ECONOMÍA
13/06/2020 21:10 CEST | Actualizado 14/06/2020 23:18 CEST

La playa y la piscina en tiempos de coronavirus: así será el verano de 2020

Los expertos lo tienen claro: bañarse no implica riesgo de contagio, pero eso no significa que no sea necesaria la precaución. Darse un remojón este año será muy diferente.

JORGE GUERRERO via Getty Images
Una pareja coloca una sombrilla en la playa de La Arana, en Málaga.

No queda nada ya, el verano está a la vuelta de la esquina. El calor aprieta y muchos ciudadanos empiezan a soñar con el chiringuito, las cervecitas, el sol y la arena. Pero este no es un verano cualquiera, no habrá viajes exóticos, ni se irá a los mismos sitios llenos de gente, porque en la mente de todos está el dichoso coronavirus. Surgen dudas ante las cosas que parecían más sencillas como si este año se podrá ir a la playa o a la piscina con normalidad.

Existe una sensación de miedo por la posibilidad de contraer la enfermedad, que resulta imposible quitarse de la cabeza después de varios meses confinados en casa. La gran pregunta que surge a la hora de prepararse para un buen chapuzón es si una persona asintomática puede contagiar el virus a otra al bañarse en la misma piscina.

Por eso, científicos de todo el mundo se han puesto manos a la obra para encontrar una respuesta a esta pregunta tan crucial ahora que llega el verano. Un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha recopilado en un informe todo lo que se sabe sobre la transmisión del virus en las zonas de baño.

Misterio resuelto: el contagio en las playas y en las piscinas es “muy poco probable”, según este grupo de investigadores españoles. Hay más buenas noticias: el virus “no tiene ninguna opción” de sobrevivir en estos lugares, ha destacado Joan Grimalt, profesor del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), uno de los autores.

(Sigue leyendo el artículo después del informe)

Aunque se haya repetido hasta la saciedad, los investigadores del CSIC han querido recordar una vez más que la principal vía de transmisión del coronavirus es a través de las gotas que se producen al toser y al estornudar. La otra es el contacto personal, por ejemplo, al hablar.

Debido a ello, como sucede en todas las actividades que se hacen a lo largo del día, el gran riesgo que corre una persona en una piscina o en una playa no es el hecho de bañarse, sino las aglomeraciones de gente que pueden darse en estos lugares. “Estas actividades generalmente implican una pérdida de las medidas recomendadas de distanciamiento social”, recuerdan desde el CSIC.

Ante esta posibilidad, es muy importante que los ciudadanos sigan las recomendaciones y mantengan una distancia de unos dos metros con el resto de usuarios. Cuanto más lejos se esté, menos riesgo existe.

El uso de agentes desinfectantes debería ser suficiente para la inactivación del virusCSIC

Aunque suele ser muy molesto en los ojos, el cloro que se echa a las piscinas funciona esta vez como un aliado en esta guerra contra el virus, ya que facilita su muerte. “El uso de agentes desinfectantes debería ser suficiente para la inactivación del virus”, señalan.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que una piscina tenga por lo menos 0,5 miligramos de cloro por litro, aunque normalmente la cantidad suele ser mayor.

Algo similar ocurre con la sal que tiene el mar, también muy molesta en los ojos, pero que sirve para destruir el coronavirus. “El efecto de dilución y la presencia de sal son factores que contribuyen a una disminución de la carga viral y a su inactivación por analogía a lo que sucede con virus similares”, explican.

El gran misterio de las piscinas

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Un socorrista con mascarilla en la piscina del club Ocean Sevilla.

Aunque se pueden abrir desde la fase 2, la gran mayoría de las piscinas municipales y comunitarias que hay en España todavía permanecen cerradas a cal y canto ante el miedo al coronavirus.

Eso sí, a pesar de que está permitida su apertura, no pueden hacerlo a su aire. El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el pasado 16 de mayo una orden, que establecía las condiciones a cumplir si se pretendía abrir.

Estos son algunos de los requisitos más importantes:

- Aforo máximo de un 30% de la capacidad o inferior si no se puede mantener la distancia de seguridad.

- Necesidad de cita previa para ir a la piscina.

- Distancia de seguridad de 2 metros entre usuarios, que se aplica también a las tumbonas y sombrillas.

