Zelenski en España: en busca de ayuda de emergencia cuando las miradas se tornan a Oriente Medio
El presidente de Ucrania se verá con Sánchez, con el rey y con los presidentes del Congreso y el Senado en su cuarta visita a nuestro país desde el inicio de la invasión rusa. Las negociaciones están paradas, mientras ruega por 90.000 millones de la UE.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, vuelve a España este miércoles. En su cuarta visita a nuestro país desde que comenzó la invasión rusa, hace cuatro años ya, busca agradecer la ayuda recibida y, también, recordar a los olvidadizos que la muerte, la mutilación, el desplazamiento y la destrucción son su día a día.
Cuando las miradas del mundo se dirigen a Oriente Medio, en plena guerra por los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y su respuesta, cunde el temor a que la europea quede como una contienda secundaria. Las negociaciones de paz con Rusia están prácticamente congeladas, mientras aumenta el riesgo para Kiev de quedarse sin materiales defensivos (usados por sus aliados, caros, lentos de fabricar), mientras los de Vladimir Putin ganan más porque se les rebajan las sanciones y, encima, preparan una ofensiva con la llegada del buen tiempo.
En Madrid, Zelenski se entrevistará con el rey Felipe VI y con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez -con el que firmará una serie de acuerdos con los que España ratificará su apoyo a ese país ante la agresión de Rusia-, y mantendrá un encuentro en el Congreso con Francina Armengol, la presidenta de la Cámara Baja, y Pedro Rollán, su homólogo en el Senado.
Para el Gobierno español es prioritario garantizar la suficiencia energética de Ucrania, especialmente después de que los bombardeos rusos hayan reducido las capacidades eléctricas del país en un 70 %. Está prevista la firma de varios acuerdos de cooperación en diferentes ámbitos con el fin de mantener el respaldo a Ucrania en la defensa de su soberanía, informa EFE.
Además, según dijo este martes el consejero de comunicación de Zelenski, Dmitró Litvin, se espera que durante la visita se cierren varios acuerdos entre empresas de producción de armamento ucranianas y españolas.
El dinero que no llega
Muy presente estará en toda la jornada el debate ardiente que ahora mismo se tiene en Europa, a las puertas de un Consejo Europeo (el jueves y el viernes próximos) en el que se van a estudiar nuevas vías de presión sobre el Kremlkin y en el que, sobre todo, se debe aclarar si los Veintisiene acceden o no a financiar un crédito de 90.000 millones de euros para Ucrania, un dinero esencial para garantizar su defensa. Si no llega ese dinero, se prevé que Ucrania se quede sin fondos a finales de marzo.
La ayuda, en realidad, lleva comprometida desde diciembre y ha sido avalada en reuniones posteriores pero ahora está bloqueada por el veto de Hungría. Pese a que había dado el visto bueno, el Gobierno del ultraderechista Viktor Orban, el líder comunitario más cercano a Putin, dice ahora que no se cuente con su indispensable voto si no se garantiza antes el tránsito de crudo ruso a través de su territorio hacia Hungría.
Budapest depende fuertemente de la energía rusa y utiliza ese poder de veto como medida de presión ante posibles interrupciones del suministro por parte de Kiev. Y lo hace ahora, y no antes, porque el mes que viene hay elecciones y Orbán está en su posición más débil, tras 16 años al mando. Quiere movilizar a su base electoral frente a las encuestas desfavorables para su partido, Fidesz, a costa de Ucrania y de la unidad europea.
En el caso de España, Sánchez reiterará en la cumbre europea su apoyo a Ucrania todo el tiempo que sea necesario, como viene asegurando en todas sus intervenciones sobre la agresión rusa, y defenderá que pueda hacerse efectiva la ayuda comprometida por la UE. En el caso de nuestro país, Zelenski tiene el trabajo hecho, no necesita conversión.

El mandatario ucraniano está indignadísimo con Orban y ha cruzado líneas hasta ahora respetadas: hace un par de semanas, fue reprendido incluso por la Comisión Europea por unas palabras que se interpretaron como una amenaza al húngaro. Zelenski aludió a que facilitaría la dirección de "cierta persona" -léase Orban- a las tropas ucranianas para que pudieran hablar directamente "en su propio idioma". "La Comisión tiene muy claro que ese tipo de lenguaje es inaceptable. No debe haber amenazas contra los Estados miembros de la UE", declaró el 6 de marzo Olof Gill, portavoz adjunto de la CE. Muy inusual esta condena al aliado ucraniano.
Medios como POLITICO explican que hay contactos a contrarreloj en el seno de la UE para desbloquear la situación, que es lo que intenta también Zelenski con su visita a España y su ronda previa por otras capitales como París. Alemania es uno de los países que más está apretando a Hungría, a la que recuerdan que no es que no se le esté dejando expresar su opinión y su voto, sino que ya dio luz verde a la financiación y lo que hace ahora es no cumplir la palabra dada, generando una enorme frustración en Bruselas y angustia en Kiev.
