Los choques por Irán y Ucrania tensionan un Consejo Europeo con Sánchez acaparando miradas
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Los choques por Irán y Ucrania tensionan un Consejo Europeo con Sánchez acaparando miradas

Los líderes de los Veintisiente iban a hablar de competitividad, pero todo ha saltado por los aires con los ataques de EEUU e Israel a Irán y la división interna sobre cómo abordarlos. En la agenda urgente, también, la vital ayuda para Kiev que Hungría veta. 

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, conversan en la Cumbre de Líderes de la UE en Bruselas (Bélgica), el 18 de diciembre de 2025.Dursun Aydemir/Anadolu via Getty Images)

El Consejo Europeo que se celebra este jueves en Bruselas (Bélgica) estaba llamado a ser el  de la competitividad, la resiliencia y la autonomía estratégica de la Unión, en un intento de salir a superficie en mitad del oleaje de Estados Unidos o China. Y, sin embargo, parece un debate gafado: suele ser que cuando la economía encabeza las agendas de las cumbres a 27 socios, algo se cruza, la desplaza, la opaca, hasta la borra. Es lo que ocurre en esta nueva cita, que la guerra en Oriente Medio ha hecho saltas las previsiones por los aires. Y ha cambiado los protagonistas, también, empezando por el presidente español, Pedro Sánchez

Desde que Estados Unidos e Israel lanzasen su ataque contra Irán, el 28 de febrero pasado, el mundo mira con temor cómo se agigantan las cifras de víctimas, daños y desplazados, de países afectados por el fuego directo, de barcos que no pueden transitar por el estrecho de Ormuz o de petróleo que no entra en el mercado, con la consiguiente subida de precios. 

"La escalada militar en Oriente Medio está provocando inestabilidad global, y sus consecuencias negativas ya se hacen sentir en Europa (...). Juntos, debemos identificar los instrumentos necesarios para movilizarnos y garantizar una respuesta oportuna, coordinada y eficaz que proteja a nuestros ciudadanos y empresas, al tiempo que trabajamos por la desescalada y la estabilidad en la región", expone el presidente del Consejo, Antonio Costa, en su carta de invitación a los líderes europeos, en la que confía en necesitar sólo un día, y no dos, para abordar todos los debates necesarios. 

Es un deber, dice el portugués. Otra cosa es que sea sencillo. Los Estados miembros llegan a esta cita divididos -otra vez las dos velocidades- entre quienes apuestan por el cumplimiento radical del derecho internacional y reclaman el fin de la guerra y los que se mantienen al lado de Washington y Tel Aviv, por afinidad ideológica o por no remover amistades. 

El test de estrés en las instituciones europeas está siendo formidable. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, generó un sonoro escándalo cuando sólo rechazó los ataques del régimen de los ayatolás ("No debería derramarse ni una lágrima por el régimen iraní", dijo, sin nombrar a sus agresores, los que golpearon primero) y dio por acabado el orden internacional que existía hasta ahora, el que nos dimos tras la Segunda Guerra Mundial. Europa ya no puede ser la guardiana de ese viejo orden, dijo. 

La alemana tuvo que matizar sus palabras al día siguiente, tras una cascada de rechazos a su visión; la más destacada, las del propio Costa, que ponía por delante el derecho internacional, ese que no ha sido respetado por el ataque ilegal llamado Furia Épica y León Rugiente, y que EEUU "desafía". Enfatizaba, a su vez, la necesidad de que la UE "garantice que el mundo siga basado en reglas", junto a organismos despreciados por la Casa Blanca como Naciones Unidas. 

Luego vino la de la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. "Esta no es la guerra de Europa", dijo el lunes tras un tenso Consejo de Ministros de Exteriores, en el que las divisiones volvieron a quedar claras: no hubo consenso ni para modificar la misión naval Aspides en el mar Mediterráneo. Hasta las potencias amigas le están dando la espalda a Trump, en Europa, Reino Unido, Canadá, Japón, Corea del Sur o Australia, que ha pedido ayuda para abrir Ormuz. La soledad del mandatario norteamericano es evidente, carne de meme para los internautas

La presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, y la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, el 21 de enero de 2026, en Estrasburgo (Francia), durante un pleno de la Eurocámara.Philipp von Ditfurth / picture alliance via Getty Images

Desde Moncloa insisten en que, pese a este ruido, Sánchez acudirá a Bruselas con un talante cordial y dispuesto al debate, por más que se sienta más cómodo con el planteamiento de Costa que con el de Leyen. El español sabe que los focos estarán esta vez sobre él como en pocas ocasiones anteriores, porque se ha erigido en una especie de adalid del derecho internacional humanitario, al ser posiblemente la voz occidental más clara contra el conflicto. 