- Instalación de dosificadores de gel desinfectante en la entrada.

- Limpieza y desinfección de los espacios al menos tres veces al día.

- Prohibido colgar toallas en las barandillas.

- Desinfección del agua de la piscina con cloro.

- Prohibido usar las duchas de los vestuarios. 

Un sobrecoste para los vecinos

Estas condiciones generaron una enorme preocupación en las comunidades de vecinos. La desinfección varias veces al día o el control del aforo implican un sobrecoste, que no todo el mundo puede asumir. “Muchas de estas instalaciones se plantean no abrir esta temporada 2020 por motivos económicos, técnicos o de personal”, señalan desde la Asociación Madrileña de Empresarios de Mantenimiento de Piscinas.

Uno de los problemas es que la normativa del Ministerio de Sanidad no distingue entre piscinas municipales, propiedad del ayuntamiento, y comunitarias, compartidas entre los inquilinos de uno o varios edificios cercanos. Y los recursos que tienen unas y otras no tienen nada que ver.

El Consejo General de Colegios de Administraciones de Fincas (CGCAFE) ha recordado que muchas de las comunidades de vecinos no cuentan con personal responsable a cargo de la piscina que pueda dedicarse a controlar el aforo o a vigilar que se respete la distancia de seguridad. Hay unas 55.000 piscinas comunitarias en toda España. 

En aquellas que cuentan con un socorrista, este no puede dedicarse a contar las personas que entran y salen a la vez que vigila de que no se ahogue nadie. Además, la existencia de esta figura no es obligatoria en todas las comunidades autónomas.

Si se contrata a una persona adicional para que ejerza de controlador, el coste de abrir la instalación sube mucho. Y una crisis económica no es el mejor momento para hacer una derrama en el recibo de la comunidad.

“El mantenimiento de la piscina puede oscilar entre los 2.000 y 4.000 euros en función del tamaño. Si se contrata socorrista el coste puede ascender a unos 7.000 euros por temporada”, explica Salvador Díez Lloris, presidente del CGCAFE, que calcula que las medidas de seguridad adicionales podrían suponer un incremento máximo de otros 3.000 euros.

Incertidumbre tras el estado de alarma

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Dos niños juegan en la piscina de un camping. 

Estas restricciones a la apertura de las piscinas durante las fases 2 y 3 de la desescalada se dejarán de aplicar en el momento en el que no exista el estado de alarma, explican fuentes del Ministerio de Sanidad. Si se cumple el calendario previsto, terminará el próximo domingo 21 de junio.

A partir de ese momento, serán las comunidades autónomas las que tengan que establecer qué medidas tomar en la nueva normalidad. El departamento que dirige Salvador Illa ha elaborado una serie de recomendaciones para la apertura de la actividad en las piscinas tras la crisis del covid-19.

A diferencia de la norma anterior, este texto no es de obligado cumplimiento, sino que aporta una serie de consejos, más laxos que las condiciones anteriores. Uno de los ejemplos es el aforo, que deja de estar limitado al 30%, para mencionar únicamente la distancia de seguridad de dos metros.

Curiosamente, esta distancia de seguridad se ha reducido a 1,5 metros en la nueva normalidad, según recoge el real decreto aprobado esta semana por el Consejo de Ministros. Pero esta novedad todavía no se ha aplicado en cuestiones acuáticas. “Entendemos que se acordará aumentar el aforo como consecuencia de esta modificación”, señala Díez Lloris.

Otras recomendaciones incluidas son realizar avisos por megafonía, colocar bandas en el suelo para marcar distancias, doblar la superficie por persona en los espacios al libre libre y favorecer el pago con tarjeta. 

El uso de mascarilla no es obligatorio, ni está incluido en el documento de Sanidad, aunque hay ayuntamientos que sí lo piden en sus piscinas municipales, como el de Bilbao.

Estas son las recomendaciones de Sanidad (sigue leyendo después):

Ante la inminencia de la nueva normalidad, las comunidades autónomas están elaborando durante estos días las normas que deben seguir las piscinas durante este verano tan peculiar.

“En Andalucía se está trabajando sobre ese asunto, a la espera también de las recomendaciones que se hagan desde el Ministerio de Sanidad. En su momento, se presentarán las medidas que se van a adoptar”, reconocen desde la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía.