El riesgo de la invisibilidad y del agotamiento
Dinero aparte, Zelenski pelea por que la "operación militar especial" contra su país no sea invisible a ojos de un mundo concentrado ahora en el estrecho de Ormuz y sus alrededores. En las últimas semanas, denuncia que se ha incrementado el ritmo de los ataques de Rusia, causando "una destrucción aún mayor" aporvechando la crisis de Irán. Habla de bombardeos masivos, con hasta 500 drones y misiles por oleada. Aunque buena parte de ellos son interceptados, los que no causan daños en infraestructuras esenciales, como las energéticas, y en edificios civiles, incluso residenciales. Todo vale, como lleva valiendo cuatro años.
El presidente ucraniano recuerda al mundo que lo de su gente es una "necesidad diaria" y no una "contienda puntual" como podía ser la de Oriente Medio -veremos, porque ya está empantanándose- y que su país sigue necesitado de defensas aéreas, sobre todo en las ciudades. Asume que se están acabando rápido los sistemas de interceptación y protección por el ritmo de la andanada invasora y le preocupa que, como EEUU está usando mucho de su material en la nueva guerra, haya "dificultades" para tener reemplazo.

En una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera, del 3 de marzo, Zelenski lo dejaba claro: si hay menos protección y más distracción por parte de sus aliados, hay más riesgo. Ponía como ejemplo las baterías Patriot, que se emplean en Ucrania y en las instalaciones de EEUU en Oriente Medio. "Pero espero que la crisis iraní siga siendo una operación limitada y no se convierta en una guerra prolongada. Sabemos de primera mano lo sangrienta que podría llegar a ser", avisó. No es sólo que EEUU los use para sí o no tenga para dar, sino que, si no los puede fabricar a tiempo, Europa no se los puede comprar para entregárselos a Kiev, como tienen pactado.
Apenas cuatro días antes de que Donald Trump ordenase atacar a Irán, los líderes de la UE acudían a Kiev a prometerle ayuda y todo el planeta recordaba sus cuatro años de calvario. Eso se esfumó en unas horas. Ahora, queda una negociación con Putin en el aire, porque el mandatario norteamericano y su equipo están a otra cosa (tampoco estaba siendo muy productiva, más allá de los intercambios de prisioneros) y al miedo a la falta de suministros, que no es un lamento vano, sino que ya se dejó notar en la Guerra de los 12 Días del pasado verano.
Trump dice que tiene "suministros ilimitados". Lo que no aclara es si son para él o también para sus socios. Y no ha tenido muchos elogios para Zelenski últimamente, tampoco. Hace dos semanas, en su red Truth Social, lo llamó "P.T. Barnum", como un estafador y embaucador de circo del siglo XIX, una frase hecha en EEUU. Lo había hecho ya en el pasado. Aún le pesa la idea de que su antecesor, Joe Biden, le dio demasiadas armas, fue generoso en exceso con Kiev. Ahora, claramente, no es su mayor preocupación. Al cansancio bélico de este conflicto se suman otros entretenimientos y urgencias.
Un poco bueno, un poco malo
No todo es malo para Ucrania ante el nuevo tablero mundial. Si Irán está yendo a la guerra con todo lo que tiene y puede, quiere decir que está quemando parte de ese potente arsenal de dones y misiles que nadie sabe calibrar a ciencia cierta, y eso implica que tendrá menos para cederle a su socio ruso. Desde el inicio de la invasión, el 24 de febrero de 2022, Teherán ha entregado incontables aviones no tripulados Shahed al Ejército ruso, que usa a diario. A priori, es complicado que los ayatolás puedan seguir generando UAV y, menos, dárselos a otro cuando tanto lo necesitan. Sus centros de producción están siendo la diana favorita de los ataques de EEUU e Israel.
Problema para Ucrania: que Rusia ha aprendido ya a hacerlos por sí mismos, como expone en diversos reportes el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) con sede en Washington. Tienen licencia para ello por parte de la República Islámica, con lo que podrían ir compensando un poco las pérdidas o la falta de reposición. Lo ha adaptado, incluso, a sus necesidades en las ciudades ucranianas.

Kiev también puede ver algo de luz con la necesidad que tienen ahora los países del golfo Pérsico y hasta EEUU de sus drones. A la fuerza, en estos cuatro años ha pasado de ser un consumidor necesitado de armamento a un contribuyente valioso para sus socios, puesto que ha avanzado tanto en la producción de estos aviones que ahora es referencia mundial. Hace más de un año, Washington rechazó firmar un contrato con ellos. Ahora sí lo quiere. Ahora puede ayudar a los aliados y, de paso, vengarse de forma indirecta de la asistencia iraní a Rusia.