Ha recuperado el lema del "no a la guerra", cuajado en 2003, y ha ido más allá de las palabras al negar a EEUU el uso de las bases en suelo español, las de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para este ataque. En unos días de prudencia y hasta silencio de otros mandatarios, a verlas venir, el socialista se enfrentó a Trump desde el minuto uno, soportando amenazas como la ruptura de relaciones comerciales que aún no se ha materializado. Con los días, su postura ha sido replicada por otros presidentes, parte de los que estarán hoy en Bruselas pidiendo una postura clara. 

Sánchez quiere que en las conclusiones de la cumbre, expresamente, se reclame de forma expresa el respeto al derecho internacional. Es complicado, cuando cuesta cincelar cada palabra y compartirla entre todos los miembros del club, porque depende y cómo se diga se puede interpretar como un gesto hostil a Trump. 

Entre los que están más cerca de Von der Leyen, al otro lado, se encuentra el canciller alemán Friedrich Merz, el hombre que se quedó callado en el Despacho Oval mientras Trump decía que Madrid era un socio "terrible". Más tarde, dijo que trató de ser prudente en mitad del acto. Berlín sostiene que ha llamado a Sánchez para aclarar las cosas, aunque a un número equivocado. Moncloa expone a EFE, sin embargo, que esos intentos de hablar fueron previos a la cita con el norteamericano. Los dos ministros de Exteriores sí que han hablado desde entonces. Este jueves debería llegar el momento de un corrillo, un aparte o una foto para rebajar las tensiones.

En lo formal, en esta reunión se hablará de "los precios de la energía y la seguridad energética, las medidas para proteger a los ciudadanos y las empresas de la UE y los esfuerzos para reducir las tensiones y aumentar la estabilidad en la región". La "preocupante situación en Líbano, Gaza y Cisjordania" también estará sobre la mesa. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha sido invitado un almuerzo de trabajo para analizar con los europeos esta situación y ver cómo, entre todos, se puede "defender el multilateralismo". Posiblemente será su última comparecencia en un Consejo comunitario antes de dejar el cargo, este año. 

Un salvavidas para Ucrania

La de Irán no es la única guerra que divide a Europa. La invasión rusa de Ucrania sigue siendo ese gran reto por el que los Veintisiete han revolucionado sus prioridades, como su política de seguridad y defensa y la energética, pero ante el que actúan a trancas y barrancas. Ahora vienen mal dadas porque Hungría se niega a aceptar el crédito de 90.000 millones de euros para Kiev para el periodo 2026-2027, un dinero esencial para garantizar su defensa. 

El Gobierno ultraderechista de Viktor Orban, el más prorruso de los mandatarios europeos de largo, accedió a la entrega de ese dinero en diciembre pasado y se ratificó en febrero pero ahora, a un mes corto de unas elecciones en las que Orban podría pasarlo mal, se aferra a sus exigencias domésticas para hacer caja en las urnas. Ha dicho que no cambiará su postura hasta que Kiev restablezca el tránsito de petróleo ruso hacia Hungría, porque sigue siendo uno de sus puntales en la materia. 

El martes, in extremis, Consejo y Comisión informaron de que Ucrania ha aceptado la oferta de apoyo técnico y financiación por parte de la Unión para restablecer el flujo de petróleo tanto a Hungría como Eslovaquia (otro país gobernado por un afín a Moscú  como Robert Fico). "Tras los nuevos ataques rusos del 27 de enero contra el oleoducto Druzhba, que provocaron la interrupción del suministro de crudo a Hungría y Eslovaquia, nosotros y nuestros equipos hemos mantenido intensas conversaciones con los Estados miembros y Ucrania a todos los niveles para reparar y restablecer el flujo de petróleo a estos países", dijeron Costa y Leyen en una declaración conjunta. 

El oleoducto de Druzhba, por el que Hungría recibe petróleo desde Rusia, dejó de funcionar tras el ataque ruso de finales de enero, y Budapest exige a Kiev que vuelva a ponerlo en funcionamiento para reanudar los suministros.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, a punto de darse la mano antes de una rueda de prensa en Kiev, el 2 de julio de 2024.Vitalii Nosach / Global Images Ukraine via Getty Images

La idea no es nueva. La clave ahora es que los de Volodimir Zelenski lo han aceptado, tras mucho tiempo de reticencias. La idea es que la UE envíe a la zona a especialistas para ver los daños en el trazado, reactivar la reparación y mostrarle así a Budapest y Bratislava su buena voluntad. "Nuestra prioridad es garantizar la seguridad energética de todos los ciudadanos europeos", insiste el comunicado. 

