ECONOMÍA
27/06/2020 08:49 CEST

El ingreso mínimo, en primera persona: "O como o pago el alquiler"

La Seguridad Social ha reconocido la ayuda a más 74.000 familias que cobraban antes la prestación por hijos a cargo y que han recibido su primer ingreso este viernes.

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Una mujer recibe alimentos de una asociación de vecinos del barrio de Aluche.

“O como o pago el alquiler”. A este dilema se enfrentan millones de ciudadanos cada mes en España. La pandemia del coronavirus ha provocado una de las mayores crisis económicas de la historia en un país que ya sufría un grave problema de desigualad. Ante la emergencia social, el Gobierno aprobó el ingreso mínimo vital (IMV), una prestación económica destinada a los colectivos más vulnerables, que este viernes han recibido los primeros hogares.

Esta ayuda —que garantiza una renta entre los 462 y los 1.015 euros— pretende llegar a 850.000 hogares en los que viven 2,3 millones de personas. Los ciudadanos pueden pedirla desde el pasado 15 de junio. Pero hay algunas familias que la han cobrado directamente sin tener que hacer nada. El Instituto Nacional de la Seguridad Social la ha reconocido de oficio a más de 74.000 familias que hasta ahora recibían la prestación por hijo a cargo —conocida popularmente como la ayuda de los puntos—.

Entre las personas que han recibido este viernes el ingreso mínimo vital se encuentran Jenifer, Yurena y Sara. En su cuenta corriente ya se ha registrado este movimiento por primeravez.

Jenifer: “Una boca más que alimentar me va a suponer mucho”

Jenifer vive en la provincia de Ciudad Real junto a su hijo de 8 años y en breve espera otro. Esta semana recibió la ansiada carta de la Seguridad Social que le informaba de que se le había concedido el ingreso mínimo vital al cumplir los requisitos, en sustitución de la prestación por hijo a cargo.

Lo que podría ser una buena noticia se convirtió en una alegría a medias. La ayuda concedida se limita a 125,09 euros al mes, a pesar de que ella no tiene actualmente otros ingresos. Este viernes ha cobrado 96,68 euros, ya que el primer pago es inferior al descontar una parte correspondiente a la ayuda anterior.

Esta cantidad sorprende si se consulta la tabla de la renta garantizada prevista en el ingreso mínimo vital para un hogar conformado por un adulto y un menor: 701,48 euros. Muy lejos del dinero que recibido por Jenifer esta semana. 

Esto se debe a que el importe del ingreso mínimo vital se calcula teniendo en cuenta los ingresos que tuvo el hogar durante el año 2019. La cantidad concedida se debería corresponder con la diferencia entre esos ingresos y la renta garantizada. Antes de la irrupción de la pandemia, Jenifer trabajaba como administrativa en un negocio en su localidad, que cerró las puertas por la cuarentena. “Tenía un contrato a media jornada, cobraba 400 euros al mes”, señala.

Sin embargo, sus ingresos en 2020 no tienen nada que ver con los del año anterior. El coronavirus afectó a muchos hogares españoles a partir de marzo y Jenifer fue una de las damnificadas. “Cuando empezó el tema del covid me pararon″, cuenta.

Ella confía en que la Seguridad Social revise su prestación a lo largo del año para mejorarla, algo que da a entender la carta recibida. “Estas cuantías se actualizarán con los datos tributarios definitivos del ejercicio 2019 en el momento en el que consten como tales en la Agencia Estatal de la Administración Tributaria”, señala la misiva.

Además, la situación de Jenifer cambiará dentro de unos meses, porque está embarazada. “Esperemos que lo revisen antes. Por que yo con una boca más que alimentar dentro de poco me va a suponer mucho”, asegura. La renta garantizada para un adulto con dos niños asciende a 839,93 euros.

Gracias a la familia hemos salido adelante muchos meses, porque nos han ayudado a pagar muchas cosasJenifer

El confinamiento decretado a raíz de la pandemia se le ha hecho duro con el niño. “Con las clases online mandando ejercicios cada día. Explicarle cosas nuevas sin saber cómo. Todo un caos”, confiesa.

Aunque la red familiar ha supuesto un apoyo fundamental para Jenifer, tanto en estos momentos como antes. “Aquí solo hay clases por la mañana, había días que nos teníamos que apañar para que los abuelos o los tíos le recogieran del cole. Gracias a ellos hemos salido adelante muchos meses, porque nos han ayudado a pagar muchas cosas”, cuenta.

