrolarse en guerras en este mandato, pero lo ha hecho; lo que no quiere de ninguna de las maneras es una pelea larga, extenuante para sus arcas y la sangre norteamericana. 

Si llegamos a este paso, se elegiría como líder supremo a un clérigo de línea dura, similar al de Jamenei, o a un político débil, fácilmente controlable por los mandos de la Guardia Revolucionaria. En mitad de la vorágine, no es de extrañar que parte de lo que quede del sistema se sienta envalentonado porque, por ahora, mantienen el pulso a los enemigos históricos. 

Quizá piensen que la Casa Blanca se cansará y se irá, aunque sea proclamando su victoria, una posibilidad no desdeñable, porque Trump ya se fue de la ofensiva del verano como si hubiera acabado con el problema, y no fue así. Quizá Israel podría quedarse, con ataques puntuales, más escasos, efecto del cansancio general. 

En la peor variante, sin embargo, los programas nucleares y de misiles se ocultan aún más, fuera del alcance de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Se retira la fatwa de Jamenei contra la fabricación de una ojiva nuclear, y se inicia una carrera para fabricar una "bomba subterránea" utilizando los 440 kg de uranio altamente enriquecido, suficiente para fabricar unas diez ojivas con un mayor enriquecimiento.

Tras repetidos ataques, los líderes supervivientes podrían llegan a la conclusión de que una bomba es la única garantía de supervivencia, como lo está siendo, en la práctica, para Corea del Norte, de la que mucho se habla pero con la que nadie se mete. La oposición sería reprimida con una brutalidad cada vez mayor, pese a los altos que son ya los niveles, a medida que el régimen superviviente se convierte en más aislado y paranoico. Y armado hasta los dientes, parte del club nuclear, también. 

Por ahora ya se ha nombrado un comité de liderazgo de tres personas, que incluye al presidente Masud Pezeshkian; el clérigo de línea dura, el ayatolá Alireza Arafi, y el presidente del Tribunal Supremo, Gholam-Hossein Mohseni-Eje'i. El segundo de ellos declaró el lunes que esperaba que se eligiera rápidamente un líder supremo, porque se ha activado el proceso constitucional que es la hoja de ruta del cambio. El equipo de Jamenei estaba formado por de más de 5.000 personas, por lo que quedan muchas manos a las que recurrir para todo. 

Se barajan nombres como los de Mojtaba Jamenei, hijo del líder supremo asesinado; Hassan Jomeini, nieto del padre fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini, y el ayatolá Mohammad Mehdi Mirbagheri, otro clérigo de línea dura. Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional, veterano negociador nuclear y una especie de señor Lobo del régimen no ha muerto en los bombardeos y se perfila como una pieza clave en los hipotéticos acercamientos. 

"Un derrocamiento militar es una posibilidad, pero poco probable. Se espera que los militares sigan protegiendo el régimen. Todos los indicios apuntan a que los militares, o en particular el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en este momento no están realmente interesados en tomar el poder. Están integrados en el sistema y, por lo tanto, éste actúa como guardián del régimen islámico, no sólo defendiéndolo de cualquier amenaza interna, sino también de cualquier ataque externo", sostiene Amin Saikal, de la Universidad Nacional Australiana, en declaraciones a ABC.

Unos estudiantes reciben con banderas a miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán en Teherán, en un acto de propaganda, en 2019.Vahid Salemi / AP

El caos, la guerra interna

En lo que pasó en Irak, ese referente que EEUU trata de negar, que las fuerzas del régimen se ven progresiva y severamente agotadas por semanas de bombardeos pero prefieren morir matando, en un contexto de parcial levantamiento popular y de división sectaria. 

Tras las deserciones de algunos dirigentes y miembros de la base de las Fuerzas Armadas y la Guardia Revolucionaria, los manifestantes podrían regresar en masa a las calles, sintiendo que finalmente había llegado su momento, superando incluso el miedo a la represión que, sólo desde diciembre, ha dejado ya entre 3.000 y 30.000 asesinados, según datos del Gobierno o de las ONG. 

Hay una abrumadora mayoría chiita en el país, si bien grupos militantes sunitas han perpetrado ataques variados, pero no cuentan con el apoyo suficiente para desgarrar el país de forma similar a su vecino árabe. Sin embargo, los movimientos separatistas que representan a las minorías iraníes pueden empezar a canalizar armas a través de las fronteras abiertas por los ataques estadounidenses e israelíes. 

Los azeríes, por ejemplo, son la minoría más numerosa del país, pero la segunda, los kurdos -que representan entre el 5% y el 10% de la población-, han sido históricamente los más organizados y militantes. Grupos etnonacionalistas menores tienen bases en el gobierno regional del Kurdistán, en el norte de Irak. También hay una serie de pequeños grupos separatistas baluchis que tienen una larga historia de lucha contra el régimen en la provincia de Sistán y Baluchistán, en el sureste. Todo eso ha estado sometido bajo la mano de hierro de Jamenei en estos años. 

A medida que el Irán de la posguerra se desintegre, en las fronteras crecería la inestabilidad y se extendería a través de líneas étnicas o puede que también los estados vecinos intentarían aprovechar la debilidad de Irán, recuerda el Times de Londres. En el centro, los seguidores del monárquico Pahlavi reivindicarían posiblemente el poder de la corona, del sha, pero se podría ver perturbados por otros grupos de oposición que han resistido al régimen durante décadas, dentro y fuera, y se niegan a renunciar a su visión del futuro de Irán para los exiliados que regresan.