Aparte de esa nota, se ha enviado a cuatro manos una carta a Zelenski en la que le hacen un guiño, reconociendo que son "plenamente conscientes" de que Rusia y "sus incesantes ataques contra la infraestructura crítica de Ucrania (...) podrían causar más daños al oleoducto". Sin embargo, subrayan que "en el contexto actual de alta volatilidad de los mercados energéticos, la reanudación del tránsito del petróleo a través del territorio ucraniano cobra mayor importancia para preservar la estabilidad del mercado". De cal y de arena. 

Este anuncio no quiere decir que ya haya acuerdo para desbloquear el dinero, esencial porque Kiev dice que no tiene mucho más que para aguantar hasta finales de este mes. Aún se está presionando a Orban para que acepte lo propuesto y será en el Consejo mismo en el que se sepa la respuesta final del derechista. Hay previsiones de todo tipo en Bruselas a estas horas, como expone POLITICO: unos creen que habrá marcha atrás en el veto (la votación sobre el fondo requiere la unanimidad de los 27 socios) y otros, que el pulso se puede mantener hasta que pasen los comicios húngaros. Ya hay un precedente: Orban impidió que se aprobase el 20º paquete de sanciones a Rusia en febrero, coincidiendo con el cuarto aniversario de su "operación militar especial" sobra Ucrania. 

"Reafirmaremos nuestro firme apoyo a Ucrania en su defensa contra la agresión rusa y en su lucha por una paz justa y duradera. Seguir aumentando la presión sobre Rusia hasta que participe en negociaciones significativas para la paz sigue siendo fundamental", promete Costa en su carta a los asistentes a la cumbre.

"Aumentar la presión sobre Rusia hasta que participe en negociaciones significativas para la paz sigue siendo fundamental", incide, más aún cuando EEUU acaba de levantar temporalmente las sanciones al petróleo de la Federación, un gesto que pondrá en el mercado más crudo y, defiende Trump, abaratará los precios. Un gesto, replica la mayoría de líderes europeos, que vendrá a recuperar las tocadas arcas de Putin y le dará más combustible para seguir atacando a Ucrania, más aún ahora que se espera una campaña de primavera. 

Desde el inicio de la guerra rusa, la UE "se ha solidarizado firmemente con Ucrania y su pueblo", proporcionando 194.900 millones de euros en ayuda, incluidos 69.700 millones de euros en apoyo militar. Mil más comprometió España este mismo miércoles, en la visita de Zelenski a Madrid. 

Y lo demás... empezando por el gas

El presidente del Consejo invita a los Veintisiete a otros debates, complejos e importantes, pero que han perdido puntos frente a las urgencias. En lo económico -el protagonista desplazado-, los líderes debatirán sobre todo la necesidad de abaratar unas elevadas facturas energéticas que ponen a las industrias comunitarias en desventaja frente a sus rivales globales. Un extremo que ha cobrado aún más urgencia con el petróleo en torno a los 100 dólares el barril por el bloqueo de Ormuz.

La UE no teme por una escasez de combustibles fósiles, pues apenas importa hidrocarburos de la zona en guerra, pero preocupan los precios. En 2024, último año con datos consolidados, la Unión Europea destinó 375.900 millones de euros a importar productos energéticos, el equivalente al PIB de Rumanía. La factura previsiblemente aumentará en 2026 porque los Veintisiete han gastado ya 6.000 millones adicionales en gas y petróleo desde el estallido del conflicto en el golfo Pérsico.

Otro objetivo: ver cómo impulsar la competitividad, la resiliencia y la autonomía estratégica de Europa en el contexto global actual. Dice Costa que se espera que el Consejo establezca una agenda de "Una Europa, un mercado", con directrices estratégicas y plazos ambiciosos para las principales líneas de acción, que son: "profundizar e integrar el mercado único; simplificar aún más las normas y reducir la carga administrativa; garantizar energía asequible y lograr la transición energética; fomentar la renovación industrial, la innovación y la reducción de las dependencias en Europa y movilizar la inversión".

El plan, además, es intercambiar opiniones sobre el próximo marco financiero plurianual, el presupuesto a largo plazo de la UE, incluida su contribución a la competitividad de la UE y cómo adecuar las ambiciones de la UE a la financiación adecuada.

También debe haber espacio para hablar de defensa. "Ante el deterioro del entorno geopolítico", toca revisar los esfuerzos en curso para aumentar la preparación de la seguridad de la UE, "impulsando un progreso rápido en lo que respecta a la reducción de las dependencias estratégicas, la solución de las deficiencias críticas en materia de capacidades y el establecimiento de coaliciones de capacidades, así como el desarrollo y la adquisición conjuntos de sistemas de drones y antidrones".

Y la vista también estará puesta en la inmigración, en un año clave para la implementación de las nuevas políticas comunitarias de migración y asilo. Hay que revisar avances o estancamientos, "también a la luz del empeoramiento de la situación en Oriente Medio". Países como Armenia o Azerbaiyán ya están recibiendo a los primeros desplazados desde Irán. 

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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