Zelenski ya ha enviado a la zona a varios técnicos y mediadores para asistir a países como Emiratos Árabes, Arabia Saudí o Jordania (los quieren sobre todo para sus ciudades y centros esenciales como refinerías), además de a bases norteamericanas en la región, en hasta 10 estados. Necesitan drones, mucho más baratos y fáciles de fabricar que los misiles y los interceptadores y las cúpulas. Y exitosos: la inteligencia ucraniana calcula que tres cuartas partes de las bajas que causan hoy a Rusia (van 1,3 millones, el 62% de ellas son muertes) se producen por este tipo de armamento.
Cree que se puede ganar el favor de Trump con esta ayuda, más allá del dinero que puedan ganar con las ventas, sobre todo en un momento de las negociaciones en el que la Casa Blanca ve a Kiev como socio, no como aliado. O sea, cuando tiene las de perder, sobre todo en cuanto a soberanía y territorio. Atrás queda el 28 de febrero de 2025, cuando en el Despacho Oval Trump se mofaba de Zelenski diciéndole que no tenía "cartas a su favor". Qué ironía: ahora es él el que tiene que recurrir a Kiev por su nueva experiencia, inigualable. El impacto en la imagen de Ucrania es poderoso, pero con eso no se gana una guerra.
¿Y Rusia? ¿Puede también asistir militarmente a Irán, que siempre ha sido un buen socio? Por ahora, Putin se está limitando a hacer declaraciones condenatorias sobre la agresión norteamericano-israelí, pero no hace nada al respecto. Esto, para Kiev, evidencia que está en una posición de "debilidad", a juicio de su presidente. Tampoco se movió, recuerda, cuando cayó el régimen de Bachar el Assad en Siria. Además, si apoya a Teherán, se puede enemistar más con Trump y no le conviene, cuando el republicano, por ahora, lo respeta como un líder fuerte y está por la labor de aceptar buena parte de sus exigencias. En realidad, esta guerra alejará las presiones a las dos partes para que lleguen a un acuerdo, porque lo suyo no está arriba, en rojo, en la agenda de Washington.
De momento, la Federación ya se está beneficiando de la decisión de Trump, la pasada semana, de levantar temporalmente las sanciones a la compra de petróleo ruso, un permiso inicial de 30 días que busca una bajada en el precio del crudo, dadas las complicaciones para ponerlo en circulación a causa de la guerra. En su caso, sus rutas no tienen que ver tanto con Ormuz y por eso sirve de alternativa.

Si se mantiene esta ventana de oportunidad, el ISW augura que Putin tendrá más dinero para mantener a flote su economía menguante y más fondos para financiar la guerra. Según un análisis publicado por el semanario alemán Der Spiegel, si el precio del petróleo se mantiene alrededor de 100 dólares por barril, Moscú podría ingresar hasta 10.000 millones de dólares extra al mes gracias al aumento del precio del crudo. El Financial Times cree que ya ha ganado entre 1.300 y 1.900 millones de dólares sólo el impuestos.
La Unión Europea y España en particular han criticado esta flexibilidad con Rusia, un beneficio inesperado que el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, califica directamente de "error". "Las guerras se conectan", avisa. Y este "no era el momento".
La prensa norteamericana ha desvelado que la semana pasada Trump y Putin estuvieron hablando una hora, por lo que no se descarta que el ruso pueda presentarse como un mediador con Irán, dados sus lazos con el país. Eso también permitiría al Kremlin volver (parcialmente) por sus fueros, ser considerado un actor mundial necesario, otra vez la gran potencia que cada día parece menos que lo sea. Tampoco le viene bien una guerra larga, porque con las semanas puede generar una inestabilidad en el sur de su frontera, bien por movimientos de desplazados, bien por choques étnicos y religiosos, que le cause problemas.
Por ahora, Putin está siendo protegido por la Casa Blanca de acusaciones de posible cesión de información secreta a los ayatolás para que ataquen posiciones de EEUU, de la que han dado cuenta medios como The New York Times, citando a funcionarios de la Administración Trump. El enviado especial para casi todo, Steve Witkoff, lo ha negado públicamente. El presidente no lo sabe, pero responde como sólo él puede hacerlo. “No lo sé con certeza, pero también se podría decir que, en cierto modo, hemos ayudado a Ucrania. Es difícil decir: 'Nos atacan, pero nosotros ayudamos a Ucrania'", comentó al Financial Times. Biden, recordó, proporcionó a Ucrania 350.000 millones de dólares en ayuda y, basándose en eso, agregó: "Así que es difícil decir: 'Dios mío, ¿qué están haciendo?', cuando nosotros mismos hacíamos lo mismo".
Putin, a sus ojos, sobrevive.