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Una cola de ciudadanos esperando para recoger comida en Aluche.

Yurena: “Vivimos de alquiler, ahora mismo no podemos pagar”

Al igual que Jenifer, Yurena, de 42 años, también ha recibido la carta que la confirma como beneficiaria del ingreso mínimo vital. Ella vive con su pareja y su hija de 11 años. “Los dos estamos parados y no cobramos ningún tipo de prestación”, cuenta. 

La Seguridad Social indica en esa comunicación que cobrará, a partir del mes de julio, 544,78 euros. Tal y como ocurría en el caso anterior, este viernes ha recibido un cantidad inferior: 495,78 euros.

Tras leer la carta, Yurena se muestra decepcionada porque esperaba que la cuantía fuera mayor. “Ahora nos pagan esta ayuda, el ingreso mínimo vital, que son unos 544 euros. El Gobierno no estaba diciendo realmente el dinero que nos iban a dar a las familias. Dos adultos y un menor eran casi 800 euros. Por lo que veo no era verdad”, asegura. 

Hasta ahora, ella recibía la prestación por hijo a cargo. Esta ayuda se cobra cada seis meses hasta que el menor cumple los 18 años.  “En enero me pagaron 290 euros”, recuerda. 

Una vez abran las oficinas de la Seguridad Social, Yurena tiene previsto acercarse a preguntar por su prestación. “Pero bueno, prefiero cobrar 500 euros que nada”, se resigna.

Yurena y su familia viven en un piso de alquiler en la isla de Tenerife, aunque confiesa que actualmente no puede hacer frente a la renta mensual. “Somos una familia de alto riesgo. Vivimos de alquiler, que ahora mismo no podemos pagar”, confiesa.

No podía decir que no porque tengo que alimentar a mis hijos"Yurena

Ella trabajaba de camarera hasta hace 3 o 4 años, aunque muchas veces ha tenido que aceptar cobrar en negro. “Tengo cotizados 2 años y 9 meses, creo. Me han salido trabajitos, me decían ‘mañana te hago el contrato’ y así. Ya tendría cotizados unos 9 años, pero como no podía decir que no porque tengo que alimentar a mis hijos”, afirma.

Su pareja, de 56 años, trabajaba en la construcción como oficial de primera. “No ha salido ningún trabajo y nos vemos apurados para muchas cosas”, asegura.

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Un grupo de voluntarios organiza la comida del banco de alimentos de la asociación de vecinos durante la crisis del coronavirus.

Sara: “Llevo años viviendo de oenegés y servicios sociales”

A diferencia de Jenifer y Yurena, Sara, de 26 años, todavía no ha recibido la carta, ni tampoco el mensaje al móvil que suele llegar antes. En su caso, se puso en contacto con la Seguridad Social en donde le indicaron que no tenía que hacer la solicitud del ingreso mínimo vital porque se le concedería de oficio.

“He llamado muchas veces al teléfono habilitado, solo me lo cogieron dos. Me han dicho que no haga la solicitud porque todos los que cobremos la prestación por hijo a cargo recibiremos la transferencia el 26 de junio”, asegura. 

A pesar de lo que le dijeron en la llamada, ella todavía se mostraba algo escéptica de que la ayuda llegara a tiempo. “Es una lotería. ¿Iré al banco y lo tendré en mi cuenta?”, se pregunta. 

Llevo años viviendo de oenegés y servicios sociales. Solo quiero que mis niños sean felices y no les falte de nadaSara

Sara vive actualmente en un piso de alquiler en Madrid junto a sus dos hijos, de seis y dos años, respectivamente. “Tengo un buen casero que se ajusta a mis situaciones y le pago cuando puedo”, afirma. 

Hace tiempo que no trabaja. “Encontrar trabajo solo con la ESO no es fácil y menos si tienes niños. Si lo encuentras, no compagina con los horarios escolares”, asegura. 

La vida no ha sido fácil para Sara, a pesar de su juventud. “Me quedé huérfana de madre a los 12 años y denuncié a mi padre por malos tratos. Luego estuve años en un centro de menores”, cuenta. Hasta hace un año cobraba la pensión por orfandad, que se extingue al cumplir 25 años. “Mi madre era empleada de hogar, solo me quedaron 200 euros”, asegura.

Ante las dificultades económicas que ha vivido durante este tiempo, a Sara no le importa reconocer que ha recurrido a la ayuda de vecinos y asociaciones. “Llevo años viviendo de oenegés y servicios sociales. Solo quiero que mis niños sean felices y no les falte de nada”, cuenta. 

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