Al igual que el Ministerio, esta Consejería también ha elaborado una serie de recomendaciones para las piscinas. Entre ellas se encuentra la prohibición de que las personas contagiadas o con síntomas de coronavirus accedan a la piscina o el mantenimiento de una distancia de dos metros entre familias.

También la Comunidad de Madrid pretende abrir las piscinas públicas el próximo 1 de julio, según anunció el vicepresidente Ignacio Aguado (Cs) en la Asamblea de Madrid. Ese mismo día el Ayuntamiento de Madrid tiene previsto hacer lo propio con las piscinas municipales. 

El vicepresidente regional no ha concretado las medidas de seguridad que seguirán estas instalaciones, pero sí ha pedido precaución a los madrileños. “Seguid alerta porque el virus sigue estando ahí, no hay vacuna. El otoño está a la vuelta de la esquina, pueda haber rebrotes y no nos gustaría dar pasos atrás”, ha afirmado Aguado.

Cada playa es un mundo

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Varias personas toman el sol en la playa de La Misericordia, en Málaga.

Al igual que las piscinas, las playas pueden abrir desde la fase 2 de la desescalada. Pero, en este caso, solo se estableció una condición: mantener una distancia de seguridad de dos metros entre los bañistas.

Ahora bien, cada playa es un mundo porque la gestión depende de los ayuntamientos. Y cada uno de ellos puede tomar las decisiones que estime oportunas como el acceso a las mismas, los horarios de apertura, el aforo, la limitación del tiempo o el uso de las duchas. 

La situación resulta algo caótica porque las normas varían de municipio a municipio y, a veces, incluso entre dos playas de la misma localidad. La apertura de los chiringuitos, el espacio que pueden ocupar las tumbonas o los servicios de alquiler de barcos recreativos dependen de las decisiones que tomen los alcaldes, siguiendo los consejos de las autoridades autonómicas.

La región más afectada es Andalucía, que cuenta con 61 localidades con playa en los 1.100 kilómetros de litoral. La Junta ha realizado unas recomendaciones generales a estos consistorios entre las que se encuentran mantener los dos metros de distancia, establecer una zona de entrada y otra de salida siempre que sea posible, fijar un horario y cerrar los parques infantiles.

Muchos de los municipios andaluces han empezado a incorporar personal para garantizar la seguridad y a buscar soluciones basadas en la tecnología. Uno de los ejemplos más curiosos es el Ayuntamiento de Fuengirola, en Málaga, que utilizará la inteligencia artificial para controlar el aforo a las playas, una información que los vecinos podrán comprobar desde sus teléfonos móviles.

No todos son tan innovadores. Otros con mayores dificultades económicas, como el de Barbate, en Cádiz, han renunciado a controlar el aforo en sus 25 kilómetros de litoral, ante la imposibilidad de que la policía local realice esa labor, aunque sí pretende establecer un horario de apertura y cierre.

Otras de las regiones con mucho litoral, como es la Comunidad Valenciana, está preparando una aplicación para el móvil en la que se pueda conocer la ocupación de las playas, aunque piden al Gobierno un protocolo común que se aplique en todas las playas en España.

Al igual que otras administraciones, la Generalitat valenciana ha lanzado una convocatoria de 1.000 plazas para informadores de playa, que se distribuirán por los 80 municipios costeros. Estos se ocuparán de velar por el cumplimiento de las medidas de distancia social, colaborar en el control de acceso y aforo de playas, asegurar el correcto uso por parte de los usuarios e informar a diario del estado de la playa.

No todas las comunidades avanzan a la misma velocidad, hay regiones como Cataluña, que todavía no han anunciado los planes previstos para sus costas. Aunque algunos municipios catalanes ya se ha adelantado a tomar medidas ante la gran afluencia de bañistas. El Ayuntamiento de Barcelona ha instalado 15 puntos de acceso para regular la entrada a las playas de Sant Sebastià, Sant Miquel, Somorrostro y Barceloneta y ha impuesto un aforo máximo de 38.000 personas en el litoral.

Todavía quedan muchas dudas por resolver, pero si algo está claro es que este verano no será igual a ninguno que se haya vivido antes. 

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