Ahí están, sin ir más lejos, los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK, por sus siglas en farsi), otro grupo que ha obtenido un amplio apoyo de los políticos occidentales, especialmente de la derecha. Su imagen pública, Maryam Rajavi, radicada en París, a veces parece, a primera vista, más representativa de los "iraníes comunes", en contraposición a las mujeres urbanas, liberales y occidentalizadas que acuden en masa a los mítines de Pahlavi.  Sin embargo, el MEK ha sido un partido revolucionario partidario del marxismo islámico, con un brazo armado considerado terrorista hasta tiempos recientes, en los 2000. El grupo afirma haber renunciado a sus orígenes violentos y ahora apoya la democracia, dice.

Una mujer iraní mueve su pelo sin velo en un tejado de Teherán, mientras el humo de los ataques de EEUU e Israel se eleva por los cielos de la capital, el 3 de marzo de 2026.Getty Images

El factor pueblo

Miles de vídeos están inundando canales como Telegram, mostrando a ciudadanos de Irán reaccionando a los ataques, con celebración abierta a veces, con duelo a veces. Se ha visto a mujeres gritando "¡Muerte a Jamenei!" desde las ventanas de sus apartamentos o alumnas de una escuela femenina coreando: "¡Viva el Sha!". Los ciudadanos han filmado el humo que se elevaba desde el complejo de Jamenei, ya muerto, con regocijo. Estos no son incidentes aislados. Se suman a casi dos meses de las mayores protestas desde 1979, en las que el régimen reprimió una masacre por la que nunca esperó sufrir consecuencias.

Trump se dirigió directamente al pueblo iraní: "La hora de su libertad está cerca... tomen el control de su Gobierno". Netanyahu instó, por su parte, a persas, kurdos, azeríes, baluchis y ahwazis a "liberarse del yugo de la tiranía". Y Pahlavi describió la operación como una intervención humanitaria e instó a los iraníes a prepararse para volver a las calles: "La victoria final aún la determinaremos nosotros".

Washington, Tel Aviv y la oposición en la diáspora sincronizan sus mensajes, haciéndolos explícitos y dirigiéndolos contra la única fuerza capaz de acabar con lo que los ataques aéreos inician. Durante la Guerra de 12 Días de junio, la población iraní no se rebeló. Esta vez, la magnitud de la destrucción de la infraestructura del régimen, los llamamientos explícitos al levantamiento y la intensidad de la ira popular tras las masacres de enero crean condiciones fundamentalmente diferentes. La pregunta que responderemos en los próximos días es: ¿llevará esto a la acción? Y, de ser así, ¿pro o anti régimen?

La situación de los civiles es compleja, más allá del riesgo de muerte. Teherán, una megaciudad de 15 millones de habitantes, ya corría el riesgo de quedarse sin agua en condiciones normales, pero más ahora. Con la interrupción militar de la infraestructura de bombeo, una crisis hídrica se puede materializar en pocas jornadas. El sur de Teherán, que ya soportaba el 32% de los apagones, mientras que los barrios ricos del norte soportaban el 1%, será el primero y más afectado, lo que generará indignación, posiblemente. Ya empiezan a escasear también algunos alimentos o bienes esenciales y se registran los primeros éxodos a países fronterizos

El presidente de EEUU, Donald Trump, el 3 de marzo de 2026, atendiendo a la prensa en la Casa Blanca.Kay Nietfeld / picture alliance via Getty Images

Cuando no hay escenario

Cuando Joe Biden era presidente de EEUU, le decía a Netanyahu repetidamente que debía tener un plan para el día después de su ofensiva en Gaza. Pues ahora podría decirle lo mismo a su sucesor, Trump, porque no lo tiene en Irán. Es algo que su gabinete ha reconocido, en unas horas en las que hasta se enredan con los motivos del ataque: misiles, armas atómicas, derechos humanos, fin del régimen... 

El New York Times ha publicado que la Inteligencia de EEUU había elaborado varios escenarios para el durante y el después de esta guerra y las conclusiones no son que veía "improbable" el cambio de régimen y que pensaban que quedarían manos a las que recurrir para que la República Islámica se mantuviera, sean elegidos por Washington como en Venezuela, sean los que ellos mismos decidan. La línea dura podría imponerse en los tiempos postJamenei, añaden, 

Creen los espías norteamericanos que, llegado el caso, la Guardia Revolucionaria podría ejercer el poder, que no tomar, al menos por un tiempo, y que podrían ceder sobre el programa nuclear por garantizar su supervivencia. Hablan de un "alto grado de incertidumbre" general y de una oposición aún "relativamente débil" en cuanto a organización, como para asumir el vuelco en el país y empezar a gestionarlo con unidad. Y avisaban del riesgo de animar a la gente a salir a la calle, como ha hecho Trump, porque la represión puede ser tan brutal que se convierta en una "amenaza existencial", señala el rotativo. 

Tampoco hay que perder de vista cuánto dura el esperable efecto de unidad que causa una agresión externa, y más de esta magnitud y proveniente de los dos estados señalados como los principales enemigos de Irán desde hace más de cuatro décadas. Por todo ello, concluye el Times, "la capacidad de EEUU para determinar el futuro de Irán podría ser limitada". 

Ahora está por ver si el intento de mediación de Omán, que no desiste, sirve para algo, o si el cansancio por una guerra que se enroca cada hora más lleva a los líderes a repensar lo que están haciendo o a redoblar la apuesta. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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